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viernes, 31 de diciembre de 2021

Cosas bonitas del 2021

Este año no ha sido bueno para la mayoría de la gente. Demasiada incertidumbre, intentando aprender a vivir de otra manera, con tantas pérdidas humanas, con nuevas costumbres, nuevas formas de vivir...

Aun así, creo que siempre se puede sacar algo bueno de todo, por lo que me gustaría recordar cosas que sí fueron buenas de este año que termina hoy.

En primer lugar, mi familia, todos están y todos siguen. Mi madre pasó el Covid,  pero afortunadamente con una vacuna ya puesta, y con síntomas pero leves. 

Mis hijos, que son mi todo. El mayor ha tenido años mejores, pero seguimos adelante, y el pequeño por fin está encontrando su manera de encajar en el mundo. Muy agradecida de los dos hijos que tengo. 

Mis amigas, tanto las del trabajo, en el que me rodeo de gente genial, que está ahí cada minuto, y con la que se puede contar siempre, como mis amigas, con las que a veces tardo en quedar o en vernos, a pesar de ser casi vecinas. Pero nuestros vermús y nuestras cañas arreglando el mundo son lo mejor. También mis kiwis, que siempre siempre están ahí, y en este año pudimos vernos al menos un par de veces. 

Mi pareja, esa persona que, contra todo pronóstico, sigue ahí dos años y medio después, al que conocí en el peor momento de mi vida y de la suya y que ambos hemos salido a flote juntos, luchando mil batallas. Y seguiremos. 

Mi Jenny, que llegó a finales del año pasado a nuestras vidas y ha supuesto una revolución. Nuestra casa ya no es la misma (a peor, claro) y nuestras vidas han cambiado radicalmente. Ahora tenemos un miembro más en la familia, alguien que depende de nosotros, pero que te da cariño a raudales cada minuto del tiempo que pasas a su lado. Me encanta tenerla. 

También ha habido más cosas buenas, o bonitas. En mi trabajo, cada día es una montaña rusa, en la que tienes a veces que trabajar duro y contrarreloj para entregar papeles y proyectos a tiempo y otras que secar lágrimas, animar, enfadarte, echar broncas, hablar con padres, hablar con abuelos... Creo que en los últimos meses me paso el día al teléfono con madres. Lo mejor, cuando te agradecen el esfuerzo. Y son muchas ocasiones. 

En el deporte y dieta, las cosas para mí también han ido bien. El año pasado empecé con un entrenador, ya llevó más de un año, año en que me ha cambiado el cuerpo, he aprendido mucho sobre cuidar mi cuerpo y también con un nutricionista. De forma que termino el año mejor que nunca, más delgada, más ágil, más vital. Y lo mejor: incorporar todo lo que estoy aprendiendo a mi estilo de vida, y no dejarlo ahí. 

Más cosas: la lana. Mi afición a tejer ha ido en aumento, y ya he regalado algunas cosas sencillas hechas por mí. Me apetece mucho continuar. Tanto que en estos días de vacaciones tengo cuatro labores empezadas, y quiero seguir mejorando, haciendo cosas que me gusten y regalando cosas hechas a mano. Tejer me relaja, y a veces noto que lo necesito. Me encantaría dedicar tiempo a alguna otra afición, pero de momento creo que tejer es algo que me llena y me va muy bien para la mente.

Seguro que hay cientos de cosas más que podrían contar como cosas bonitas del 2021. Pero esta muestra es suficiente.


miércoles, 22 de enero de 2020

Mi chico en la universidad

A principio de curso, en septiembre, os comentaba que mi hijo mayor acababa de empezar las clases en la universidad y que estaba entre ilusionado y asustado.



Se había marchado a vivir a otra ciudad, aunque la verdad es que con la inmensa suerte de todos los implicados, tengo que decirlo, de que vive con su abuela, y está en casa, come estupendamente, tiene calor y una vida ordenada. Pero el cambio, tantos cambios juntos, era importante en su vida.

Os contaba entonces que estaba ilusionado con sus profesores, con el hecho de ir a la universidad, pero un poco asustado por conocer a gente, por adaptarse, por estar bien en Valladolid. Y tan solo unos días después ya estaba plenamente adaptado.



El ritmo del cuatrimestre ha sido de infarto. Con clases toda la mañana desde muy pronto, al menos una tarde a la semana también de clases y la escuela de idiomas dos horas todas las tardes. Ha estudiado mucho, ha estado muy motivado y ya puedo decir que todos sus esfuerzos han obtenido resultados.

Pero es que además ha salido bastante, tiene una pandilla en la ciudad, se lleva muy bien con sus compañeros (incluso hicieron un amigo invisible estas fiestas) y está muy contento en su ciudad de acogida.

No se puede pedir más, ¿verdad?



Bueno, siempre hay un pero, aunque es inevitable y no sirve de nada lo que haga o diga: se pone muy nervioso con los exámenes y los estudios. Estudia mucho, se exige mucho, no descansa lo suficiente, y luego se estresa, se pone nervioso, le cuesta concentrarse, le duele la cabeza... Pero conozco a una persona, pariente directo de él, a la que le sucedía lo mismo, ya en el instituto y más aún en la universidad. Y por eso sé que es bastante inútil todo lo que los de alrededor hagamos o digamos. Tiene que aprender él solo a llevar estas cosas, a regularse, a no exigirse más de lo que puede...



Ahora mismo,  y aprovechando el parón de enero, está haciendo las prácticas del carnet y pretende sacárselo cuanto antes. Ya os contaré.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Mi chico empieza las clases

Ayer fue el primer día de universidad para mi hijo mayor. Y el domingo, cuando se marchaba, estaba muy nervioso, más incluso que su madre.




Ayer cuando salió de clase me estuvo mandando audios. Estaba ilusionado con casi todos sus profesores, y las clases, y con todo. El único problema que veía era que aún no había hablado con ninguno de sus compañeros. Ya le dije que eso se solucionaría en breve y que nunca le había costado llevarse bien con gente de todo tipo, que ha estado fuera de España dos veranos y no ha tenido problemas y no va a tenerlos ahora. Pero no estaba muy convencido.




Estoy segura de que le va a ir bien. De eso no tengo ninguna duda. Solo espero que la universidad no le decepcione, que sea lo que él esperaba, o mejor, que no vuelva pensando que le han estafado y que eso no es lo que esperaba.

También espero que se tranquilice en los próximos días. Ha estado muy nervioso todo el verano. Supongo que los cambios que ha habido en casa a cada uno nos afectan de una forma y a él le han producido una inestabilidad que le ha tenido bastante nervioso.


miércoles, 4 de septiembre de 2019

Preparando el nuevo curso

Una de las primeras cosas que hago para empezar septiembre es comprarme una nueva agenda.

Los últimos años, con el método bullet journal, no he comprado agenda en sí, sino un cuaderno bonito y con el interior punteado. El curso pasado fue uno de Charuca y me encantó, por el tamaño, por la calidad del papel y de las pastas, porque estaba como nuevo a final del curso. Así que tenía poco que pensar, tan solo elegir tamaño y color.

El del año pasado fue este.



El de este año es este.



Poco cambio, sí, pero es que me ha salido tan bueno el año pasado, que quería repetir.

Durante esta semana estamos cerrando el curso, con exámenes y evaluaciones, y la próxima la dedicaremos a preparar ya el curso que vamos a empezar, por lo que estamos trabajando, pero aún sin niños y sin agobios, que ya vendrán más adelante.

En cuanto a mi casa y los míos, en unos días me llevo a mi hijo mayor a su nuevo destino, y sé que voy a pasarlo mal al principio y voy a echarle de menos infinito.

El pequeño está pidiendo volver a las rutinas a voz en grito, lo que pasa es que él aún no lo sabe. Está muy tonto del verano y no sé cómo voy a hacer para reconducirle. La separación también le ha afectado en ese aspecto, supongo, o el inicio de la adolescencia, o todo junto.

viernes, 24 de mayo de 2019

De graduación

Durante un tiempo, asistí a graduaciones de bachillerato de mis alumnos, en varios centros distintos. Incluso llegué a organizar alguna y ayudé otras veces a hacerlo.



Antes me parecían un rollo, y después creo que es algo que hace mucha ilusión a las familias y a los chicos, así que me parece bien todo lo que sea celebrar, aunque mi hijo mayor se ha graduado con esta ya innumerables veces: guardería, infantil, primaria, ESO y bachillerato. Y me parece un poco excesivo todo.

Peeeeeero....este año tengo una graduación muy especial: la de mi hijo mayor. Hoy celebran una ceremonia en su instituto, y vamos a ir, pero os cuento cómo, porque se nos han juntado varias cosas.



Mi chico se matriculó para hacer los exámenes de acceso a la EOI, en francés e inglés. El año pasado hizo inglés, pero consideraba que el nivel en el que había accedido era muy bajo y no aprendió gran cosa. Este año, al cursar segundo de bachillerato y sabiendo que iba a estar ocupado, solo se matriculó de alemán, segundo año. Pero quiere obtener el título de inglés cuanto antes, y entrar en un curso todo lo avanzado que pueda de francés. Así que hicimos la matrícula. Y los exámenes son hoy, a las cuatro y a las seis.

La graduación empieza a las seis.

Así que la logística será la siguiente: Acudiré yo al acto, y mientras el padre esperará a la puerta de la Escuela de Idiomas con el traje en una percha que el chaval tendrá que ponerse en el coche camino del instituto. Esperemos que llegue al momento de entrega de diplomas, pero si no es así, tampoco importa demasiado. Al fin y al cabo, creo que lo mejor de ese día es la cena con sus compañeros, y el local que han alquilado para la fiesta de después. Así que no vamos a llevarnos mal rato. Él no se lo está llevando.



Pero me da un poco de pena, porque son momentos de los que luego te acuerdas: los preparativos, la espera, las sonrisas cómplices con tus compañeros, los profesores vestidos de fiesta, los discursos, las actuaciones... todo eso queda en la memoria y él se lo va a perder en su mayoría. Pero ha dicho que lo primero es lo primero, y eso le honra.



Deseadnos suerte para el día intenso que nos espera.


martes, 26 de febrero de 2019

Otra pequeña operación

Hoy nos vamos a Madrid porque operan a mi peque. Sí, no digáis nada, que el tío es un "pupas". Bastante tiene él, el pobre, con que todo le pase a él. Es bastante desesperante a veces, aunque le digo que es afortunado porque siempre son cosillas pequeñas, nada grave. Pero es cierto que no ha nacido con estrella, mi niño. A veces pienso que todas estas cosas le harán más fuerte, que lo necesita. Pero no es justo que todo le acontezca.



Se trata de una pequeña operación y que realizarán con un poco de sedación, así que he estado bastante tranquila en las últimas semanas, hasta ayer, que ya estuve bastante nerviosa, y hoy, que estoy atacada de los nervios. Suponemos que esta tarde le darán el alta, tal y como nos dijo el cirujano, y pasaremos la noche en Madrid, para volver mañana por la mañana. Si todo va bien.

Espero vuestros buenos deseos para mi chiquitín, que nunca vienen mal.

martes, 23 de octubre de 2018

La educación física

Hemos tenido, al arrancar el curso, algunos problemas con la Educación Física de mi peque.

Pensaba escribirlo en clave de humor y hablar por aquí de "la gimnasia" y tomármelo un poco a cachondeo. Pero no puedo, porque siempre he sido de la opinión de no menospreciar ninguna materia, de que todas son importantes para el desarrollo de los alumnos, y la Educación Física es evidente que lo es.



Pero también quiero deciros que odiaba la materia cuando iba al colegio, más aún en el instituto y que agradecí el momento en que desapareció de mi vida. Mi hijo mayor, sin odiarla, el curso pasado estuvo todo el año pensando en que, por fin, sería el último. Y el pequeño, que es al que vamos, la odia como lo hacía su madre, o más.

Supongo que tiene mucho que ver con que no se nos da nada bien, y somos bastante patosos, pero también con un acercamiento a la materia por parte de algunos profesores completamente equivocado. Intentar que todos los alumnos lleguen hasta cierta marca, que tal vez a ellos les parezca poco, pero que para algunos es mucho.



El curso pasado, en la primera evaluación, mi peque suspendió Educación Física. No alcanzó las marcas que tenía que hacer en varias de las pruebas y suspendió. Luego el resto del año fue aprobando a duras penas.

Este año empezó el curso a una semana de su accidente en la boca, y llevó un justificante del pediatra diciendo que, de momento, no podía hacer Educación Física. Tengo que reconocer que el justificante, escrito a mano, se entendía más bien poco, pero el mismo día que lo llevo el profesor le mandó correr con los demás.



Mi marido se cabreó y fue al día siguiente al instituto, a comentar el tema, porque la dentista nos ha insistido en que no podía recibir ningún golpe, codazo o similar, y mucho menos caerse en ese momento.

El profesor no le volvió a mandar hacer nada, le pidió que hiciera un trabajo, pero la dentista también se cabreo y le hizo un informe completo del accidente con fotos incluidas (no puedo verlas ni yo que estaba allí, y soy su madre, porque impresionan demasiado) para que se lo lleváramos al profesor, insistiendo en que en este trimestre no puede hacer ninguna actividad física.

A partir de entonces parece que no le ha vuelto a soltar indirectas ni a mirar mal. Ahora, espero que no le suspenda, porque si es así, entonces sí me van a ver por el instituto.

sábado, 25 de agosto de 2018

Dos campamentos

No os he hablado aún de las experiencias de mis hijos por esos campamentos del mundo. Y creo que es buen momento para hacerlo.

El peque fue al mismo campamento del año pasado. No sé si se puede llamar campamento, porque no es en el campo ni es nada de lo que imaginamos al pensar en esa palabra. Fueron ocho días en un colegio, conviviendo con personas de muy diversas edades, desde niños muy pequeños, de seis años, hasta adultos, todos ellos con algo en común: la música.



Por eso las actividades del campamento no eran la escalada o el tiro con arco, sino la edición de partituras, la higiene postural del músico, el yoga, el canto, la música de cámara, la orquesta... con sus ratos más lúdicos dedicados a la piscina y al cine, por ejemplo.



Os pongo el vídeo que hicieron el curso pasado, donde sale por ahí mi peque en varias ocasiones, para que veáis más o menos en qué consiste.

Este año lo ha disfrutado tanto como el pasado, pero con la ventaja de que algunos de sus compañeros repetían, como él,  y se han reencontrado.

Conversación a su vuelta.

- ¿Qué has aprendido en el campamento?

- Una cosa importante: que las marcas blancas a veces son igual de buenas que las otras pero mucho más baratas, salvo la Coca-cola, que de marca blanca no hay quien la beba.

Mi peque y su mundo.

El mayor, por otro lado, ha estado en un campamento de verdad, con todo lo que eso conlleva, en EE.UU., en Nueva York. Si pensáis en cualquier película norteamericana que esté ambientada en un campamento, podéis imaginar perfectamente dónde ha estado. La realidad a veces es igual o incluso supera a la ficción. Un lago, cabañas de madera, una enorme cabaña como comedor, juegos en grupo de todo tipo, canoas y kayacs,...



Para él ha sido toda una experiencia. Iban juntos cuatro chicos españoles, y son los únicos de nuestra nacionalidad que han visto en un mes. Había, como ellos, un par de neozelandeses, y se acabó. Todos los demás eran estadounidenses.



Su mes allí ha estado dividido en dos etapas de dos semanas cada una, es decir, dos campamentos distintos con distintos niños. Y su papel ha sido el de CIT ("counselor in training", monitor en prácticas). Lo cierto es que ha sido algo que creo que recordará siempre, por esa forma que tienen de trabajar que en nada se parece a nuestras costumbres. Los monitores tenían media hora de descanso al día, y una tarde a la semana en la que tampoco podían ir muy lejos porque estaban en una parque natural. El wifi que había era casi inexistente y no se podían comunicar con familia ni amigos, entre otras cosas porque el móvil estaba prohibido en todo el campamento. A él eso le ha importado poco, pero a nosotros desde aquí sí nos ha supuesto preocupaciones no saber cómo estaba, si le estaba yendo bien o mal.

La primera semana, según cuenta, fue más complicada la adaptación, sobre todo porque tenían que ir acompañados a todas partes. Según las normas del campamento, y suponemos que para prevenir abusos y denuncias, los niños y también los mayores solo podían moverse en grupo o acompañados de no uno sino dos monitores. Así que ese niño que se despertaba en plena noche para ir al baño, cabaña situada a más de trescientos metros cuesta arriba, suponía que dos monitores de los cuatro de la cabaña también tenían que levantarse, calzarse y recorrer el camino con él.



Han hecho todo lo que se supone que se hace en un campamento: largas marchas, dormir al raso acribillados por los mosquitos, juegos, disfraces, fuego de campamento (con marshmallows y s'mores, como en las películas)... y han comido como si no hubiera un mañana: las mejores hamburguesas que mi hijo ha probado, lo mismo con las salchichas, tortitas a diario, tarta a diario, nada de fruta (alguna manzana) y nada de verdura (de vez en cuando un platito con brócoli testimonial al centro de las mesas que nadie tocaba).



Antes de regresar, el director del campamento reunió a dos de los españoles (los dos de León) y les ofreció ir el año que viene como monitores ya cobrando en vez de pagando. Les insistió mucho en que hicieran la solicitud, que quería contar con ellos, que había estado muy contento con ellos. Pero los dos lo rechazaron, y dicen que no van ni locos a pasar ocho semanas metidos allí sin salir más que un fin de semana cada dos, sin descansar, trabajando mucho y por un sueldo miserable. Pero está muy bien que te quieran en los sitios don de has estado.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Un cumpleaños

Hoy mi hijo mayor cumple 17 años. Y es la primera vez que los cumple lejos de nosotros, a miles de kilómetros, y además en un parque natural sin cobertura ni wifi y sin posibilidad de que le felicitemos ni hablemos con él.



Ayer nos mandaron un mensaje (una compañera mayor de edad a la que le dejan usar el móvil) diciendo que pasará tres días junto con otros compañeros de caminata y aventura por el bosque, durmiendo al aire libre. Supongo que será una gran experiencia para él, así que me quedo con eso, con que estará disfrutando de algo único el día de su cumpleaños.

Estoy pasando un verano bastante regular, de ánimos y de muchas cosas. Y a eso contribuye que mi hijo mayor lleve fuera ya más de dos semanas y le queden otras dos para volver. Y ahora mismo también que el pequeño se haya ido a un campamento (de música) durante ocho días. Estoy triste, muy triste, y sé que es irracional porque todo esto es por su bien, y ellos están disfrutando mucho, ambos, de sus campamentos. Pero no puedo evitar sentirme así.

Cosas de madres petardas.


jueves, 28 de junio de 2018

Mis hijos este curso

 ¿Cómo les han ido las cosas este año a mis chicos? Creo que el balance es muy positivo.



Os recuerdo que el mayor llevaba dos años queriéndose cambiar de instituto, porque no estaba bien en el anterior, y por fin empezó primero de Bachillerato en un centro nuevo. No le ha costado nada hacer amigos, porque ya tenía conocidos allí,  y se ha adaptado estupendamente a la vida del centro.

No sé si os lo conté, pero el instituto anterior, a pesar de ser público, era gobernado desde hacía mil años por el mismo director, que hacía y deshacía a su antojo. Mi hijo en el último año se convirtió en un objetivo a batir. Tuvo un parte de amonestación por mal comportamiento porque se enfrentó a una profesora (sí, como lo oís, yo también aluciné cuando me lo dijeron). Según él le sacó a la pizarra para ridiculizarle y meterse con él. Y contestó mal y salió de clase indignado. Esto último es lo que cuenta la profesora, lo anterior no. Pues bien, desde ese momento, campaña de acoso y derribo contra él, empezó a faltar a clase, a no querer ir. Ya la adolescencia le tenía desmotivado pero esto terminó de rematarle. Y el director llegó a decirle que no querían alumnos como él en el centro.

Al llegar al instituto nuevo, con él llegó un profesor del centro anterior, que no le había dado clase ni nada, pero advirtió a sus compañeros de que iba a dar problemas. ¿Problemas? Un problema, una vez, en cuatro años. Parece que no supieran lo que son problemas. Les dejaba yo un rato con mis alumnos.



En fin. Esto último me lo contaron sus profesores, que estaban alucinados de que alguien les hubiera puesto en contra del chico, porque al ir conociéndole se había convertido en el mejor alumno de la clase; me dijeron que era un alumno brillante, de los que ya no quedan, con curiosidad e interés y muchas ganas de sacar buenos resultados.

Y os lo cuento no porque sea mi hijo, sino para que veáis el daño que hacen los prejuicios sin conocer, y cómo las etiquetas, de las que tanto hablamos, nos convierten a veces en lo que no somos.

Ha estado muy centrado todo el año, apenas ha salido por estudiar, y el resultado ha sido una media espectacular y un niño centrado en lo que quiere estudiar en su futuro y trabajando para hacerlo posible. Estamos muy contentos con el cambio.



El pequeño también ha ido muy bien. Desde el principio se ha adaptado bien al centro. Yo le insistía en que el instituto iba a ser para él mejor que el colegio y lo ha sido. No se acaban todos los problemas que tiene para relacionarse de un plumazo, pero ha mejorado mucho. Tiene un grupito de amigos en el centro, y no está solo. Ha salido tres o cuatro veces a lo largo del curso al cine con amigos y un par de veces más a los congresos de manga con algunos otros. Se le ve contento, aunque sigue sin gustarle ni estudiar ni todo lo relacionado con lo académico.

Ha ido bastane bien. Suspendió Educación Física una evaluación, pero me extraña poco porque es bastante patoso. Y al final el profesor le hizo prometer que nadaría a diario todo el verano.

El último trimestre se le hizo muy cuesta arriba, pero es que todo no se puede, y a mediados de junio tenía la prueba del conservatorio, y antes de eso los exámenes. Todo junto hizo que bajara las notas, que no son muy altas pero no están mal.

Este año descubrió que le apasiona la Biología, en la que no baja del sobresaliente, pero aborrece los idiomas (al contrario de su madre y su hermano, y quizá por los profes que ha tenido). Lo ha pasado bien, se ha hecho más independiente, ha ido de excursión sin preocuparse si iba a estar solo... han sido muchas cosas. Y también por todo eso estamos felices.



Y más o menos ese es el resumen de un curso que ha dado para mucho.


lunes, 25 de junio de 2018

Profesional

Llevamos unos días ya con el cachondeo, llamando a mi peque "pofesional". Y esto se debe a que, por fin, ha aprobado la prueba de acceso a las enseñanzas profesionales de música. Y digo por fin porque este curso se nos ha hecho muy muy largo.



No ha tenido una buena profesora, y eso en música, cuando las enseñanzas son individuales, de profe a alumno, hace que las cosas sean complicadas. Ella se lo tomó con calma hasta Semana Santa: no sabían el programa que tenían que preparar para la prueba, ni cómo iba a ser, ni nada de nada. Y en Semana Santa, a unos días del examen trimestral, nos mandó las partituras por correo electrónico sin más explicaciones. Y el niño suspendió el trimestre. Creo que lo hizo bastante mal porque no lo llevaba preparado, no digo que no se mereciera el suspenso, pero lo peor es echar balones fuera y decirme que es que no ha trabajado lo suficiente. A partir de entonces confiamos en nuestro instinto y en el profe de la Escuela municipal de música a la que va desde muy pequeño, y se preparó más que nada por su cuenta.



Ha trabajado muchísimo, un mínimo de una hora diaria y dos los fines de semana. Se ha entregado a la música como no le había visto hacerlo hasta ahora, y me encanta que al final todo este trabajo haya visto resultado.

Lo cierto es que, sobre todo al final, le ha quitado mucho tiempo para las cosas del instituto y ha bajado las notas del último trimestre, pero lo damos todo por bien empleado al verle tan feliz, y con ganas de empezar una nueva etapa en sus estudios musicales, que para él son tan importantes.



Para los que, como yo, no sepáis nada del sistema de enseñanza de la música en conservatorios, os diré que existen tres niveles: elemental, profesional y superior. Elemental consta de cuatro años, profesional de seis, y el superior (que ya es un grado como cualquier otra carrera), son otros cuatro o cinco (no estoy segura).

Para acceder de uno de los niveles a otro, aparte de aprobar cada curso, hay que presentarse a una prueba como si fueras un alumno externo al conservatorio. En este caso, había que aprobar cuarto y presentarse a la prueba, evaluada por un tribunal, que consta de dos partes: una de lenguaje musical y otra de instrumento. La primera son cuatro exámenes de música: teoría, ritmo, entonación y dictado. Y luego con el instrumento tenían que llevar un programa de ocho piezas de una determinada dificultad y tocar las que te pida el tribunal. Para ello es aconsejable (no dicen que sea obligatorio pero todos lo hacen) ir acompañado de un pianista.



Bueno, todo esto os lo explico por si estáis tan perdidos como yo en este asunto.

Lo mejor de todo es que ahora no tiene la presión de una prueba el año que viene; ya tendrá la presión de pasar el curso, y de pasar el curso del instituto, pero no la de un examen a mayores, en pleno mes de junio, que nos ha tenido de cabeza durante meses.

Y lo mejor de todo también es que, aunque mi hijo no es nada expresivo, se le ve feliz y orgulloso, quiere ya que le compre sus camisas negras (los profesionales van de negro, los pequeños van de blanco) y quiere ponerse con partituras nuevas enseguida. Está muy motivado, y feliz con lo que le gusta. ¿Qué más puedo pedir?

viernes, 11 de mayo de 2018

Niños intensos

Todos los niños son especiales, y cada uno tiene sus necesidaes muy diferentes a las de los demás, por eso nunca se educa a dos hijos de la misma manera, porque cada uno tiene uan forma de ser que marca cómo debemos hacerlo con él.



Creo que mi hijo pequeño es un intenso. Ya os he hablado por aquí de él largo y tendido. Le sucede que vive cualquier cosa que le pase como el peor día de su vida y muerte y destrucción y carece de un mínimo muy mínimo de paciencia, además de tener una memoria absolutamente selectiva en la que puede olvidar donde está y qué está haciendo pero nunca olvida nada que le interese.

Desde pequeño jamás le he dicho nada que no pudiera cumplir. No era de esos niños que insisten en comerse un helado y tú les dices: hoy no puede ser, mañana te doy helado. No. Con él eso nunca ha funcionado. Si le dices que mañana, a la mañana siguiente se despierta pensando en el helado y hará tu vida imposible hasta que lo consiga. Si le dices que dentro de unos días, habrá preguntado cuándo exactamente mil veces antes de que te des por vencido y le digas una fecha concreta y una hora definitiva.



No se le puede nunca mentir, ni una mentira piadosa, porque se lo toma todo a la tremenda. Cuando me pide algo, o le tengo que decir que no directamente, o le doy una fecha lejana esperando que se le pase el hype o que se aburra antes, o que cambie de objetivo por el camino, pero sabiendo que, si no es así, acabaré por darle lo que me pide. Claramente.

Y lo malo es que tiene siempre algo en mente. Ahora, un nuevo juego de la play que le he dicho que le compraré cuando les den las vacaciones, siempre que haya trabajado como tiene que hacerlo. Pero me lo recuerda de vez en cuando, por si acaso.

Antes de esto, fue una tarjeta para jugar a un juego. Dio la lata durante tres semanas, todos los días, con sus tardes, y la puñetera tarjeta costaba diez euros. Además, iba a gastarlos de su dinero, pero no, siempre en estas cosas le digo que lo pensaré, y lo voy alargando, porque en cuanto tiene algo va a la carga con otra cosa.



A veces es algo mínimo: un bolígrafo no sé cómo que ha visto a no sé quien. Otras veces no es material: quiere que le lleve a ver una película o que le deje ver una serie, o que le lleve a algún sitio, o que haga determinada comida... Pero siempre es insistente hasta la extenuación.

Ahora los fines de semana juega online con su primo. Siempre se mensajean mi hermano y él y quedan a una hora para jugar. El domingo pasado quedaron a las cinco menos cuarto. Pues entre menos veinte y las cinco le mandó a mi hermano 78 mensajes y dos llamadas perdidas. Mi hermano cuando se despertó de la siesta y vio el panorama, me lo contó alucinado. Y eso que todos en la familia le conocemos. Pero aún así. Ese es un niño intenso. Ni más ni menos.

domingo, 25 de marzo de 2018

Mi semana 12/52

Hoy se me han pegado las sábanas. Este cambio de hora me mata, de verdad que no puedo con él. Mi cuerpo se resiente y me temo que, con lo cansada que estoy terminando el trimestre, los tres días que quedan de clase voy a ir arrastrada. Pero solo son tres días. Bueno, en mi caso son dos, porque el miércoles hay programadas actividades para toda la mañana: conferencias, competiciones deportivas, una carrera solidaria... Es decir, que casi casi estamos de vacaciones. No me voy a quejar porque muchas personas no tienen vacaciones por estas fechas, y este año en Castilla y León tenemos las vacaciones que me gustan: toda la semana de Pascua sin trabajar. Aquí los hosteleros, las cofradías y muchos padres han puesto el grito en el cielo, como cada vez que las vacaciones no coinciden exactamente con toda la Semana Santa, pero a mí me encantan así.



El trimestre se me ha hecho duro, ya me lo habéis oído decir en las últimas semanas, y creo que más duro en casa que en el trabajo, pero todo ha contribuido, claro. Y es que mi hijo mayor se ha puesto las pilas este año y está estudiando mucho. Y cuando digo mucho digo todo el trimestre sin descanso. Quiere sacar buena media en el Bachillerato para estudiar lo que quiere y se está exigiendo mucho. Ayer y antes de ayer salió pero llevaba sin hacerlo desde carnaval, o más lejos.  Y el pequeño en su línea. Si estoy con él, de una hora de trabajo puede aprovechar cuarenta minutos. Si no estoy pendiente, no llega a diez minutos reales. Antes no era consciente del todo de sus propias limitaciones y siempre protestaba porque yo le azuzo para que estudie o haga los deberes y le voy poniendo plazos cortos a lo largo de toda la tarde (en quince minutos estudias esta página, cinco minutos para subrayar esto...). Pero ahora es cada vez más consciente de que si le ayudo la tarde cunde mucho más y me pide que estudie con él.



Sí, sé lo que podéis decirme. Yo era de las madres que pensaba que nunca estudiaría con mis hijos, que ese era su trabajo y que tenían que hacerlo solos. Y con el mayor eso fue relativamente fácil. Pero cada uno somos como somos y el pequeño aún se organiza mal, muy mal. Así que voy a estar ahí, porque puedo, porque tengo las tardes libres, hasta que sea necesario. Por eso ya os conté que en enero dejé el gimnasio: tanto el yoga como el zumba, y hasta he dejado de salir a caminar. Unos kilos de más lo atestiguan, pero creo que las prioridades están muy claras.



Como os decía, nuestras ganas de vacaciones en esta casa son máximas. Prácticamente lo estamos: este fin de semana ha tocado salir y cine, y relax en casa viendo la tele, jugando a la play y no haciendo nada, que es algo que está muy bien. Además, el viernes lo celebramos yendo a un concierto benéfico de la música de las pelis de Harry Potter, algo que estuvo genial y disfrutamos mucho.

Estoy enganchada a las dos agujas, tejiendo sin parar mi primer jersey, y he calculado la lana tan mal que ahora mismo me toca hacer un pedido para poder terminarlo antes de que llegue la primavera y se quede sin estrenar. Esta tarde empezaré otra labor, estoy pensando en cuál, para no perder el ritmo.



En fin, creo que eso es todo de momento. Ah, sí, tenemos preparados un par de talleres para estos dos días con nuestros alumnos, ya que en mi centro era una costumbre muy arraigada que este año han decidido suprimir y no entiendo por qué. Así que mis chicos mañana van a hacer pan con sus manitas y también vamos a preparar un vivero de plantas aromáticas y semillas de pequeños productos para la cocina del instituto. Ya os contaré con detalle cómo sale la cosa.

(Las imágenes del post de hoy pertenecen al fotógrafo Philippe Halsman, absolutamente maravilloso)


domingo, 11 de marzo de 2018

Mi semana 10/52

¿Llevamos ya 10 semanas de este año? Se me han hecho excesivamente cortas... Aunque también están siendo unos meses bastante intensos. Nadie lo diría porque no hago nada especial ni voy a ningún sitio, pero sí, están resultando muy intensos.



La semana empezó con mal pie. El domingo me desvelé por la noche, me levanté a las cuatro y pico a terminar de ver los Óscars y ese día luego no podía con mi cuerpo para ir a rehabilitación, con lo que llamé para anular la cita. Luego, y a pesar de los días tan duros y largos que he tenido, no he dejado de ir ni uno solo día más, y eso que es algo que me desespera, estar allí dos horas mientras unos y otros me esperan en casa o tengo que llevar y traer al pequeño a algún sitio...



También ha sido intensa en cuanto a estudios, como lo será también la próxima. Tanto que hoy tenemos a mi hermano y mis sobrinos muy cerca, en el pueblo, y no vamos a ir a verlos, ni fuimos ayer. Nunca pensé que esto me sucediera, porque mientras yo era estudiante me organizaba bastante bien y no dejaba de salir o de ir a cualquier evento sin problemas. Veía a algunos de mis primos que no iban a una boda o que se marchaban pronto de cualquier cumpleaños o lo que fuera y me parecía que en la vida hay tiempo para todo. Pues no, en este caso mis chicos no pueden acercarse a ver a sus primos. Cuando dijeron que venían, el mayor se descolgó del tema porque está muy liado. Pero pensamos ir de todas formas. Luego se han ido torciendo las cosas y al final el peque tampoco puede perder un día entero.



Como imagináis, ha sido una semana a tope, con aprovechamiento total de todas las horas, porque estamos finalizando el trimestre y están a pleno rendimiento. Os diré, solo por ejemplificar, que hemos preparado una coreografía, y la hemos ensayado (incluso un último ensayo a las siete de la mañana), malabares con una y dos manos, varios trabajos de distintos niveles y materias y unos cuantos exámenes, además de intensificar ensayos de viola porque también la semana que viene tiene las pruebas trimestrales y todo ello sin dejar de acudir uno a la escuela de idiomas y el otro al conservatorio. Si a todo eso sumamos las rehabilitaciones de madre e hija, pues ya sabéis el panorama.



Ah, y el jueves operaron a mi gatita. La esterilizaron y sigue convaleciente, durmiendo conmigo. O durmiendo ella a ratos y yo lo mismo. Tenía unas heridas que no dejaba de chuparse y cada día estaban peor. A eso hemos unido la pequeña cicatriz de la operación, así que tuve que hacerle una especie de jersey con un calcetín (sí, es muy pequeñita, poco más de dos kilos) y aún así hubo que ponerle el collar lámpara, con el cual no sabe moverse, así que hay que llevarla en brazos a todas partes.

Como os digo, toca domingo en casa, y no precisamente de relax, sino de estudio. Hoy incluso mi peque tiene una clase de repaso con su profe de música. Ayer tuvo otra y estuvimos todo la mañana y la tarde estudiando para poder ir al cine a última hora con unos amigos.



Cambiando de tema: acabo de abrir google y he visto que hoy es 11M. Y me ha dado un vuelco el corazón. No creo que vea noticias hoy. No puedo.


jueves, 22 de febrero de 2018

Cosas de familia

En los últimos días, hemos realizado en casa un salto al pasado que nos ha dejado a todos nostálgicos y pensativos. Os cuento.

Mi madre es la de los tirabuzones

Mi hijo mayor tenía que hacer un trabajo de historia que consistía en entrevistar a una mujer que hubiera vivido durante la dictadura de Franco. Las preguntas de la entrevista venían dadas en el enunciado del trabajo y eran cuestiones sobre igualdad, oportunidades para trabajar, el cuidado de los hijos, expectativas de vida, dieta, higiene... no sé, muchas cosas.

Por supuesto que la persona elegida la teníamos en casa: su abuela. Y ella encantada de contar su vida a su nieto mayor. Y él también, porque le encanta estar por ahí cuando una persona mayor cuenta anécdotas de su vida, o de cómo se vivía en otras épocas. Nunca se pierde las conversaciones familiares, las cosas que le cuentan sus abuelos, y le encanta hablar con mis tíos abuelos, que aún me quedan dos, y ambos con una memoria prodigiosa.

Ya me gustaría a mí que alguna vez un bañador me hubiera sentado así.

En el fin de semana, le hizo la entrevista y la grabó. Después estuvo transcribiendo sus palabras, pero en las instrucciones se insistía en que no tenían que hacerlo en formato de entrevista, sino redactar un reportaje sobre todo lo tratado en la misma. Y así lo hemos hecho.

Pero lo mejor no ha sido el texto, que nos ha dado en estos días para muchas conversaciones, muchos recuerdos, y también para ver que un mismo recuerdo tiene distintos puntos de vista según lo vivido, y cosas que mi madre recuerda de una manera, yo lo hago de otra. Lo mejor han sido las fotos.

Esta foto ha dado para mucho. Ahí, en el cochecito, estoy yo. Y el modelo de mi madre está claro de qué época es.

El otro día pasamos por la casa de mi madre a la vuelta de su revisión en Madrid y trajimos una selección de fotografías de su infancia y juventud, fotos que mis hijos no habían visto, que demuestran que me parezco a mi madre mucho más de lo que quisiera, y que han dado también para muchas conversaciones.

Ha sido, como os decía al principio, un viaje al pasado lleno de añoranzas, y que nos ha servido a todos para conocer mejor a mis abuelos, a mi madre y a mi padre, sus circunstancias, su vida. Y también para rememorar cosas que estaban olvidadas en el fondo de la memoria, para pensar que cualquier tiempo pasado no fue precisamente mejor, pero fue como fue debido a las circunstancias, y que la vida a veces te lleva por donde quiere y no precisamente por donde eliges. Y eso no es solo aplicable a mi madre, sino a todos.

Por eso hoy me he permitido poner por aquí algunas de esas fotos familiares que han despertado tantas cosas en esta familia.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Esta semana 44

Estos días os he tenido un poco abandonados. Pero a veces, ya sabéis, no se puede llegar a todo, y he tenido mucho trabajo, que se me ha juntado con los preparativos de un pequeño viaje, con lo que no me ha sido posible publicar en unos días.

Por eso el resumen semanal viene hoy lunes, en vez de el día habitual, el domingo.

Esta semana en el trabajo ha estado marcada por un viaje que organizábamos con nuestros chicos las profesoras de Formación básica y yo. Cuando estábamos esperando que nos recogiera el autobús, miraba a los chicos que nos llevábamos de excursión, con el director al lado y de pronto nos miramos, y los dos pensábamos lo mismo. Muchos profesores no se atreverían a salir a ningún sitio con ese escogido grupo de alumnos. Quiero decir, para que me entendáis, que mis alumnos son alumnos con problemas, de todo tipo, que tienen la oportunidad de obtener el título por otros medios, mediante adaptaciones. Y los de la Formación profesional básica son alumnos que en muchos casos también estarían fuera del sistema educativo si no se les diera esa oportunidad, muchos de ellos con graves conflictos personales, familiares, ...




Allá nos fuimos las tres inocentes dispuestas a disfrutar del día. Fue complicado, porque son alumnos a los que les interesan pocas cosas. Pero salió bien, y siempre hay que quedarse con lo bueno. No perdimos a ninguno por el camino ni nos tuvieron que llamar la atención por nada, pero fue un día duro de estar pendientes de mil cosas a la vez.

Esta semana, sobre todo, ha estado marcada a fuego en el calendario por la quedada de amigas que llevamos meses planeando (justo desde la última vez que nos vimos todas, en junio) y que por fin llegó.



Ha sido, como siempre que nos vemos, una maravilla. Esta vez vengo de Barcelona con una idea: es difícil encontrar personas como ellas, tan diferentes (porque mira que somos distintas) y tan generosas, tan amigas, tan divertidas, tan buena gente. Ha sido un fin de semana perfecto, y extremadamente corto. Creo que todas habríamos necesitado unos cuantos días más para darlo todo, salir a muerte por Barcelona, bailar hasta el amanecer, ... en fin, esas cosas que hacemos.



Y finalmente a mi llegada a casa me esperaban varias sorpresas. Os contaré solo algunas, para que os hagáis a la idea.

La cas estaba (sorpresa) recogida.

Mi hijo pequeño, mientras estudiaba, había pintado de rotulador fosforescente rosa la frente de mi gata blanca.

Mi hijo pequeño  estaba esperando a su madre para hacer un trabajo de ríos que llevábamos toda la semana haciendo pero que su profesor le había devuelto el viernes porque le faltaba Portugal y tenía que repetirlo.

Mi hijo mayor, que llevaba todo el fin de semana en casa estudiando, estaba también esperando que llegara su madre para que le ayudara a terminar su trabajo y se lo corrigiera; un trabajo con fecha de entrega de ayer a las doce de la noche y que entregamos a menos cinco, in extremis, extenuados, después de cinco horas de ordenador.

A nadie en esta casa desde el miércoles que estoy desaparecida se le había ocurrido poner una lavadora. No sé qué se pondrán hoy. Ojalá tengan que salir desnudos los tres.


miércoles, 8 de noviembre de 2017

El cine

Algunos me habéis preguntado cómo le va a mi hijo pequeño en su nuevo centro, cómo van las cosas, si está mejor, si se adapta bien.

Hoy toca contar algunas cosas de estos inicios.



Desde el primer día de clase, se sienta con un compañero que, como él, no conocía a nadie en el instituto. Salieron juntos al recreo y a partir de entonces han formado una pequeña pandilla de chicos y chicas.

Desde el primer momento puse al mayor a vigilar al pequeño, a ver si le veía solo, más que nada por no pasarme los días preguntando e incordiando. Y le hemos visto bien, bastante integrado entre sus compañeros, a pesar de que no esperamos milagros, porque la personalidad de cada uno es la que es.




Y este fin de semana era la primera vez que hacía planes con sus compañeros fuera del aula. Decidieron ir al cine el domingo él y los dos niños de los que siempre habla.

Lo que puede parecer un acto rutinario en la vida de cualquier niño de su edad: quedar con algún amigo o compañero de clase para realizar una actividad fuera de las aulas, ha sido para nosotros un acontecimiento.

Es la primera vez que sale con amigos, con personas a las que él considera como tal. La primera vez que va al cine solo, sin padres. La primera vez que siento que de verdad las cosas pueden estar mejorando.



Como os imaginaréis, y saliendo del centro en el que estaba y de las circunstancias en las que ha estado escolarizado, sin amigos, con pocas ganas de verlos fuera del centro, sin planes más allá de bajar algún día al parque un rato, hablar con un par de chicos un rato y volver a casa enseguida... todo esto es algo que estábamos deseando. Quizá os parezca que lo doy más importancia de la que tiene, pero en realidad creo que tiene mucha, mucha importancia.




Le llevé yo hasta allí, y así conocí a los padres de los otros niños. ¿Sabéis lo que me parecieron, tanto padres como hijos? Normales. Chicos normales y corrientes, una dosis de normalidad que de verdad que necesitábamos después de tanto compañeros disputándose el liderazgo, dispuestos siempre a criticar o meterse con el de al lado. Después le fue a buscar su padre y llevo a los otros dos a casa. También a él le parecieron normales. Y en casa estábamos el mayor y yo, que habíamos pasado la tarde nerviosos pensando en cómo le iría.




Por cierto. Hoy es el cumple de mi chico pequeño. Doce años. Y en este momento, a pesar de que ahora mismo acabo de levantarle de la cama para repasar y de que tiene un examen hoy (justo el día de mi cumpleaños, mamá, justo ese día), creo que es bastante más feliz de lo que era hace un año o dos. Y eso no sabéis lo que me emociona.