sábado, 28 de marzo de 2015

100HealthyDays (4)

Semana de mucho, muchísimo trabajo, con dos tardes completas de evaluaciones hasta las mil, con mucho cansancio acumulado, pero por fin estamos de vacaciones.

Cuando leáis esto, yo estaré seguramente en Asturias disfrutando de un finde romántico en un spa.



En esta semana, a pesar de comer fuera de casa y de trabajar tanto, he seguido mis propósitos al pie de la letra.

Alimentación.

El lunes y el jueves he comido fuera de casa, en el restaurante donde comemos siempre que tenemos que trabajar por la tarde. Un restaurante buenísimo en el que se come genial y que tiene los mejores postres del mundo mundial. Pues tenéis que saber que he comido muy bien y no me he salido nada de nada de mi plan de alimentación.

Bueno, en realidad el jueves comí pimientos rellenos de merluza, que no son muy light, pero lo compensé en todo lo demás y es que los hacen tan ricos que no me pude resistir. Y no me permití postre, a pesar de que su tarta de castañas es mi preferida del mundo, porque he decidido que un capricho al día está bien, pero dos ya no.

Algunas de mis fotos de esta semana a la comida son:

esta foto es trampa porque las fresas las comen todos en casa menos yo...

El bocata de pavo de media mañana.


las ensaladas no pueden faltar.
el requesón con nueces y miel de la cena

El pan de centeno, que me llevó más de dos días, entre la masa madre y los levados, que finalmente tuve que retardar dentro del frigo porque no me daba tiempo.




Pero ha merecido la pena porque tengo pan para desayunar la semana que viene y está buenísimo, además de ser pan de centeno ecológico integral sin ningún tipo de añadidos.

Ejercicio.

Lunes y jueves no podía salir, los viernes es mi día de amigas y el fin de semana nos marchamos y tampoco, así que tenía que aprovechar el resto de los días. Y eso he hecho.

Domingo: 6 km y medio

Martes: 8 km.

Miércoles: me dolían las piernas de la caminata del día anterior, así que no puede más que con 5 km.

¿Lo del spa, no hacer nada y de dejar que me den masajes no cuenta como ejercicio, verdad?


viernes, 27 de marzo de 2015

Hoy

Esta semana me siento como si una apisonadora me hubiera pasado por encima.



He trabajado muchísimo, como todos los fines de trimestre, supongo, pero además he intentado seguir con mi vida sana, salir a caminar, alimentarme bien,...

Hemos tenido al peque de la casa malito. Nada del otro mundo. El lunes lo llevé al cole y a los quince minutos lo tuvo que recoger mi chico porque no paraba de vomitar. Finalmente han sido tres días en casa, y nos hemos tenido que repartir. 



Por eso el martes no he ido a trabajar. Pero, tonta de mí, me levanté escandalosamente pronto, y aproveché para terminar un proyecto que parece que no acababa nunca y que a estas alturas ya debería haber entregado. Un proyecto del instituto relacionado con las exposiciones orales y hablar en público.



Total, que el lunes llegué a casa a las once, hora en la que normalmente estoy durmiendo. Y ayer, jueves, a las nueve, saliendo de casa a las siete de la mañana. Y no estoy acostumbrada a tanta caña.

Hoy es el día fuerte de nuestras jornadas culturales y tenemos talleres variados para los chavales, lo que se traduce en que no damos clase pero tenemos que cuidar a un montón de alumnos en actividades que no son las de siempre y el día en que les damos vacaciones.

Ayer pasé la mañana entregando notas, aparte de mis clases, porque los padres me fueron viniendo con cuentagotas, y algunos también vinieron por la tarde.

Total, que ayer a mediodía, mientras todos saboreaban su tarta casera estupendísima y yo pensaba en la satisfacción de cuidarse y no tomar postre (ja) mi cuerpo empezó a decir que no podía más, y empecé a sentirme mareada y con un ligero vértigo.

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 Además, esta semana ha nevado, ha helado, ha llovido, ha hecho un frío de mil demonios y hoy esperamos que salga el sol.

https://es.pinterest.com/pin/91409067413251749/


Me he levantado más o menos bien, solo el dolor de cabeza que me acompaña desde hace una semana, o más.

Y sé que para hoy tenía pendiente la cuarta entrega de "quiero ser mejor profesor", pero no me ha dado tiempo a prepararla, así que os tenéis que conformar con esta entrada improvisada, siempre y cuando me dé tiempo a buscar alguna foto para añadir.

jueves, 26 de marzo de 2015

De Campos

Tengo que hacer aquí una confesión.

tierra de campos


Soy de Tierra de Campos.

Sí, esa extensa zona llana, de campos de cultivo, situada entre Palencia, Valladolid, Zamora y un poquito de León, que históricamente se llamó Campos Góticos y de ahí derivó simplemente a Tierra de Campos.

tierra de campos palomar


Ser de Tierra de Campos supongo no es como ser de cualquier otro lugar. Ser de Campos te moldea el carácter y te convierte en una persona diferente en tu relación con el mundo, sobre todo con el espacio geográfico, y en especial con el clima.

- Miras al cielo en una noche de verano y dices cosas como: mañana va a hacer muchísimo calor. Así, sin más. No sabes por qué lo sabes, pero lo sabes.

mar de Castilla



- Oteas el horizonte ( y es que en mi tierra si miras al horizonte puedes ver muy muy lejos) y dices o piensas cosas como "por allí, a unos ocho kilómetros, parece que está lloviendo".

palomar


- Hueles el aire de una tarde de verano y piensas: " se avecina tormenta".

nube polvo


- Lleva diez días lloviendo, todo el mundo está harto y se queja y tú calladita porque ya se te ha escapado alguna vez y te han mirado mal, piensas: "esta lluvia es buenísima para el campo".

paja


- Sale el sol cuatro días en marzo, parece que llega la primavera, los árboles se llenan de flores y tú mueves la cabeza de un lado a otro pensando: uff, dentro de unos días esas flores están heladas, mal año de cerezas...

girasoles


- Hace buenísimo, calor incluso. Coges una chaqueta para ti, otra para los niños y, como te miran mal, miras a lo lejos y dices: esta tarde me lo agradeceréis, se va a levantar el cierzo.

montañas campos


Ser de Tierra de Campos es no preocuparse por las cuestas ni las curvas, porque no forman parte de tu vocabulario hasta que sales de tu tierra, saber que si subes al campanario de una iglesia, puedes ver veinte pueblos a la redonda, adorar la montaña pero suspirar cuando reconoces estar llegando a tu tierra porque no ves más que horizonte llano por todos los lados,  amar los árboles y saber su inmensa importancia porque no hay muchos alrededor, tener ganas de ciudad, de salir de allí, y querer, tener que, regresar de vez en cuando, cada vez más a menudo.


mar de campos


Y, sobre todo, es poner cara rara cuando alguien te dice que el paisaje de tu tierra es feo, no decir nada y pensar: "Tú qué sabrás. Es el mar de Castilla".