miércoles, 26 de noviembre de 2014

Cuando ya daba la batalla por perdida...

Como comprenderéis los que os pasáis por aquí a menudo, gustándome lo que me gusta leer, y dedicándome como me dedico en mi trabajo a fomentar la lectura entre mis alumnos, en casa lo he intentado por todos los medios con mis hijos.

El mayor, como ha sido siempre más sensato y más fácil, es bastante lector. No tanto como a mí me gustaría, y la verdad es que no lo es porque dedica parte de su tiempo libre a las consolas y al móvil, y le quedan pocos ratos para leer. Pero siempre tiene algún libro en la mesilla, me pide recomendaciones de vez en cuando y lleva un ritmo de lectura, muy lento, pero seguro.

Ahora le ha dado por este autor.



¿Tendrá algo que ver que tengo un montón de libros suyos en casa?


El pequeño empezó a leer tarde, forzado, y eso influyó muchísimo en su gusto por la lectura.

- Es que no me gusta nada leer...

- Es un rollo, mamá...

- No es divertido.

Al oír todo esto opté por no forzar, pero sí poner a su alcance libros, seguir comprándoselos, regalándoselos y hablándole de historias que están en los libros.

Desde primero de primaria, traen de clase un libro cada semana, más o menos, para leer y hacer una pequeña ficha de lectura. Para él siempre ha sido una obligación más que ha cumplido. A veces los libros le gustaban algo más, pero normalmente pasaba por ellos sin pena ni gloria, y los olvidaba a los dos minutos de leerlos.

El  año pasado dio con una serie de libros que le gustaron, y se los fue leyendo todos. Eso sí, poco a poco, y con la obligación que le imponía el colegio.

El equipo tigre.


Hay una película de estos libros, que yo sepa...


Y llegó a los de Gerónimo Stilton. Unos libros que considero espantosos de leer, para mí, pero que a los chavales les encantan.



Su hermano mayor tenía unos veinte libros de este ratón, y un buen día se los pasé a la habitación del pequeño. Empezó con ellos y es un no parar.

Ahora está con los más grandes de Gerónimo, los que son más largos que un día sin pan... Pero tienen olores...



Ayer se llevó un libro debajo del brazo para el rato de espera que tenemos en música entre una clase y otra. La semana pasada hizo lo mismo.

Ahora mismo, mientras escribo esto, acaba de desayunar y ha cogido su libro mientras espera a que su hermano lo lleve al colegio. Y sin mandárselo nadie.

No me lo puedo creer.

martes, 25 de noviembre de 2014

Gastos de envío

Compro bastante por internet, cada vez más.

Me gusta comprar productos en pequeñas tiendas que venden cositas hechas a mano, también en Etsy, en Artesanio o en Dwanda. Tiendas en las que pueden vender sus productos pequeños artesanos o diseñadores.

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Cada uno pone el precio que quiere a su producto, o el precio que sus clientes están dispuestos a pagar, y ahí no tengo queja. Si me gusta el producto y el precio me parece adecuado, si lo puedo pagar, lo compro, si no, pues me conformo con mirar. No protesto, porque cuando busco algo son siempre caprichos, con lo que no tengo ninguna "necesidad" de esos productos.

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Pero hay ocasiones en las que, una vez decidida la compra, lo que me tira para atrás son los gastos de envío.

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Gastos de envío de seis o siete euros, y más, para una ilustración, de un vendedor de España, cuando la carta o paquete puede costar céntimos enviarla hasta mi casa.

No lo entiendo, y en esos casos siempre dejo la compra sin hacer.

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Porque muchas veces son pequeños caprichos, compritas que de cosas bonitas que no necesito, y que si me van a doblar el precio por los gastos de envío, dejo morir en el carro sin terminar la compra.

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No sé si a vosotros os ha pasado, pero me fastidian mucho las tiendas que tienen muy inflados los gastos de envío. Me siento como si se estuvieran riendo de mí.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Insomnio

Durante las últimas semanas, apenas duermo.



Paso la mayoría de las noches, como la de hoy, por ejemplo, totalmente en blanco.

Algunos días duermo un poco, ya a eso de las dos o las tres de la mañana, un sueño intranquilo y nervioso que no me deja descansar bien, y luego me levanto a las seis con mayor sensación de sueño que si no hubiera dormido nada.


Lo que más me apetece cuando estoy así es levantarme y ponerme a hacer cosas, cualquier cosa. Pero me obligo a permanecer en la cama y descansar, al menos.

Sé que debería tomarme algo, que una dormidina o algo así me ayudaría algo a conciliar el sueño, pero ya he dependido de pastillas para dormir en algunas etapas de mi vida, y no quiero volver a eso.



También sé que si hiciera algo de ejercicio todo mejoraría, pero tampoco puedo, materialmente me resulta muy difícil, no diría que imposible, pero casi, encontrar tiempo para hacer algún deporte. Llego a casa muy tarde y cansada, e inmediatamente empiezo con deberes y extraescolares con el peque. Cuando terminamos suelen ser las siete y media o incluso más. Cenamos a las ocho, ocho y cuarto, así que me da tiempo a hacer la cena e ir preparando la comida del día siguiente. Después preparo alguna cosa para clase, o miro internet durante media hora. Con un poco de suerte, me apetece ver el capítulo de alguna serie, aunque ahora la mayoría de los días tampoco tengo ganas. Leo un poco en la cama y luego intento apagar la luz pronto a ver si me entra el sueño... Y vuelta a empezar.



Es una etapa, lo sé, pero resulta difícil ir a trabajar día tras día durmiendo muy poco o nada.