lunes, 20 de octubre de 2014

Leyendo en clase

Ya os he contado alguna vez que leo en clase con mis alumnos. Pero no leemos fragmentos, como suele ser habitual, ni leemos un día de vez en cuando. Leemos un día a la semana durante todo el curso. Y leemos en clase libros completos.

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Y os contaré, después de más de diez años haciéndolo, algunas de mis impresiones generales de la lectura en clase.

En positivo.

Si el libro les gusta, son los momentos en los que más conectamos todos. No sé cómo explicarlo, el libro está interesante, un alumno que entona bien lee en alto, los demás siguen la lectura en sus libros, y se produce un momento de esos tan escasos en que todos estamos imaginando la escena, metidos de lleno en ella, como cuando estás en el cine, tan metido en la película que te sorprendes mirando alrededor y no sabiendo muy bien dónde estás.

Esos momentos ya hacen que todo merezca la pena.

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Por otro lado, hay alumnos que leen mal, y a lo largo del curso se nota bastante mejoría en ellos, en velocidad lectora, entonación, pero en lo que más es en comprensión de lo que leen.

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Mis alumnos acaban leyendo seis libros durante todo el curso, muchos de ellos reconocen que a lo mejor no han leído tantos en toda su vida. Leemos un libro en clase, al completo, y otro mucho más corto en casa, del cual tienen que hablar en clase a sus compañeros. Si les hiciera un examen de ello, sé que la mitad, o más, no lo leerían, pero al tener que exponer sobre ese libro, no les queda otra que traerlo leído (vale, algunos no lo leen ni por ésas), y muchas veces al final, después de decir y repetir que no les gusta leer, tienen que reconocer que les ha gustado.

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En negativo.

Se nota una enorme diferencia entre los alumnos que son lectores, aunque sea ocasionales, y los que no leen nunca. Esa diferencia se manifiesta después de los primeros veinte o veinticinco minutos. Los alumnos que no leen, después de ese tiempo, pierden la concentración, empiezan a dar vueltas al libro, a perderse, a no atender a lo que estamos leyendo, su mente divaga, porque no son capaces de estar tanto tiempo concentrados en la lectura.

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Los alumnos que leen mal son los que más dificultades crean en esta actividad, porque cuando les toca leer vamos muy despacio, perdemos el hilo del argumento, nos cuesta a todos no corregirlos... Pero también son, como he dicho arriba, los que más mejoran su ritmo de lectura, entonación, y comprensión a lo largo del curso.

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Otra dificultad la presentan los alumnos hipercorrectores. Me ponen mala. Los hay de dos tipos: los que van corrigiendo al que lee cuando se confunde en alguna cosa (algo que los días de lectura yo no hago nunca); y los que cada dos líneas preguntan qué significa una palabra. Suelo acabar con ellos el primer mes de lectura, aunque algunos perseveran. Ven una palabra que no entienden y levantan la mano, yo hago como que no los veo y dejo pasar un rato. A veces se dan cuenta de que han entendido más o menos lo que quería decir esa palabra y bajan la mano. Otros siguen en sus trece y después de un rato les dejo preguntar, les aclaro la duda sacando el diccionario del cajón de la mesa y dejándoselo encima de la mesa.

Los que han aprendido en el colegio a leer con el diccionario al lado me ponen nerviosa, nunca lo he hecho y no creo que por eso mi nivel de vocabulario sea menor. ¡El contexto, el contexto! Lo he dicho tantas veces que mis alumnos de otros años lo dicen al primer despistado que me pregunta por una palabra.

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Como todas las actividades de clase, tiene una parte buena y otra no tanto, y estoy segura de que se podría mejorar. Siempre se puede mejorar. Pero lo positivo gana por goleada, así que seguiremos leyendo en clase mientras nos dejen.

domingo, 19 de octubre de 2014

Abrigos

Los abrigos, después de años colgados en los armarios sin apenas uso, vuelven con fuerza este año.

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Y yo quiero uno.

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Aunque tengo varios.

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Me encantan los de cuadros, pero siempre pienso en que luego me cansaré de ellos mucho antes, y termino comprándome uno liso, negro, gris, ...

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Me gustan todos. Y estoy pensando que tengo que hacerme con uno ya.

A vosotros, ¿cuál os gusta más?

viernes, 17 de octubre de 2014

Cumples

Hasta el moño de cumples de niños. Pero hasta el moño porque soy una señorita y no digo palabras feas.



Hasta ahora, no sé si lo contaría por aquí alguna vez, los cumples los celebrábamos al trimestre, todos los niños de la misma clase juntos, los que coincidían el cumple en el mismo trimestre. Teníamos de presupuesto veinte euros para el regalo, que lo compraban los padres de la criatura, y cada niño se pagaba su merienda en un sitio de esos infernal de bolas y niños gritando.



El curso pasado las cosas entre algunos padres empezaban a hacer aguas. Así que hicimos el cumple del primer trimestre, pero los padres del segundo y el tercero no consiguieron ponerse de acuerdo para hacerlo, por lo que ya no se hizo más, y en este curso empezamos a penar.




El día 8 de noviembre es el cumple de mi niño, y hay que celebrarlo. Llevo toda la semana llamando a madres, cuadrando horarios y agendas como si fuéramos la Pantoja.

Resulta casi imposible juntar a todos los niños el mismo día, especialmente por las actividades extraescolares de todos. Y los fines de semana son una locura para los padres de hijos futbolistas. Una auténtica locura.

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Y luego, el motivo principal de celebrar los cumpleaños todos juntos era no excluir a nadie.  Ahora, ya no sabes a quien invitar, si a aquellos cuyos padres te caen bien o aquellos que son de verdad los amigos de tu hijo, o los que te han invitado a ti, y al final la lista de invitados es más larga que la de una boda.

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Con esto del cumple conseguiré que algunos padres no me miren, que algunos niños no miren a mi hijo, que todos nos enfademos y no sé cómo vamos a terminar...

Ya os contaré.