sábado, 1 de noviembre de 2014

Fantasmas

A veces, cuando menos te lo esperas, a la vuelta de una esquina, aparece un fantasma del pasado.

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No sabes si es real o te lo acabas de inventar.

No sabes si está realmente ahí o es un producto de tu imaginación.

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Y te parece volver en un bucle hacia atrás.

Revives cosas que estaban muertas.

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Pero aún duelen.

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Y recuerdas cosas que tenías tan escondidas en la mente que prácticamente no existían.

Algo muerto y enterrado puede revivirse por unas horas.

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Y dejarte sin dormir toda la noche.

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No nos olvidemos de que ayer era Halloween...

viernes, 31 de octubre de 2014

Príncipe de Gales

Cuando era una niña, quizá con quince o dieciséis años, mi madre (modista) se empeñó en hacerme un traje con estampado "príncipe de Gales". Me parecía lo más horrible que una chica podía ponerse.

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Ahora, muchos años después, echo de menos que mi madre me haga trajes, o esos vestidos y faldas que tanto odiaba entonces, suspirando por unos vaqueros, que ella aborrecía.

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Este año parece que veo este estampado por todas partes.

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Y me gusta.

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Quiero un pantalón así.

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Si se lo digo a mi madre, no dirá nada, pero sonreirá hacia dentro como ella sabe pensando en aquel traje que me hizo, falda corta y americana, que languidecía en el armario sin que quisiera ponérmelo nunca.

jueves, 30 de octubre de 2014

Mis tardes

Las tardes en mis sueños son...

Comer prontito, a la una si es posible, o antes. Es cuando más hambre tengo.

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Dormitar en el sillón tras un silencio de ésos en que se oyen las manecillas de los relojes.

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Coger un libro y leer un rato.

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Salir a dar un paseo, sola, a mi aire.

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Caminar por ahí sin rumbo. O mirar una tienda, hacer un recado.

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Llegar a casa y dedicarme a cualquier cosa: dibujar, tejer, hacer fotos, internet...

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Y cenar mientras hablamos de qué tal nos ha ido el día.

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Ver una película o una serie, sin preocuparme demasiado en que mañana tengo que madrugar.

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Mis tardes reales. 

Llego a casa muy tarde y casi a la hora del té.

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Después, me quedo dormida en el sofá un ratito, con los dibujos de ruido de fondo, y los niños hablando alrededor.

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A continuación, van los deberes (odio los deberes, ¿os lo había dicho?).

El estudio.

Más deberes.



La práctica con la música.

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Las duchas.

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La cena a cuatro bandas, con el pequeño, casi inevitablemente, pasado de vueltas.

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Los cuentos antes de dormir.

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Los besos y las cosquillas.

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La comida del día siguiente.



Recoger infinidad de cosas.

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Caer en la cama. Si hay suerte, dormir al instante, de puro cansancio. Otros días, muchos, dormir a ratitos, pensar-soñar con las clases, los alumnos...

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