miércoles, 25 de mayo de 2016

Nuevo en mi cocina

Me gusta mucho experimentar con la comida, y probar cosas nuevas. Creo que esto siempre ha sido así.



Cuando salgo a comer fuera, me llaman la atención los lugares donde puedo comer algo que nunca he probado. Y siempre pido platos que no me haría en casa. No entiendo mucho a las personas que salen a comer por ahí y van a lo seguro, a los macarrones, o las lentejas, que es lo que comen normalmente en sus casas, por miedo a que no les guste lo que piden.



Pues bien, en los últimos tiempos, he ido probando algunos productos nuevos en mi cocina.

Las batatas, que nunca había probado en ningún sitio ni había comprado. Desde hace un par de meses tengo siempre un par de ellas en casa, para asar con verduras, para acompañar a distintos platos hechas al vapor, y el otro día se las hice fritas a mi hijo mayor, y le encantaron.


La leche de almendras. He probado la leche de coco y la de almendras, y esta última de distintas marcas, y que quedo con esta, que está muy suave y no tiene azúcar. Muchas mañanas me la tomo con una infusión y me gusta mucho. Al principio echaba de menos el café, y se lo eché a esta leche, pero no me gustó, y tampoco con la de coco, así que he dejado el café, que tampoco me sentaba muy bien, y ahora con esta bebida me encantan mis desayunos.


Los dátiles medjoul. De esto tiene toda la culpa Anita. Los compro en el Lidl una vez a la semana, y me llevo un par de ellos para almorzar algunos días al cole. Otras veces si tengo hambre a media tarde me como uno. Están buenísimos.


No tienen mucho que ver con los dátiles normales que nos venden. Estos son muy carnosos y muy dulces. Los tomo con mantequilla de cacahuete.


El aceite de coco. Esto es lo último que me ha llegado tan solo la semana pasada. Y no sé aún qué usos le voy a dar. Me he hecho la tortilla de la mañana con él y le da un sabor muy bueno. Iré probando a ver qué combinaciones me gustan con este aceite, aunque es muy caro, y creo que usaré en contadas ocasiones.


martes, 24 de mayo de 2016

Respuestas de mis alumnos

De mis alumnos y de todos los alumnos del mundo mundial.

Los lunes por la mañana tienen tanto que contarse que todo lo que les digas da igual, lo importante es lo que dice su compañero.



Varios alumnos están hablando, nombras a uno y le pides, por favor, que guarde silencio. Es muy raro que lo haga, sin más, siempre contesta:

- Pero prooofeee, si él también estaba hablando...


Esto ya os lo he contado, me ha pasado más veces, y creo que a todas las profesoras les ha ocurrido en algún momento. Alumno concentrado con sus tareas, levanta la mano para llamarte y lo que sale de su boca es:

- Mamaaaaaá.


Alumno que levanta la mano excitado.

- Prooofeeee, prooofeee.

- ¿Quéeeeee?

- Se me ha olvidado.

Estás en medio de una explicación y tus alumnos se ponen a recoger, lo guardan todo, meten las cosas en la mochila y tu sigues hablando a la nada.


Te miran, se sonríen, no dicen nada, y mientras tú les obligas a sacarlo todo de nuevo, toca el timbre.

De veras, a veces me gustaría aprobarlos a todos, pero luego veo lo que ellos hacen, o no hacen, y se me pasa enseguida.

lunes, 23 de mayo de 2016

Mi peluchín

Hace días os presenté en IG al nuevo miembro de la familia.


Vino con disgusto incluido. Bueno, quizá no sea para tanto y esté exagerando, pero de verdad que me disgusté un poco.

Os cuento. Siempre he tenido gato en casa. En realidad, siempre he tenido gatas, desde que era muy pequeña.



La última me la regaló mi padre antes de marcharse de casa (mis padres se separaron cuando yo tenía 22 años) y murió hace ya unos años, pero no nos habíamos decidido a tener otra gatita porque lo pasamos bastante mal. Quien tiene en casa animales sabe lo que es este tema.

Pues bien, llevamos ya una temporada pensando que si perro, que si gato, que si adoptamos, que si compramos... Y habíamos avisado en varios lugares para que nos dijeran si encontraban una gata para nosotros.



Después de mucho tiempo, aparece una señora que dice que tiene una gata, mezcla de siamesa, pero que es muy buena y muy bonita. Nos manda unas fotos, y nos parece bien.

Cuando mi chico va a buscarla, se da cuenta de que es un gato, pero no le da importancia y se lo trae a casa. Y yo no quiero gatos en casa. No solo porque no me gustan, y ya tengo tres tíos sin necesidad de meter a otro más. Es que los gatos huelen fuerte, marcan el territorio y yo vivo en un piso.



El caso es que no voy a echar al gato de casa por ser un gato, pero nos han engañado vilmente y nos hemos dejado. Os diré que la señora nos lo regaló, aunque cría gatos, porque no es de raza y porque creo que, al ser chico, no se lo endosaba a nadie.



Bien, pues he discutido con mi chico a cuenta de esto, y mucho. Y no es que quiera echar al gato de casa, pero era algo que me hacía mucha ilusión, tener de nuevo una gatita, y ahora ha dejado de ser ilusionante para mí. Supongo que se me pasará, pero estoy cabreada, con todos en general. Aunque el gato no tiene culpa de nada.

El caso es que mis hijos están encantados. Y he visto, en estos pocos días, que algo he debido de hacer bien con mis hijos (no creáis, que muchas veces lo dudo). Porque veo el cariño que muestran al animalito, las caricias, y la forma de tratarle, los cariñitos que le dicen, y reconozco mis palabras en boca de ellos, reconozco mi forma de tratarles a ellos en la forma en que ellos tratan al gato; porque soy muy cariñosa y pesada, de esas que están todo el día besuqueando y tocando y piden cariños constantemente. Y ver que mis hijos son así con el gatito me hace bastante feliz.

A pesar de haber metido a un cuarto tío en mi domicilio... grrrrrrr.