jueves, 23 de enero de 2020

Sin propósitos

Los que pasáis por aquí desde hace tiempo, sabréis que suelo hacer por estas fechas (quizá un poco antes) mis propósitos para el año nuevo. El año pasado creo que no los hice y este año tampoco voy a hacerlo. Y en ambos casos ha sido por razones distintas.



El año pasado no veía la luz, ni el túnel en el que estaba metida ni nada de nada. Solo quería que pasaran los días, que terminaran las Navidades y que llegara ya la primavera. Tenía fecha puesta para mi separación y lo único que quería era ir arreglando cosas para que el día llegara cuanto antes. Solo quería pasarlo, sobrevivir a ello, ser fuerte, llevarlo lo mejor posible.



Este año no tengo propósitos justo por lo contrario. Quiero seguir como estoy, disfrutar de la vida como estoy haciéndolo, que nada cambie. Ya sé que las cosas cambian, que todo evoluciona, pero estoy tan bien como estoy que no hay nada que desee, ni cambios previstos en el horizonte.



Estoy a gusto, mis hijos van bastante bien, con sus cosas como todo el mundo, pero bien; también he empezado gimnasio nuevo y tengo mucha motivación y ganas. Además, estoy bien en el trabajo, mis alumnos de este año me gustan, tenemos buen ambiente, tengo ganas de hacer cosas. Y mis amigas siguen siendo mis amigas después de la tormenta del último año. Las personas que más quiero me han demostrado que se merecen ser llamadas amigas una y mil veces.



¿Qué más puedo pedir? Creo que nada. Quedarme como estoy ahora mismo, pero, si puede ser, con menos frío, que ya estoy mayor para estos fríos. Porque las temperaturas llevan una temporada muy bajas por aquí por el norte, y no apetece ni moverse de casa. Y no parece que vayan a mejorar en los próximos días.


miércoles, 22 de enero de 2020

Mi chico en la universidad

A principio de curso, en septiembre, os comentaba que mi hijo mayor acababa de empezar las clases en la universidad y que estaba entre ilusionado y asustado.



Se había marchado a vivir a otra ciudad, aunque la verdad es que con la inmensa suerte de todos los implicados, tengo que decirlo, de que vive con su abuela, y está en casa, come estupendamente, tiene calor y una vida ordenada. Pero el cambio, tantos cambios juntos, era importante en su vida.

Os contaba entonces que estaba ilusionado con sus profesores, con el hecho de ir a la universidad, pero un poco asustado por conocer a gente, por adaptarse, por estar bien en Valladolid. Y tan solo unos días después ya estaba plenamente adaptado.



El ritmo del cuatrimestre ha sido de infarto. Con clases toda la mañana desde muy pronto, al menos una tarde a la semana también de clases y la escuela de idiomas dos horas todas las tardes. Ha estudiado mucho, ha estado muy motivado y ya puedo decir que todos sus esfuerzos han obtenido resultados.

Pero es que además ha salido bastante, tiene una pandilla en la ciudad, se lleva muy bien con sus compañeros (incluso hicieron un amigo invisible estas fiestas) y está muy contento en su ciudad de acogida.

No se puede pedir más, ¿verdad?



Bueno, siempre hay un pero, aunque es inevitable y no sirve de nada lo que haga o diga: se pone muy nervioso con los exámenes y los estudios. Estudia mucho, se exige mucho, no descansa lo suficiente, y luego se estresa, se pone nervioso, le cuesta concentrarse, le duele la cabeza... Pero conozco a una persona, pariente directo de él, a la que le sucedía lo mismo, ya en el instituto y más aún en la universidad. Y por eso sé que es bastante inútil todo lo que los de alrededor hagamos o digamos. Tiene que aprender él solo a llevar estas cosas, a regularse, a no exigirse más de lo que puede...



Ahora mismo,  y aprovechando el parón de enero, está haciendo las prácticas del carnet y pretende sacárselo cuanto antes. Ya os contaré.

martes, 21 de enero de 2020

Degenerado, de Ariana Harwicz

Tenía este libro entre mis pendientes desde hace tiempo, y eso que es corto, pero ya sabía que iba a ser duro de leer. Y no me equivocaba.



Título: Degenerado
Autora: Ariana Harwicz
Editorial: Anagrama

Se me ha hecho muy cuesta arriba el lenguaje y el estilo de esta escritora, retorcido y lleno de matices y dobles sentidos, muy culto, plagado de referencias históricas, literarias, culturales... que me lo han puesto muy difícil para seguir la trama.

Además, al personaje principal no me lo he creído. Sé que es un intento de ponerse en la piel de un degenerado, de un hombre que es lo más bajo y ruin de la sociedad,  de entenderle, de saber sus motivos. Pero a la vez, narrado en primera persona, y con tantas referencias culturales, se me hacía muy difícil reconocer al degenerado en esa prosa que se supone que sale de él.

Ha sido mi tercer libro del año, y después he continuado con novelas mucho más convencionales. Creo que está muy bien leer cosas que te muevan por dentro, aunque esta obra no me haya gustado demasiado; salir de lo que solemos leer y conocer otras cosas te lleva a explorar libros que nunca habrías leído y a moverte por territorios distintos, que, al menos eso pienso, te hacen crecer.


lunes, 20 de enero de 2020

Virgin River

Estas pasadas vacaciones he visto esta serie, que es una de esas sin pretensiones, de las de ver mientras coses o mientras comes o simplemente para estar entretenida.



La historia está mil veces contada: persona que se va a un lugar alejado de la civilización para olvidar un hecho traumático de su pasado. Y allí, cuando menos lo pensaba, encuentra el sentido de la vida.



En este caso se trata de una enfermera, contratada para ayudar al médico del pueblo, y que no es demasiado bienvenida cuando llega al pueblo. Allí conoce a muchas personas, pero sobre todo al dueño del bar del pueblo, que la ayuda en todo y que desea que se quede por encima de todas las cosas.

La serie está basada en este libro. No sabía nada de él y tampoco es que me den ganas de leerlo.  Supongo que será una novela romántica, como lo es la serie.


Lo dicho. Entretenimientos in pretensiones que ha estado bastante bien.