viernes, 14 de junio de 2019

Hijos

Es complicado encontrar el equilibrio con los hijos. En todos los terrenos.

El equilibrio entre lo que ellos quieren hacer y lo que nosotros pensamos que es bueno para ellos. Entre lo que nosotros queremos y lo que quieren ellos; entre lo que nos gustaría y lo que sabemos que tienen que hacer.



Ahora que mi mayor ha terminado en el instituto y se marchará de casa, me pregunto si he hecho todo lo que tenía que hacer como madre. La respuesta es no. Por dos motivos: uno, porque me queda mucho por ayudarle, orientarle, estar ahí siempre que él me necesite y también cuando él piense que no me necesita. Y el otro motivo es porque, aunque pensemos que nuestros hijos han sido bien educados, se han desarrollado bien y estemos orgullosos de ellos, seguro que hay cosas que podríamos haber hecho de manera diferente, o cosas que no hemos hecho y que tendríamos que haber intentado. Educar es una labor a tiempo completo y nunca sabes en qué cosas has ido fallando.



Pero, y esto es un consejo para mí misma a la vez que para quien me lea, no podemos intentar enmendar los errores cometidos con la educación de un hijo en otro. Siempre se dice que cada hijo es distinto. Y en mi caso es cierto. Son tan diferentes que, excepto en lo físico, no parecen hermanos. Y no es que uno sea todo virtudes y el otro todo defectos: es que son absolutamente distintos, tanto que son incomparables.

Por eso hay cosas en la educación de uno que no he podido hacer en la de otro, para bien o para mal. Y por eso ya ahora, a estas edades, ambos llevan caminos diferentes que no sabemos hacia dónde les llevarán, así como tampoco sabemos si los dos serán felices con sus vidas, que al fin y al cabo es lo importante de todo esto.

Supongo que hoy tocaba hacer balance. Salen esta mañana las notas de la EBAU, notas que sé que serán buenas, y que no necesita que sean excelentes para lo que quiere estudiar. Empieza para él ahora una nueva etapa, un verano en el que pretende seguir estudiando idiomas, sacarse el carnet de conducir y divertirse mucho, porque el curso ha sido duro. Y supongo que me he puesto melancólica pensando en que hace nada era un bebé absolutamente dependiente en todo de sus padres.



Me hace feliz ver lo que ha ido consiguiendo él solo y creo que me seguirá haciendo feliz verlo seguir su camino.

miércoles, 12 de junio de 2019

La casa del mirador ciego, de Herbjørg Wassmo

Alguien me recomendó este libro encarecidamente. No solo este libro sino la trilogía que comienza con él. Y no pensé que fuera mi momento de embarcarme en una historia así, dura, tremenda... pero lo hice. Y me ha gustado mucho.



Título: La casa del mirador ciego
Autora: Herbjørg Wassmo
Editorial: Nórdica

Como os digo, La casa del mirador ciego es la primera parte de la trilogía de Tora, cuya protagonista en este caso es una niña casi adolescente que vive con su madre y su padrastro en un lugar inhóspito y duro, un edificio de viviendas de una localidad pesquera en Noruega. Los habitantes del pueblo son todo para Tora, que se siente encerrada en un lugar donde la persigue un pasado que ella apenas conoce y que le marca desde el nacimiento.

Se trata de una novela, como he dicho, muy dura, contada de una forma bastante personal, en tercera persona pero centrada en el personaje de la niña, de la que vamos conociendo sus pensamientos y sus ideas, y desde el primer momento eso hace que te encariñes irremediablemente con ella por su indefensión, su escasa autoestima y por tantas cosas que están presentes desde el mismo comienzo. Y también es un libro que habla de culpa, de vergüenza, de familia, de protección, de muchos temas que van desgranándose poco a poco con la lectura.

El estilo de la autora es muy poético, y me ha parecido maravilloso.

Una pequeña joya, que me ha conmovido y me ha dejado con ganas de seguir con el siguiente. Recomendadísimo.

martes, 11 de junio de 2019

Dos días de fiesta

Todos los años, cuando llegan estas fechas, el curso está terminado. Y no solo porque quede una semana de clase, porque ya está hecho todo lo que tiene que estar hecho, sino porque son las fiestas del pueblo donde trabajo, nos dan dos días sin clase, y los chicos muchas veces no vuelven después de las fiestas, o al menos muchos no lo hacen de manera regular, porque están cansados, y porque la semana que viene, con la resaca de estas fiestas, son las del pueblo de al lado, uno de los más importantes de la zona, y empieza la temporada de ir de fiesta en fiesta y de pueblo en pueblo.



Todo fiestas, así que muchos de ellos no se presentan a esa recuperación que podría salvarles el curso, o no estudian para ella, o dejan la materia por abandonada o terminada a tan solo una semana del final.

Por eso yo termino con todo hoy, antes de que mañana y pasado hagamos ese parón que es tan malo para ellos, justo a unos pasos de la meta. Termino y solo me queda la recuperación de los suspensos, sabiendo que si suspenden y van a la recuperación significa que nos veremos en septiembre, porque no creo que vea sus caras más que para recoger las notas.



Aún no he hecho cuentas, no he corregido todo lo que les estoy recogiendo, día a día, pero los resultados están claros. Tengo diez alumnos, cinco en cada clase, y conmigo aprobarán más del cincuenta por ciento, quizá las estadísticas no terminen siendo tan malas, pero los que pasarán de curso serán pocos, unos por abandono y otros por repetición.

Y es que este año me he sentido fracasada prácticamente todo el curso...



Lo bueno es que esto se acaba y que, supongo, ya vendrán años mejores.

lunes, 10 de junio de 2019

One day at a time

Alguien (creo que fue Sara) me recomendó esta serie, que no me llamaba nada la atención, pero mi peque y yo nos pusimos con ella y nos hemos enganchado.



Se trata de una comedia de situación ambientada en Miami y protagonizada por personajes hispanos en su mayoría, con unas características muy marcadas que les vienen de su país. Pero además de eso es una crítica al Estados Unidos actual, y tiene mucha ternura, es muy actual y me está gustando.



Hemos visto solo una temporada, de momento, porque las últimas semanas no dan para mucho (llevamos de Semana Santa hasta ahora que no paramos más que para coger impulso) pero seguiremos con ella este verano.



Los actores protagonistas están muy bien todos, empezando por la madre de la familia, sobre la que gira la historia, interpretada por Justina Machado, una cara conocida de series como Jane the Virgin. Pero también destacaría el papel de la abuelita, interpretado por la inolvidable Rita Moreno, muchos años después de su Oscar por su papel en West Side Story. Una mujer con cerca de noventa años y un cuerpazo y una vitalidad alucinantes.

Recomendada para pasar el rato, como sitio agradable al que volver cuando no te apetece complicarte o, como os contaba y os reíais con ello, una serie de esas que puedes ver sin gafas y mientras tejes.