miércoles, 20 de junio de 2018

Cuando no se valora tu trabajo

Una de las cosas por las que no estoy del todo a gusto en mi centro actual (una de las pocas cosas, porque en general sí estoy bien) es porque siento que mi trabajo se valora muy poco, o nada.



Sé que tiene más que ver con el puesto que ocupo que conmigo en particular, o al menos así lo quiero ver. Me explico. Siempre he trabajado en departamentos de Lengua, uno de los departamentos más grandes de secundaria, vayas donde vayas, y también uno de los más importantes. En esos departamentos, siempre me ha gustado organizar actividades como encuentros literarios, como concursos, proyectos interdepartamentales, no sé, cosas. Y siempre me he visto apoyada por compañeros o equipos directivos en lo que he organizado.

En este centro pertenezco al departamento de orientación, que a mí me parece la piedra angular del instituto; debería ser así en todos los sitios. Aquí funciona muy bien, mi orientadora es la caña, trabaja un montón y atiende las necesidades de todo el instituto sin pestañear. Pero tengo pocos alumnos, y son alumnos por los que el sistema educativo, y los profesores que les han dado clase, ya no apuestan. Son alumnos que molestan en clase, que no entienden, que no trabajan, que no siguen el ritmo de los demás,... Esos alumnos entran en el programa que intenta que salgan adelante, pero en cierto modo también los aparca, los separa de sus compañeros, y así no molestan. Y están conmigo. Conmigo y con los otros profesores que les impartimos clase. Aparcados conmigo, es decir, todos aparcados, incluyendo sus profes.



Entonces, mi influencia sobre el alumnado del centro ya no es importante. Y no me refiero a mis clases, sino a otro tipo de actividades que pueda organizar. Mis alumnos son pocos y no son los más dispuestos para realizar proyectos o para implicar a los demás en ellos.

Recuerdo cuando hicimos el libro viajero entre alumnos.

Recuerdo nuestros concursos de cartas, de relatos.

Recuerdo nuestro programa de radio.

Recuerdo nuestros proyectos.

Recuerdo nuestros múltiples encuentros literarios.

Y me siento aquí poco valorada, porque muchas de las cosas que organizo no llegan a nadie (vale, sí, pero solo a unos pocos), porque no se me tiene en cuenta para hacer cosas.



El otro día, una profesora hablaba de si podíamos o no meter a un alumno en el programa que yo imparto para el próximo curso. Decía que no estaba de acuerdo, porque allí no hacen nada. No estaba yo delante, y no pude defenderme, pero no es la primera vez que expresiones parecidas salen de boca de mis compañeros. Siento cuando hablan así que menosprecian mi trabajo. Yo sé lo que hago, y que puede parecer poco para algunos, porque mis alumnos, los de PMAR, y léase despectivamente, suben y bajan las escaleras como si no tuvieran nada que hacer, realizan carteles, murales, van mucho al aula de informática, de vez en cuando salen del centro con su profesora a dar un paseo, o a tomar un café que les prometo si trabajan bien... Llevan un ritmo que no es el del resto, y a veces parece que molesta a los demás, que mis compañeros no lo llevan del todo bien.

Simplemente quería dejar constancia aquí de cómo me siento: siento que no se aprecia lo que trabajamos, que en cierta manera se considera bastante inútil lo que hago con mis chicos, y además resulta que me apunto a todas las salidas y extraescolares que hay, y seguramente sea porque no me gusta trabajar.

martes, 19 de junio de 2018

Dos libros ilustrados

Tengo muchos libros sin reseñar, y el ritmo de lecturas de este año hace que no pueda hacerlo con todos. Normalmente me dejo en el tintero los que más me han decepcionado. Y, por eso mismo, no quería dejar pasar el tiempo sin hablar de estos dos libros ilustrados.




Título: Las hijas de Antonio López
Autora: Rebeca Khamlichi
Editorial: Bridge

Había visto este libro por Instagram, había leído buenísimas críticas, y decidí que sería el libro que le regalaría a mi compañera del intercambio que organizó Itziar de vidas de mercurio: Perdidos en un buen libro.

Cuando me llegó a casa, me dispuse a hojearlo, me puse a leerlo y finalmente, me lo terminé en dos días. Así que tuve que encargar otro para mi regalada, para no enviárselo ya de segunda mano.

Me pareció una historia muy dura contada de forma maravillosa y con unas ilustraciones fantásticas.

Su autora, dice de su libro que le gustaría decir que "es un ajuste de cuentas con la vida", pero no es exactamente eso. Se trata de la terrible historia de la niñez de la artista, a medio camino entre el fanatismo religioso de su madre y el alcoholismo de su padre, que le decía a la gente que él era Antonio López. La historia es, como os decía, dura y a la vez llena de ternura, ironía e incluso un toque de humor. Si os fijáis en la niña-monito de la portada, os imaginaréis por la ilustración la forma en que está contado el argumento. Me ha parecido un libro maravilloso y lo recomiendo vivamente.



Título: Fun home. Una familia tragicómica
Autora: Alison Bechdel
Editorial: Reservoir Books

Bienve me regaló este libro por mi cumple y, aunque me lo he dosificado un poquito, lo he terminado enseguida, porque es una novela gráfica y eso siempre me encanta para leer, y luego se acaban enseguida.

Fun home es también una historia ilustrada, en este caso en forma de cómic, y es también una autobiografía. Nos cuenta la infancia y primera juventud de su autora, Alison Bechdel, artista bastante conocida en Estados Unidos (de la que reconozco que nunca había oído hablar, ni de ella ni de este libro).

Se basa principalmente en la relación que mantenía con su padre, y con la literatura, ambas estrechamente ligadas; relación que está llena de decepciones y de silencios. Es un libro en clave de humor y de ironía pero que cuenta una historia dura. Me he enterado después de que existe una adaptación de esta obra al teatro musical que ha obtenido bastante éxito.

No creo que sea una obra para todos los públicos pero me parece una historia muy fresca, que habla de la homosexualidad de una forma que antes no había leído, en la que los problemas de familia son los de todas las familias y la falta de comunicación es el principal de ellos.

lunes, 18 de junio de 2018

Las notas

En estos días estamos a vueltas con las notas, con las calificaciones, con los aprobados y suspensos. Y es una de las cosas que menos me gusta de mi trabajo. ¿Cómo poner un número a lo que han hecho los chicos a lo largo de nueve meses? Es muy difícil y, lo mires por donde lo mires, injusto.



Lo peor es que muchos de mis alumnos no se merecen aprobar, ni por el nivel de trabajo que han desarrollado, ni por las ganas que le ponen, ni por el esfuerzo, ni por la actitud. No se lo merecen un noventa por ciento de los casos. Pero vamos sumando cosas, intentando que no resten sus condiciones sociales, familiares, sus problemas de aprendizaje, su rechazo hacia lo académico... Y entre unas cosas y otras terminan por aprobar algunos. Aunque les da bastante igual en general. No encuentran alicientes en los estudios y están tan acostumbrados a suspender que les resbala que les hables de sus resultados.



En mi segundo de PMAR aprobarán todos menos uno. Y ese uno suspende porque falta tanto a clase que no entrega trabajos ni actividades, con lo cual me es casi imposible evaluarle. Los demás han trabajado bien. Poco pero bien, han escrito mucho, han leído bastante (aunque no estoy muy satisfecha con la cantidad de lecturas de este año) y hemos hablado y escuchado un montón (exposiciones orales a mogollón, de temas de lo más diversos). Di prioridad, viendo el tipo de alumnos y las necesidades, a las destrezas básicas, a leer, escribir, hablar y escuchar, por encima de todo lo demás. Y creo que ha ido bastante bien. El año que viene lo veremos en tercero.

En tercero las cosas estaban más complicadas. Tengo varios alumnos que empezaron muy justos y no han ido a mejor, sino a peor. Si vas alrededor del cinco, o del cuatro, lo normal es que al final termines suspendiendo, porque el final de curso aquí está lleno de distracciones. El caso es que han aprobado bien, holgados, cuatro alumnos de diez. Los otros van muy justos y estamos intentando recuperar con algunas actividades extra para estos días.

En cuarto los resultados, sin ser pésimos, han costado mucho y no son lo buenos que me hubiera gustado. Aprueban tres alumnos, los tres que han aprobado todas las evaluaciones. Tres de siete. Tener siete alumnos y que suspenda la mayoría es un fracaso. Hay otros dos que titularán aún con mi materia suspensa, lo cual está bien, porque al final, combinando todo, serán cuatro (puede que cinco) alumnos titulados entre junio y septiembre. Y los otros lo tienen dificilísimo, así que estamos buscando alternativas y salidas para ellos.



Como digo, se podían haber hecho las cosas mejor, podían haber aprendido más, y podían haber aprobado más alumnos, pero resulta que luchamos contra todo, incluido ellos mismos, que no tienen ganas de nada y les importa muy poco lo que pase. Son los típicos alumnos que en estas últimas semanas de curso se ofrecen a hacerte un trabajo, entregarte el cuaderno, hacer el pino o lo que sea, cuando no han aprobado ninguna prueba en todo el año. Y otros ni siquiera eso.

domingo, 17 de junio de 2018

Mi semana 24/52

Estamos terminando el curso, y por lo tanto, las semanas resultan largas y complicadas. Esta ha sido especial porque he tenido dos días de fiesta y un viaje con chavales.



El lunes fui a clase bastante cansada después del fin de semana fuera y tuve muy poquitos alumnos, porque en el pueblo donde trabajo estaban de fiestas ya desde el fin de semana y les daban descanso el martes y el miércoles pero no el lunes. Y muchos se lo tomaron. Fue una mañana tranquila, de repaso, de preparación de papeles y demás.

Como os contaba, el martes y el miércoles no tuvimos clase, así que me dediqué a descansar y también a estudiar con mi peque los últimos exámenes del trimestre.

El jueves fui con los alumnos a Madrid al Museo del Prado y el Museo del Traje. El viaje fue muy cansado, pero los chicos se portaron genial y les gustó mucho el viaje, especialmente el Prado, que ninguno de ellos conocía. Quedaron impresionados al entrar. Y la visita guiada estuvo muy bien, sin cansarles ni aburrirles. En el museo del Traje la guía llegó tarde, luego intentó darles un mitin político en cada explicación, y los chicos estaban cansados. Se portaron bien, pero se aburrieron.



El viernes mi hijo pequeño tenía la prueba para la que llevaba preparándose meses y meses. La prueba de acceso a profesional en el conservatorio. Afortunadamente para él, su madre estaba más nerviosa. Dice que le salió bien, aunque no depende solo de lo que haya hecho sino de las plazas que haya. En unos días saldrán las notas.

Y ayer sábado nos abrieron la piscina y la estrenamos. Mi peque estaba deseando ir, y pasó la tarde sin salir del agua. Empieza ya la temporada de verano, tan diferente al curso y el invierno, y que creo que nos la hemos ganado.

Al pequeño de la familia le falta un examen para acabar el curso, y el mayor ya lo tiene todo terminado, incluso la adolescencia. Está mucho más maduro y responsable en todo, no solo los estudios. Y va a traer muy buenas notas.

Y a mí... a mí me faltan cuatro días de clase, porque el viernes ya os conté que todo el instituto nos vamos a la piscina a pasar el día, como actividad de convivencia y despedida del día. Me falta una semana complicada, de poner notas, de hacer papeleos, de rematar cosas, de recoger (porque tengo un despliegue dentro de los armarios y fuera que ya ocupa media mesa del departamento)...



En fin, que ya nos queda poco, que estoy bien, que llego al final del curso con energías, y eso no es muy normal así que no tengo nada de qué quejarme. Bueno, sí, de todo lo que se me sale este año por fuera del bikini, pero eso es un mal menor...