lunes, 10 de diciembre de 2018

Mejorando levemente

Os preguntaréis cómo siguen las cosas con mis alumnos. El título os lo dice: mejorando, muy poco, casi imperceptiblemente, pero desde luego no empeorando, quizá porque esto último era difícil.



Mis alumnos de tercero no dan problemas. En realidad, dan un único problema: dos de ellos faltan muchísimo a clase. Esto es así desde que empezaron el instituto, se ha hablado con la madre, se ha intentado hablar con ellos pero da igual. Cualquier excusa es buena para no venir a clase. La media de faltas es de dos días a la semana, más o menos. Y lo peor es que otro alumno de la clase se está animando a hacer lo mismo y el mes pasado se ha quedado en casa tres días, sin justificación ninguna.

En esa clase tengo un alumno con dificultades con el lenguaje, que además es muy vaguete, pero lo vamos llevando y vamos mejorando.



En segundo la cosa es muy diferente. Tengo los dos alumnos disruptivos que os comenté y se han tomado medidas disciplinarias con ellos. Dichas medidas a mí no me sirven, y lo digo no como queja, porque formo parte de la comisión que las ha decidido, pero a veces no se puede hacer otra cosa. Y digo que no me sirven porque uno ha estado en este trimestre primero tres días en un aula él solo, luego seis, y luego cinco días en su casa. Llevó trabajo que por supuesto no hizo. Y el otro ha estado, otra vez (ya estuvo tres antes), seis días en un aula él solo, con trabajo, mirando al vacío y aburriéndose. Y no sé si eso les hará cambiar de actitud, algo que dudo, pero si en una clase de cinco me quitas dos y yo pretendo que se enteren, que hagan algo y que se motiven, me paso una semana sin poder avanzar en el temario porque no quiero que se me pierdan. Y si viniendo a clase ya se pierden, imaginad que les digo: mientras no estábais hemos explicado esto, hemos trabajado esto otro y ahora os toca poneros al día. Teniendo en cuenta, además, que tengo siete horas a la semana con ellos, que nos vemos todos los días.

Así que tuve que idear una forma de que los otros trabajaran algo sin dejar atrás a los castigados, y me propuse, por un lado seguir con un proyecto ya empezado, el eje cronológico de la Edad Media, añadiendo cosillas, y por otro empezar un proyecto que pudiéramos terminar en una semana, para tres personas, y que les tuviera entretenidos. Estuvimos haciendo un pequeño trabajo en los ordenadores. Y parece que, al menos, estuvieron contentos y motivados.



Al regresar todos los castigados, tuve otra vez un encontronazo con uno de ellos. Poneos en situación. No tenemos libro de texto así que suelo explicar y usan su cuaderno, pero con estos chicos ya vi imposible que estuvieran atentos y además apuntaran algo así que les doy fotocopias de muchas cosas. Las fotocopias las paga el centro. Y ellos no han tenido que comprar libro de texto. Por eso les doy una charla a principio de curso sobre el cuidado de los materiales, sobre cómo deben guardar cada tema, los apuntes, los ejercicios y demás. Reparto dos fotocopias (un tema entero) con su grapita puesta y con fotos y ejercicios incluidos que había estado buscando dos noches antes. Uno de ellos coge las fotocopias, las dobla en dos, en cuatro, en ocho, las hace un gurruño y las tira a la mochila.

- Oye, no. De ninguna manera. Esas fotocopias, sácalas de la mochila y estíralas.

- Son mías y hago con ellas lo que quiero.

- Pues devuélvemelas que ya no son tuyas.



Me las dio, pero ahora se me plantea una duda. ¿Sigo entregándole cosas, como a los demás, porque si no, no puede seguir la clase y puede decir que no le doy el material, o reparto fotocopias y a él no le doy?

No sé lo que voy a hacer hoy con este alumno, pero os aseguro que en estos momentos no tengo nada de ganas de verlo.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Querido Miguel

Había leído hace no mucho otro libro de esta autora, y me apetecía probar con un nuevo título.



Título: Querido Miguel
Autora: Natalia Ginzburg
Editorial: Acantilado

Me costó muy poco entrar en la historia, porque la narración epistolar me gusta mucho habitualmente. Vamos conociendo a Miguel a través de las cartas que le escribe su madre. En contadas ocasiones aparece un narrador que nos cuenta algún hecho pero la mayor parte de la trama la conocemos por los personajes, por lo que se dicen unos a otros. De esta forma, sesgada y poco fiable, vamos sabiendo quién es Miguel, el personaje que da título a la novela, pero también su madre, sus hermanas y el resto de personajes.

La forma de escribir de esta autora me gusta mucho, porque a través de pequeñas pinceladas sientes que conoces mucho más de lo que se dice. Y los personajes son todos muy auténticos.

Me ha encantado y me ha dejado con ganas de  volver a repetir escritora.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Planes de puente

Hace ya años que este puente no lo aprovechamos para nada. Recuerdo alguna vez, hace mucho, que viajamos a Londres o a París aprovechando estos días, que a veces llegan a ser incluso cinco días completos. Pero desde que los niños fueron creciendo, los puentes son ese momento del trimestre en que más deberes tienen y más tenemos que estudiar.



Ayer el mayor salió por primera vez en meses, al cine sin más, pero estuvo a punto de no hacerlo porque no sabía si se quedaría dormido al empezar la película. Su nivel de autoexigencia este año está siendo terrible. El pequeño simplemente se pasó media tarde protestando porque no era viernes y tenía las clases de los miércoles, que son muchas, nada menos que sale de casa a las cinco y vuelve a las nueve y media. La otra media tarde se la pasó en clase, claro, supongo que pensando en estar en casa, con su sofá, su manta y el pijama puesto; las cosas favoritas del fin de semana.



Los planes para el puente son, como imaginaréis, quedarnos en casa y estudiar todo lo posible. Cinco exámenes en cinco días para el peque, más el trimestral del instrumento, y preparar dos conciertos. Y tres exámenes para el mayor, que no son los más complicados, porque esos ya los ha pasado.



Por mi parte no me quejo: tengo libros y tengo lanas y agujas. No necesito nada más para estar entretenida. Probablemente en algún momento nos escapemos al cine, que hay un par de pelis que queremos ver. Nada más. Pero, como digo, no me quejo. Me gustan estos puentes para quedarme en casa, para cocinar un poco más, recoger cosillas, estar tranquila...

¿Cómo se presenta vuestro puente?

miércoles, 5 de diciembre de 2018

El método Kominski

En un par de ratos, he visto esta serie de Netflix que me ha resultado curiosa.




En primer lugar, por los dos protagonistas, un Michael Douglas ya con muchos años que se ríe de la edad y de los convencionalismos y un Alan Arkin que está impecable en su papel. Y además por  la originalidad de una serie con un formato de capítulos cortos que no es una sitcom, ni es exactamente una comedia, ni un drama sino que fluctua entre ambas, a veces con mejor y a veces con peor suerte.



El protagonista, Sandy Kominski, es un actor que dirige su propia escuela de actores, y que, a pesar de la edad, en muchas cosas es muy inmaduro, sobre todo en sus relaciones con los demás.



La serie viene avalada por su creador, Chuck Lorre, el mismo de Big Bang theory o Dos hombres y medio. Pero esta serie es otra cosa. Tiene un humor negro bastante personal, y un reparto de lujo que empieza por los protagonistas y continua con un montón de actores que todos reconocerán cuando los vean.




No es una de esas series que yo recomendaría, ni mucho menos a todo el mundo. Y tampoco es la mejor serie que haya visto últimamente, pero da gusto ver cómo un gran actor llena la pantalla como lo ha hecho siempre. Y personalmente, la he disfrutado mucho. Mi hijo mayor y yo la hemos visto y disfrutado en sus descansos del estudio, y ha sido una acertada elección para estos días.