lunes, 22 de diciembre de 2014

Buen intento

El sábado por la noche me convencí a mi misma para lo que iba a ser un día totalmente slow.

A las diez de la noche fui s buscar a mi chico al trabajo (se le ha estropeado el coche) y me dio la noticia de que le tocaba trabajar el domingo. A las seis de la mañana.



Ya estaba viendo mi día slow poco a poco yéndose por el desagüe.

Domingo.

Me levanto a las 5,40 para llevar a mi chico a su trabajo. No me puedo quedar sin coche por el lugar donde hemos quedado a comer y porque tengo que hacer un recado por la mañana. Me pongo unas botas y un abrigo sobre el pijama y salgo pitando. Son diez minutos de ida y otros tantos de vuelta. Vuelvo despejada pero me obligo a volver a la cama.




No me duermo, y no me duermo. Al final, a las ocho y media, consigo dar una cabezada y, justo en ese instante, se me levantan de la cama los dos, como si se hubieran puesto de acuerdo. Son las nueve y cuarto.

Preparo tostadas para todos y desayunamos. Ellos tardan un suspiro, quieren aprovechar las vacaciones, la tele, los juegos...

Me lo intento tomar con calma. Pongo una lavadora, ya que ha salido el sol, y me siento al ordenador. No voy a hacer nada mas que eso, ducharme y arreglarme para salir a comer con los amigos.




Son las diez y cuarto. Me llama una amiga.

- ¿Puedes llevar también a la mía al tenis?, es que yo estoy trabajando y su padre está con la pequeña.

¡Ostras!, el tenis. Ni me acordaba. Como siempre va el padre de las criaturas... Además este domingo es el torneo de Navidad, uno a las doce y otro a la una. 

Oigo risas de fondo. Sé que es mi imaginación, pero por ahí alguien se ríe de mí y de mi osadía. Un domingo slow. A quien se le ocurre...

Salgo de casa a las once y media. Aún con el pijama debajo del plumas, y con las prisas no me he puesto ni sujetador. Recojo a la niña, llevo a los dos al tenis y, como mala madre que soy, soy la única que no se queda a ver el torneo. Vuelvo a casa, tiendo la ropa, plancho, voy a llevar al mayor y a buscar al pequeño.



Cuando llego, tarde, por supuesto, (y aún en pijama) me están esperando todos con cara acusadora para la entrega de premios con la presencia de los padres. Tengo al niño llorando a moco tendido porque en el último instante, en el último punto, ha perdido la plata, y no hay consuelo para él.

Me lo llevo a casa mientras juega su hermano, me ducho, me arreglo, ducho y arreglo al niño, salgo de casa pitando, llego tarde a buscar al padre, llego tarde a recoger la medalla del mayor, que encima me mira con cara de satisfacción. Este año oro, y su hermano todavía no ha dejado de llorar.

Llegamos tarde a la comida, ni un vino nos hemos podido tomar. Y mi chico está con anginas, fiebre y una tos de muerte, así que la sobremesa se va al garete.

Pero eso sí, nos traemos a una amiga del peque para que pase la tarde en casa y duerma aquí.

Ayer eran las dos de la mañana y seguían con risitas. Hoy a las ocho y media ya estaban arriba.

Y hasta aquí mi domingo de slow life.




Y hoy, hoy tengo miles de compras que hacer, miles, así que vamos a dejar lo de la vida relajada para cuando se pueda...

Si me lo propongo de nuevo, dadme un martillazo. Será más rápido y me ahorrará mucho sufrimiento.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Estampas de invierno

Ha llegado el invierno, al menos por aquí, sin pasar casi por el otoño.

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Hoy es el primer día de invierno, pero hace unos días que tenemos unas temperaturas gélidas, las normales a estas alturas del año, pero que a mí siempre me pillan con el pie cambiado.

Feliz domingo.





sábado, 20 de diciembre de 2014

Slow life

En la wikipedia dice lo siguiente: El movimiento lento (slow en inglés) es una corriente cultural que promueve calmar las actividades humanas. El movimiento slow propone tomar el control del tiempo, más que someterse a su tiranía, dando prioridad a las actividades que redundan en el desarrollo de las personas, encontrando un equilibrio entre la utilización de la tecnología orientada al ahorro del tiempo y el tomándose el tiempo necesario para disfrutar de actividades como dar un paseo o compartir una comida con otras personas. Los ponentes de este movimiento creen que, aunque la tecnología puede acelerar el trabajo, así como la producción y distribución de comida y otras actividades humanas, las cosas más importantes de la vida no deberían acelerarse.

Me gustaría apuntarme a eso de la Slow life. De verdad que me gustaría.

Pero es que soy de natural un poquito acelerada, y no sé si me estresaría lo de ir despacio por la vida.

Lo que sí puedo hacer, y creo que debo, más que nada por mi salud mental, es tomarme un día slow de vez en cuando.

Puede ser así:


  • 1. Al levantarte dedícate un tiempo a desayunar tranquilo y visionar el día que tienes por delante.


  • 2. Practica un hobbie sosegado.. Pescar, pintar, plantar; pero trata de hacer una sola cosa a la vez.


  • 3. Come despacio. Disfruta de la soledad o de una conversación si estas con más gente.


  • 4. Haz una siesta y tómate una hora extra en la cama, te lo mereces.


  • 5. Escribe cualquier cosa. Sumérgete en el día que has tenido.


  • 6. Sal de casa y practica el noble arte del dolce fare niente. Lee un periódico, observa las fachadas...


  • 7. Cena un menú con alto contenido en frutas y verduras.

  • 8. Lee un libro en la cama, abandónate a tus pensamientos y fluye.



Yo mañana me voy a dedicar a todo esto. He quedado con amigos para comer, no me voy a perder la siesta y voy a tomarme el día todo para mí.


Consejos tomados de esta página.