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viernes, 31 de diciembre de 2021

Cosas bonitas del 2021

Este año no ha sido bueno para la mayoría de la gente. Demasiada incertidumbre, intentando aprender a vivir de otra manera, con tantas pérdidas humanas, con nuevas costumbres, nuevas formas de vivir...

Aun así, creo que siempre se puede sacar algo bueno de todo, por lo que me gustaría recordar cosas que sí fueron buenas de este año que termina hoy.

En primer lugar, mi familia, todos están y todos siguen. Mi madre pasó el Covid,  pero afortunadamente con una vacuna ya puesta, y con síntomas pero leves. 

Mis hijos, que son mi todo. El mayor ha tenido años mejores, pero seguimos adelante, y el pequeño por fin está encontrando su manera de encajar en el mundo. Muy agradecida de los dos hijos que tengo. 

Mis amigas, tanto las del trabajo, en el que me rodeo de gente genial, que está ahí cada minuto, y con la que se puede contar siempre, como mis amigas, con las que a veces tardo en quedar o en vernos, a pesar de ser casi vecinas. Pero nuestros vermús y nuestras cañas arreglando el mundo son lo mejor. También mis kiwis, que siempre siempre están ahí, y en este año pudimos vernos al menos un par de veces. 

Mi pareja, esa persona que, contra todo pronóstico, sigue ahí dos años y medio después, al que conocí en el peor momento de mi vida y de la suya y que ambos hemos salido a flote juntos, luchando mil batallas. Y seguiremos. 

Mi Jenny, que llegó a finales del año pasado a nuestras vidas y ha supuesto una revolución. Nuestra casa ya no es la misma (a peor, claro) y nuestras vidas han cambiado radicalmente. Ahora tenemos un miembro más en la familia, alguien que depende de nosotros, pero que te da cariño a raudales cada minuto del tiempo que pasas a su lado. Me encanta tenerla. 

También ha habido más cosas buenas, o bonitas. En mi trabajo, cada día es una montaña rusa, en la que tienes a veces que trabajar duro y contrarreloj para entregar papeles y proyectos a tiempo y otras que secar lágrimas, animar, enfadarte, echar broncas, hablar con padres, hablar con abuelos... Creo que en los últimos meses me paso el día al teléfono con madres. Lo mejor, cuando te agradecen el esfuerzo. Y son muchas ocasiones. 

En el deporte y dieta, las cosas para mí también han ido bien. El año pasado empecé con un entrenador, ya llevó más de un año, año en que me ha cambiado el cuerpo, he aprendido mucho sobre cuidar mi cuerpo y también con un nutricionista. De forma que termino el año mejor que nunca, más delgada, más ágil, más vital. Y lo mejor: incorporar todo lo que estoy aprendiendo a mi estilo de vida, y no dejarlo ahí. 

Más cosas: la lana. Mi afición a tejer ha ido en aumento, y ya he regalado algunas cosas sencillas hechas por mí. Me apetece mucho continuar. Tanto que en estos días de vacaciones tengo cuatro labores empezadas, y quiero seguir mejorando, haciendo cosas que me gusten y regalando cosas hechas a mano. Tejer me relaja, y a veces noto que lo necesito. Me encantaría dedicar tiempo a alguna otra afición, pero de momento creo que tejer es algo que me llena y me va muy bien para la mente.

Seguro que hay cientos de cosas más que podrían contar como cosas bonitas del 2021. Pero esta muestra es suficiente.


martes, 16 de junio de 2020

Niños, jóvenes y adolescentes

Siempre que se habla de los más jóvenes, o la mayoría de las veces, es para decir que los jóvenes de ahora no leen, que los chicos de ahora son maleducados, que no trabajan,  que no estudian, que antes todo era mucho mejor y cuando nosotros teníamos su edad éramos infinitamente mejores, sabíamos divertirnos mejor y lo pasábamos muchísimo mejor de lo que ellos lo pasarán nunca.

Mentira todo.

Durante estos meses, nuestros niños, adolescentes y jóvenes nos han dado una lección a todos de cumplir las normas, de trabajar y estudiar a pesar de las circunstancias,  de responsabilidad, de estar a la altura de las circunstancias mucho mejor que muchos adultos.

Mi hijo pequeño, con todos sus problemas de atención y concentración, ha estado atento a las cuatro plataformas y los tres correos distintos a los que le mandaban tareas, a las clases online y a los exámenes, a la entrega de trabajo... todo ello cosas nuevas y que podían haberle superado. Yo me he sentido superada como profesora en algunos momentos.

Mis alumnos ya sabéis que son casos especiales,  alumnos con poca motivación personal y a veces familiar. Mis alumnos más que ninguno han tenido dificultades para los plazos y las entregas, porque nunca han sido demasiado responsables, y esta vez me han demostrado que pueden serlo.

Mi hijo mayor, con escasas o nulas indicaciones por parte de sus profesores de la universidad, ha terminado el curso como ha podido, tras meses solo en casa, cuidando de su abuela (sí, así ha sido porque mi madre está con mucho miedo por el virus y ha tenido que hacerse responsable un poco de todo) y lo ha hecho con unas notas excelentes.

Creo que los niños y adolescentes nos están dando a todos una lección de que las nuevas generaciones son mejores que la actual. Yo lo tengo claro. Hay de todo, como ha habido siempre, pero soy optimista respecto a nuestro futuro si está en manos de estos chicos.

martes, 24 de marzo de 2020

Problemas de la teledocencia

Estamos todos los profesores embarcados en esto de que los alumnos aprendan desde casa, unos con mayor implicación que otros, unos haciendo las cosas lo mejor que pueden y saben y otros pasando bastante del tema, todo hay que decirlo.

En mi caso lo vivo desde dos perspectivas: como profesora, y como madre.

Como profesora me está costando mucho. No trabajar con ellos desde casa, no prepararles materiales para que puedan hacer algo, no comunicarme con ellos en la distancia. Me está costando mucho motivarles para que sigan con el curso. No en mis materias, que ya sabéis que son Lengua y Geografía e Historia, sino en todas.

Mis tareas hasta ahora, como ya os conté, en Lengua consisten en escribir un diario de este confinamiento. Tienen que buscar cada día una noticia que les llame la atención, y comentarla. Decirme qué han hecho y cómo se sienten. Lo están haciendo, más o menos, casi todos.

En Geografía hemos empezado esta semana. Teníamos los sectores industriales como tema siguiente en el temario y he decidido que lean el tema y hagan un resumen y el trabajo de verdad va a ser reflexionar sobre qué sectores son los fundamentales para que un país siga en pie en una pandemia como la que estamos viviendo. Y por qué.

En segundo les he mandado el mismo diario y esta semana terminar de leer el tema que estábamos estudiando de Historia, y contestar a un test que pueden hacer con los apuntes delante. Simplemente.

Y hasta las vacaciones eso va a ser todo, porque los chicos necesitan vacaciones de todo y  no pienso mandarles deberes. Les daré una lectura voluntaria, un libro de esos que circulan gratuitos por ahí y que puedan leer si quieren y si se aburren, con su correspondiente subida de nota si lo hacen. Pero nada más hasta la vuelta.

Aún así, tengo dos alumnos que no han dado señales de vida. Dos que no han contestado a mis correos ni a mis mensajes, que no han hecho nada de lo que les he pedido.

Como madre estoy viendo enormes dificultades en muchos compañeros para saber qué pueden pedirles a los chicos y cómo. Los profesores de mi hijo se han puesto en contacto con él por: la página de la Junta de Castilla y León, la plataforma Moodle del centro, el grupo de wasap de los chicos, el correo electrónico o nada. Hay dos profesores de lo que no se sabe nada. Otros le han mandado al delegado una serie de ejercicios del libro escritos a mano en una hoja de cuadros.  Otros tienen una serie de trabajos y cuestiones para que vayan haciendo. Otros les han colgado simplemente el tema y que se lo estudien. Otros simplemente nada. Y la consigna de su centro es que, cuando regresemos, harán todos los exámenes que tengan que hacer. Y no lo entiendo.

Así que cada día tenemos que mirar que hay en tres plataformas distintas, el correo electrónico y el grupo de compañeros. Y estamos un poco perdidos.

Los profes del conservatorio, por ser otro tipo de enseñanza, quizás, lo están haciendo muy bien. Les piden a los chicos que manden vídeos una vez a la semana de lo que están trabajando y ayer ya nos mandaron todas las correcciones. Y las instrucciones para la semana.

Otro día hablo de las desigualdades, de que unos alumnos van a aprender en casa, trabajando solos o con sus padres, tanto o más que en clase. Y que otros van a olvidar lo que sabían, lo que les había costado un enorme esfuerzo aprender.


miércoles, 22 de enero de 2020

Mi chico en la universidad

A principio de curso, en septiembre, os comentaba que mi hijo mayor acababa de empezar las clases en la universidad y que estaba entre ilusionado y asustado.



Se había marchado a vivir a otra ciudad, aunque la verdad es que con la inmensa suerte de todos los implicados, tengo que decirlo, de que vive con su abuela, y está en casa, come estupendamente, tiene calor y una vida ordenada. Pero el cambio, tantos cambios juntos, era importante en su vida.

Os contaba entonces que estaba ilusionado con sus profesores, con el hecho de ir a la universidad, pero un poco asustado por conocer a gente, por adaptarse, por estar bien en Valladolid. Y tan solo unos días después ya estaba plenamente adaptado.



El ritmo del cuatrimestre ha sido de infarto. Con clases toda la mañana desde muy pronto, al menos una tarde a la semana también de clases y la escuela de idiomas dos horas todas las tardes. Ha estudiado mucho, ha estado muy motivado y ya puedo decir que todos sus esfuerzos han obtenido resultados.

Pero es que además ha salido bastante, tiene una pandilla en la ciudad, se lleva muy bien con sus compañeros (incluso hicieron un amigo invisible estas fiestas) y está muy contento en su ciudad de acogida.

No se puede pedir más, ¿verdad?



Bueno, siempre hay un pero, aunque es inevitable y no sirve de nada lo que haga o diga: se pone muy nervioso con los exámenes y los estudios. Estudia mucho, se exige mucho, no descansa lo suficiente, y luego se estresa, se pone nervioso, le cuesta concentrarse, le duele la cabeza... Pero conozco a una persona, pariente directo de él, a la que le sucedía lo mismo, ya en el instituto y más aún en la universidad. Y por eso sé que es bastante inútil todo lo que los de alrededor hagamos o digamos. Tiene que aprender él solo a llevar estas cosas, a regularse, a no exigirse más de lo que puede...



Ahora mismo,  y aprovechando el parón de enero, está haciendo las prácticas del carnet y pretende sacárselo cuanto antes. Ya os contaré.

lunes, 4 de noviembre de 2019

(Casi) de vacaciones

Siento como si acabara de pasar unas mini vacaciones. Y ha sido casi así, porque, desde el viernes de la semana anterior, he estado descansando, pasando tiempo con la gente que quiero, no haciendo nada...



El fin de semana pasado, aparte de la convivencia con los chicos del instituto, que salió muy bien, estuve en la Feria que se celebra cada año en el pueblo donde trabajo, y lo disfruté mucho. Después, trabajé lunes y martes, pero ya os conté que son mis días de menos trabajo. Además, el martes aprovechamos para ir al cine, el miércoles para salir un poco, y el jueves quedé con mis amigas.



El fin de semana de puente vinieron mi hermano y mis sobrinos, con lo que hemos pasado unos días en familia, con visita de mi padre incluida, que he disfrutado mucho. No hemos hecho gran cosa: ver películas todos juntos, tumbarnos en los sofás, salir a tomar unos mostos, ir a recoger nueces a la finca de una amiga... No hemos hecho nada pero nos hemos reído mucho, y creo que lo necesitaba.



Hoy empieza la semana y el mes laboral, y no diré que voy con ganas pero no me quejo. Los últimos nueve o diez días los he disfrutado, lo he pasado bien y toca volver a la rutina,  que tampoco está tan mal.


lunes, 30 de septiembre de 2019

El fin de semana

Este fin de semana han sido unos días de compromisos.

Ya os comenté hace tiempo cosas sobre el pueblo, la cofradía a la que pertenecen mis hijos y también que durante dos años seguidos teníamos obligaciones derivadas de ello porque les tocaba ser mayordomos, al mayor primero y luego al pequeño.



Pues bien, estos días hemos cerrado ese ciclo. Terminamos por fin con la fiesta del 29 de septiembre y ya hemos pasado el testigo al siguiente. Ayer por la tarde terminamos de recoger, desvestir y vestir santos (ni preguntéis) y ya estamos liberados de la obligación de la cofradía por muchos, muchos años.

Ha sido todo bastante estresante, pero ya está hecho, y próximamente no tendremos que pasarnos el tiempo pendientes de un montón de cosas.



Como siempre que paso un fin de semana fuera, no he descansado lo que me hubiera gustado, y esta semana ya empezamos de lleno con todo: primer examen y clases del conservatorio para el niño, y todos los horarios ya consolidados.

Durante el mes de septiembre me ha costado mucho tener una rutina de ejercicio en condiciones, y ahora que ya tenemos marcados los horarios de mañanas y tardes, creo que me resultará algo más fácil retomar las buenas prácticas, empezando hoy mismo.

Las ventajas de este fin de semana, que también las ha habido, han sido estar con mi padre, con mi hermano y con mis hijos, ver a personas de mi pueblo que me importan y que me quieren y salir a caminar por el campo, algo que odiaba (veinte años viviendo en un pueblo..) y que cada día disfruto más.



Mañana os traigo el resumen de lecturas del mes. Por hoy nada más.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Mi chico empieza las clases

Ayer fue el primer día de universidad para mi hijo mayor. Y el domingo, cuando se marchaba, estaba muy nervioso, más incluso que su madre.




Ayer cuando salió de clase me estuvo mandando audios. Estaba ilusionado con casi todos sus profesores, y las clases, y con todo. El único problema que veía era que aún no había hablado con ninguno de sus compañeros. Ya le dije que eso se solucionaría en breve y que nunca le había costado llevarse bien con gente de todo tipo, que ha estado fuera de España dos veranos y no ha tenido problemas y no va a tenerlos ahora. Pero no estaba muy convencido.




Estoy segura de que le va a ir bien. De eso no tengo ninguna duda. Solo espero que la universidad no le decepcione, que sea lo que él esperaba, o mejor, que no vuelva pensando que le han estafado y que eso no es lo que esperaba.

También espero que se tranquilice en los próximos días. Ha estado muy nervioso todo el verano. Supongo que los cambios que ha habido en casa a cada uno nos afectan de una forma y a él le han producido una inestabilidad que le ha tenido bastante nervioso.


miércoles, 4 de septiembre de 2019

Preparando el nuevo curso

Una de las primeras cosas que hago para empezar septiembre es comprarme una nueva agenda.

Los últimos años, con el método bullet journal, no he comprado agenda en sí, sino un cuaderno bonito y con el interior punteado. El curso pasado fue uno de Charuca y me encantó, por el tamaño, por la calidad del papel y de las pastas, porque estaba como nuevo a final del curso. Así que tenía poco que pensar, tan solo elegir tamaño y color.

El del año pasado fue este.



El de este año es este.



Poco cambio, sí, pero es que me ha salido tan bueno el año pasado, que quería repetir.

Durante esta semana estamos cerrando el curso, con exámenes y evaluaciones, y la próxima la dedicaremos a preparar ya el curso que vamos a empezar, por lo que estamos trabajando, pero aún sin niños y sin agobios, que ya vendrán más adelante.

En cuanto a mi casa y los míos, en unos días me llevo a mi hijo mayor a su nuevo destino, y sé que voy a pasarlo mal al principio y voy a echarle de menos infinito.

El pequeño está pidiendo volver a las rutinas a voz en grito, lo que pasa es que él aún no lo sabe. Está muy tonto del verano y no sé cómo voy a hacer para reconducirle. La separación también le ha afectado en ese aspecto, supongo, o el inicio de la adolescencia, o todo junto.

viernes, 12 de julio de 2019

Volver a casa

Llevo ya unos cuantos días en casa de mi padre. Y se me está haciendo largo. Creo que hoy volveré a mi casa, al menos un par de días. Porque esto se me está alargando demasiado.

Sé que debería estar agradecida, y lo estoy: mi padre me está ayudando con mis niños y con los de mi hermano en estos primeros quince días del mes, y está encantado de hacerlo, entreteniendo a los chicos un montón, llevándoles y trayéndoles de aquí para allá y organizando cada día actividades para ellos.

Pero en estos momentos lo que más me apetece es terminar con este trabajo veraniego que me está quitando la vida, y estar tranquila en mi casa, hacer lo que quiera sin depender de nadie y sin que nadie dependa de mí.

En fin, que puestos a soñar podía querer muchas otras cosas. Pero en este momento estamos así: todos metidos en el pueblo, un pueblo del que salí hace muchos años voluntariamente porque me agotaba vivir allí y al que nunca me ha gustado mucho regresar. Allí estamos, llevando una vida de pueblo, con horarios muy cerrados, y con tres niños a mi cargo por las tardes, porque mi padre ya los entretiene toda la mañana. Sin tiempo para estar sola, sin tiempo siquiera de llorar a gusto.

Por las noches, tarde porque ellos están de vacaciones, tengo que dormir con ellos, no por falta de espacio, sino porque no quieren dormir solos. Y siento que en estos días no me he permitido estar conmigo misma, escucharme, mirarme al espejo, sentir cómo van las cosas. Vamos, que no he podido ni llorar a solas.

A ver, que tampoco es que esté llorando por las esquinas, pero tengo mis momentos y no he podido ni permitírmelos. Y eso no me viene  nada bien.

Este fin de semana, el domingo, nos iremos ya a casa, y empezaremos el verano definitivamente. Me hace mucha falta.

viernes, 14 de junio de 2019

Hijos

Es complicado encontrar el equilibrio con los hijos. En todos los terrenos.

El equilibrio entre lo que ellos quieren hacer y lo que nosotros pensamos que es bueno para ellos. Entre lo que nosotros queremos y lo que quieren ellos; entre lo que nos gustaría y lo que sabemos que tienen que hacer.



Ahora que mi mayor ha terminado en el instituto y se marchará de casa, me pregunto si he hecho todo lo que tenía que hacer como madre. La respuesta es no. Por dos motivos: uno, porque me queda mucho por ayudarle, orientarle, estar ahí siempre que él me necesite y también cuando él piense que no me necesita. Y el otro motivo es porque, aunque pensemos que nuestros hijos han sido bien educados, se han desarrollado bien y estemos orgullosos de ellos, seguro que hay cosas que podríamos haber hecho de manera diferente, o cosas que no hemos hecho y que tendríamos que haber intentado. Educar es una labor a tiempo completo y nunca sabes en qué cosas has ido fallando.



Pero, y esto es un consejo para mí misma a la vez que para quien me lea, no podemos intentar enmendar los errores cometidos con la educación de un hijo en otro. Siempre se dice que cada hijo es distinto. Y en mi caso es cierto. Son tan diferentes que, excepto en lo físico, no parecen hermanos. Y no es que uno sea todo virtudes y el otro todo defectos: es que son absolutamente distintos, tanto que son incomparables.

Por eso hay cosas en la educación de uno que no he podido hacer en la de otro, para bien o para mal. Y por eso ya ahora, a estas edades, ambos llevan caminos diferentes que no sabemos hacia dónde les llevarán, así como tampoco sabemos si los dos serán felices con sus vidas, que al fin y al cabo es lo importante de todo esto.

Supongo que hoy tocaba hacer balance. Salen esta mañana las notas de la EBAU, notas que sé que serán buenas, y que no necesita que sean excelentes para lo que quiere estudiar. Empieza para él ahora una nueva etapa, un verano en el que pretende seguir estudiando idiomas, sacarse el carnet de conducir y divertirse mucho, porque el curso ha sido duro. Y supongo que me he puesto melancólica pensando en que hace nada era un bebé absolutamente dependiente en todo de sus padres.



Me hace feliz ver lo que ha ido consiguiendo él solo y creo que me seguirá haciendo feliz verlo seguir su camino.

jueves, 6 de junio de 2019

De exámenes

En esta casa estamos de exámenes. Como en tantas otras. Como en muchas de las vuestras, supongo.



Es el final del curso y mi hijo pequeño está a tope con sus últimas pruebas. Creo que termina con todo la semana que viene. La siguiente tienen recuperaciones y una excursión a Madrid que le apetece un montón.

También está haciendo sus últimas pruebas en el conservatorio. Creo que le quedan dos exámenes para la semana que viene y hasta ahora es optimista con lo que lleva hecho.

Espero que todo vaya bien y que pueda pasar el verano tranquilo. Hasta ahora no ha suspendido ninguna materia en ninguna evaluación. No va sobrado pero creo que no se puede pedir más.



El mayor está hoy en su segundo día de la EBAU. Ayer fue el de los nervios, el que pensaba y temía a la vez que nunca llegaría. Tenían Lengua, Historia e Inglés. Hoy ya está más relajado y tiene dos materias más: una por la mañana, en un ratito, y otra por la tarde. Pero ya lo ve todo como algo asequible y que no va a suponerle una piedra en el camino. Su tranquilidad deriva también de que piensa que no necesita una nota muy alta para lo que está pensando estudiar, y la verdad es que eso es una gran ventaja a la hora de hacer los exámenes.



En el instituto, mis alumnos también están de exámenes. Pero a ellos les da bastante igual. A veces pienso (cada vez más a menudo) que la que más se preocupa por los aprobados de mis alumnos soy yo. Y eso no está bien. Cada curso me arrepiento de no hacer que se esfuercen más, que valoren más su trabajo, pero cada curso lo intento y no obtengo los resultados que me gustaría. Es bastante frustrante.




En un par de semanas, incluso menos, esto estará terminado. Un curso más y no precisamente el mejor, al menos para mí.

Y sí, por las imágenes parece que me quiera dar a la bebida. No bebo alcohol, pero en estos días incluso me lo pensaría... jajaja.


martes, 28 de mayo de 2019

Trabajos para padres

No entiendo a los profesores que se empeñan en mandar trabajos para los padres.



Nos está pasando con el proyecto de centro: muchos profesores se han desesperado con sus alumnos porque es la primera vez que les ponen en grupos, o a investigar, o a hacer algo que no viene en el libro, y finalmente se lo han mandado para casa. De casa vienen unos carteles preciosos y muy bien hechos por alumnos que nunca harían algo así y otros que de verdad han hecho ellos y que son, en el mejor de los casos, mediocres.

Y es que a veces los profesores nos engañamos mandando trabajos para los padres.

Y digo para los padres porque no se entiende que tú le mandes a un alumno un trabajo sobre, por poner un ejemplo, América, la conquista y colonización, y pretendas que reflexione sobre los diferentes aspectos de la misma. Que reflexione. Que reflexione él solo. Trece años y que reflexione y te muestre sus conclusiones.



Y no lo sé de oídas. Lo sufro en mis carnes. Ya me pasó el curso pasado con el profesor de Historia de mi hijo pequeño. Y este año hemos repetido con el mismo. Unos trabajos dignos de muchas carreras, con cientos de apartados. La mayoría de los alumnos los presentan en formato digital, y obtienen buenísimas calificaciones. Los mismos alumnos que suspenden sistemáticamente todos y cada uno de los exámenes que el profesor les plantea (también de reflexionar y de desarrollar) obtienen sobresalientes y notables en los trabajos hechos en casa.

Me podría parecer bien que les mandara cada trimestre un trabajo (o dos) para casa, que con ello cubra la mitad del temario, y que gracias a eso consigamos aprobar cada trimestre. Pero creo que es algo tremendo si lo piensas bien.



Estaría genial que investigaran sobre un personaje histórico, que describieran la ciudad romana con un mural... no sé, cosas que uno se pueda creer que ha hecho de verdad el alumno.

Mi hijo, por ejemplo, no se entera de nada. Pero de nada. La Historia es para él como un jeroglífico. La estudia y luego suspende porque no sabe reflexionar sobre lo que ha estudiado. Y luego tiene que hacer un trabajo sobre el reinado de cualquier monarca español, saca un nueve y la nota media le da aprobado.

Por supuesto que el trabajo lo hace con ayuda, que le indico cómo lo tiene que hacer y se lo corrijo antes de enviarlo. En ello le va el aprobado o el suspenso. Mi hijo, aún así, protesta porque a sus compañeros se lo hacen sus padres.



Lo más importante: ¿Ha aprendido algo? ¿Hay en esto algo positivo o tal vez el único aprendizaje para todos ha sido el de engañar al profesor para conseguir aprobar a cualquier precio? ¿Ese profesor se cree que sus alumnos suspenden porque no estudian pero luego le echan veinte o treinta horas a un trabajo para su materia? ¿O tal vez sepa de sobra lo que pasa pero cree que es la única forma de que aprueben más de dos o tres? ¿Quién engaña a quién?

viernes, 24 de mayo de 2019

De graduación

Durante un tiempo, asistí a graduaciones de bachillerato de mis alumnos, en varios centros distintos. Incluso llegué a organizar alguna y ayudé otras veces a hacerlo.



Antes me parecían un rollo, y después creo que es algo que hace mucha ilusión a las familias y a los chicos, así que me parece bien todo lo que sea celebrar, aunque mi hijo mayor se ha graduado con esta ya innumerables veces: guardería, infantil, primaria, ESO y bachillerato. Y me parece un poco excesivo todo.

Peeeeeero....este año tengo una graduación muy especial: la de mi hijo mayor. Hoy celebran una ceremonia en su instituto, y vamos a ir, pero os cuento cómo, porque se nos han juntado varias cosas.



Mi chico se matriculó para hacer los exámenes de acceso a la EOI, en francés e inglés. El año pasado hizo inglés, pero consideraba que el nivel en el que había accedido era muy bajo y no aprendió gran cosa. Este año, al cursar segundo de bachillerato y sabiendo que iba a estar ocupado, solo se matriculó de alemán, segundo año. Pero quiere obtener el título de inglés cuanto antes, y entrar en un curso todo lo avanzado que pueda de francés. Así que hicimos la matrícula. Y los exámenes son hoy, a las cuatro y a las seis.

La graduación empieza a las seis.

Así que la logística será la siguiente: Acudiré yo al acto, y mientras el padre esperará a la puerta de la Escuela de Idiomas con el traje en una percha que el chaval tendrá que ponerse en el coche camino del instituto. Esperemos que llegue al momento de entrega de diplomas, pero si no es así, tampoco importa demasiado. Al fin y al cabo, creo que lo mejor de ese día es la cena con sus compañeros, y el local que han alquilado para la fiesta de después. Así que no vamos a llevarnos mal rato. Él no se lo está llevando.



Pero me da un poco de pena, porque son momentos de los que luego te acuerdas: los preparativos, la espera, las sonrisas cómplices con tus compañeros, los profesores vestidos de fiesta, los discursos, las actuaciones... todo eso queda en la memoria y él se lo va a perder en su mayoría. Pero ha dicho que lo primero es lo primero, y eso le honra.



Deseadnos suerte para el día intenso que nos espera.


lunes, 20 de mayo de 2019

Abuelos

Este fin de semana ha muerto la abuela paterna de mis hijos; sí, mi suegra.



Perder un abuelo es perder parte de la memoria familiar, y perder un cariño que no es como el de los padres, que es completamente distinto, más inocente, más desinteresado, y que los niños deberían tener.



Yo perdí a mi abuelo paterno con 16 años. Me pareció demasiado pronto porque lo adoraba. Siempre es demasiado pronto para perder personas que están presentes en tu vida y que, como adolescente, o niño, piensas que siempre estarán ahí.

Después tuve suerte: mis otros tres abuelos me vieron crecer como persona; viví con mis abuelos maternos durante los dos primeros años de carrera y aquella experiencia me influyó mucho en quién soy y cómo soy; mis tres abuelos conocieron a mis hijos, y eso es algo que no todo el mundo puede decir; duraron muchos años, y murieron con más de noventa años, cuando yo ya había formado mi propia familia.



Esperaba lo mismo para mis hijos. No esperaba despedidas tan pronto. Ni verlos sufrir. Siempre intentas protegerlos de todo, y en algo así no puedes hacerlo. Es una de esas cosas que te hacen madurar: primera pérdida cercana, primera vez en un tanatorio, o en un entierro. Y me siento un poco impotente con su sufrimiento, con sus sentimientos.

Como dicen por ahí, los abuelos deberían durar siempre.

martes, 7 de mayo de 2019

Bachillerato

Hace unos días os hablaba de educación a raíz de un artículo. Hoy os quiero hablar de una etapa: Bachillerato.

El Bachillerato es una etapa postobligatoria, es decir, nadie está obligado a hacerlo por ley, y sirve hoy en día de preparación para la Universidad y también para acceder a una Formación profesional de grado superior.

Nuestros alumnos de la ESO acceden en su mayoría al bachillerato al terminar cuarto de la ESO. Primero porque los padres quieren siempre que sus hijos estudien, que vayan a la universidad, que sean ingenieros... También porque los alumnos están en un entorno que conocen, el de su centro educativo, y seguir ahí es menos estresante y menos complicado que pensar, a la tierna edad de 16 años, en otras alternativas.

Pero el Bachillerato a muchos de ellos les pega un palo que les deja temblando.




Este año mi hijo ha cursado segundo de bachillerato. Os diré que para él no ha sido fácil. Ha sido en muchos casos muy frustrante, muchísimo trabajo, una exigencia que en poco se corresponde con lo que han hecho en la ESO. Lo ha pasado mal, ha estado agobiado. Incluso un profesor suyo me llamó para comentarme que le veía triste, poco motivado, sin ganas de participar en clase o de aprender, algo que el curso pasado era lo mejor de él. Y eso ha cambiado algo. Le dije que dejara de exigirse un diez, que a veces no es la nota que debemos tener, que aprendiera lo que pudiera y que sacara la nota que le correspondiera sin agobiarse ni desesperarse. Estamos en ello. Termina en breve.

Pero hoy quería hablaros de lo que ha pasado por el camino. En mi instituto, un centro de apenas doscientos alumnos, con unos treinta en segundo de bachillerato, hay tres alumnas con problemas graves de salud relacionados con el segundo de bachillerato. Una de ellas está ingresada desde Navidad, otra está tratada y medicada pero sigue yendo a clase y otra no hay día que no llore en clase, en el recreo o donde sea. Tres de treinta, un diez por ciento, que no pueden con la presión.

En el instituto de mi hijo son muchos más. Hay tres clases de segundo de bachillerato, si no recuerdo mal. De todos los alumnos que empezaron, muchos han abandonado, no han podido con ello.  Eran treinta y tantos en cada clase y en la mayoría ahora mismo hay poco más de veinte. Y ha habido, solo en la clase de mi hijo, una alumna que abandonó al terminar la primera evaluación, de lo mal que lo estaba pasando, del estrés y la presión, sus padres le dijeron que lo dejara, que nada merecía tanto la pena. Y otro alumno que ha fallecido de repente en mitad del curso (nadie ha dicho abiertamente la palabra suicidio) y los profesores hablaban de lo presionado que se sentía con las notas.




Me parece que todo este tema tiene mucho que ver con lo que comentaba el otro día. Los buenos alumnos en la ESO a veces apenas tienen que hacer nada para ir pasando de curso, porque se focaliza la atención en los malos, y llegado el bachillerato muchas veces no pueden con todo.

No sé, quizá es mi impresión personal, porque como madre veo lo mal que lo está pasando mi hijo, y porque trabajando en el departamento de orientación veo los problemas que tienen otros alumnos de mi centro. Y me quedo con lo malo. Puede que sea eso, solo una impresión, y tal vez me digáis que en vuestro caso o en el de vuestros hijos no es así.

Y tal vez deberíamos ir a las causas de todo esto: ¿están los alumnos hoy por hoy tan sobreprotegidos que se sienten frustrados en el momento en que tienen que enfrentarse al mundo? ¿Nuestros chicos no toleran la frustración? ¿O tal vez estamos presionándolos de una forma en que nosotros nunca nos sentimos presionados? Deberíamos pensar en todo esto. Y hoy, más que otros días, me gustaría saber vuestra opinión.


martes, 16 de abril de 2019

De vacaciones

Sé que muchos no tienen ni unos pocos días de vacaciones en Semana Santa, y por eso no quiero quejarme de lo cortas que me suelen resultar estas vacaciones y de lo poco que las disfruto, de lo cansada que suelo llegar a estas fechas y de lo poco interesantes que siempre me resultan.



Vale, ya lo he dicho, pero no es por quejarme. Estamos en casa de vacaciones y estamos disfrutando de la vida lenta, de levantarnos cuando queremos, desayunar sin prisas, hacer las cosas sin que nadie nos empuje, pasar buenos ratos juntos...



Mi hijo mayor tiene mucho que estudiar, porque cuando volvamos tendrá apenas tres semanas de clase para finalizar segundo de bachillerato. Y está un poco agobiado. En realidad, lleva así todo el curso. Estamos deseando que termine para que se relaje y disfrute un poco del verano y de no tener nada que hacer, que se le quite la tensión de tener siempre cosas pendientes y se tranquilice.

El pequeño no tiene deberes para las vacaciones (¡aleluya!) pero sí un trabajo pendiente, que podíamos haberlo hecho antes, pero que dejamos para pensarlo detenidamente durante las vacaciones. Es de Historia, una materia que tiene atravesada, a la materia y al profesor. Nunca saca más de un cinco en los exámenes y muchas veces saca menos. Los trabajos, que son casi la mitad de la nota del trimestre, son los que le salvan a él y a casi todos de suspender. Así que necesitamos dedicarle tiempo.



Por lo demás, estos días se nos presentan así, sin más quehaceres que los normales de pura supervivencia: ir a la compra, hacer la comida, comer, recoger la casa, hacer las camas...

También haremos sendas visitas a los abuelos, y pretendemos ver a los primos. Pero poco más. Está muy bien estar de vacaciones sin planes. Descansar sin más y coger fuerzas para lo que nos queda de curso.

martes, 9 de abril de 2019

Otra vez pasamos por quirófano

La operación de cataratas de mi madre fue muy bien. Tanto, que hoy vuelve a pasar por quirófano para operarse del otro ojo.



Así que voy a hacer lo mismo que hace aproximadamente un mes: iré a verla desde el trabajo, la ingresarán por la tarde, si todo sale bien estaremos pronto en casa, dormiré con ella y desde allí iré a trabajar al día siguiente.

Tengo una suerte importante en los últimos años. Mi trabajo está a mitad de camino entre mi ciudad (León) y la ciudad donde vive mi madre (Palencia) y también está muy cerca, como diez minutos, del pueblo donde vive mi padre. Esto no es casualidad; lo pedí así porque mis padres están bien los dos, pero van siendo cada vez más mayores, y la verdad es que en cualquier momento me puedo acercar a verlos sin esfuerzo por mi parte.

Ir a casa de mi madre, aunque sea por estas cosas, siempre es para mí como un pequeño descanso, unas pequeñas vacaciones. Mi cama, para mí sola; mi madre que cocina lo que me gusta; horas por delante sin responsabilidades; volver a sentirte hija en lugar de madre,...

En fin, que no me parece tan mal plan como se puede pensar. Y mi madre está muy animada por el resultado del otro ojo, ya va sabiendo lo que va a ser y no está nada nerviosa.


miércoles, 13 de marzo de 2019

Otra pequeña operación

Esta vez no es el peque. No le puede tocar todo. Esta vez es mi madre, que también tiene lo suyo.

Hoy estoy en Palencia porque ayer operaron a mi madre de cataratas.

Fue una cosa sencilla y de un ratito, pero le toco muy tarde y estuvimos fuera de casa hasta las once de la noche. Ha pasado por muchas operaciones y está era de lo más sencillo y sin complicaciones. Pero estos días ella estaba un poco nerviosa y preocupada. Es inevitable. Así que me vine ayer y hoy me voy a trabajar desde aquí. Como no era imprescindible, de esta forma no he tenido que pedir día libre en el trabajo, porque este curso está siendo bastante complicado, con dos operaciones de mi madre, una del niño y dos días que estuve enferma y me quedé en casa... Sin contar las pocas ganas que tengo a diario de ir a trabajar.

En fin, que esto ya está pasado. Y hoy voy a clase con mucho sueño pero con una cosa menos en mi lista de pendientes.

lunes, 11 de marzo de 2019

La saga de Harry Potter

En casa somos fans de Harry Potter. Lo fue mi hijo mayor durante su más tierna infancia. Recuerdo que alguna película, cuando se estrenó, le dio miedo porque era muy pequeño, pero le encantaba. Jugaba mucho a las películas en casa. Lo malo es que, por edad, no leyó los libros, porque se estrenaron las películas antes de que fuera lo suficientemente mayor para leerlos.



Después, cuando tuvo edad para ello, se aficionó el pequeño, y como siempre ha sido bastante obsesivo con las cosas, Harry Potter era una de esas sagas de películas que siempre llevaba en el coche, que ha visto infinidad de veces, que se sabe casi de memoria (sin el casi). Él sí se ha leído los libros. No todos, pero irán cayendo. Ha leído, de momento, los tres que se han publicado ilustrados, que son maravillosos. Y, a pesar de conocer la historia y todos sus detalles, le encantan.



Cuando Netflix metió en su catálogo las películas de la saga, quedamos en que haríamos un maratón de fin de semana, sin salir de casa y sin movernos del sofá. Pero no ha podido ser, porque las obligaciones le llaman y no hay manera de encontrar dos días libres.



Así que hemos vuelto a ver todas las películas, en orden, pero a lo largo de un mes entero. Y las hemos disfrutado muchísimo. Creo que nunca las habíamos visto todas los dos juntos y nos encanta el cine de madre e hijo. Nuestras miradas, ponernos nerviosos a la vez, llorar si es necesario... Y claro que es necesario, no importa las veces que veamos alguna escena...



Hemos disfrutado mucho otra vez de los personajes y hemos sufrido con ellos. Por eso Harry Potter sigue siendo tan especial aunque pasen los años.





lunes, 4 de marzo de 2019

Carnaval, carnaval...

Tengo al peque convaleciente de su reciente operación. Pedimos que le cambiaran un par de exámenes que tenía la semana pasada. Le insistí en que dijera si se los podían adelantar, no atrasar, pero no hubo manera, así que esta semana, con solo tres días lectivos, tiene seis exámenes. Y son todos importantes, con esa manía que tenemos los profesores de apurar, dejar el último examen para unos pocos días antes de la evaluación. Así que no puede despistarse.



No sé cómo será en todas la comunidades, pero aquí en Castilla y León, que seguimos teniendo vacaciones en Semana Santa, caiga cuando caiga, hemos adelantado todos la segunda evaluación a mediados de marzo. A mis hijos les dan las notas en día 15 y en mi instituto las entregamos una semana después. De esta forma el último trimestre no queda tan ridículo como era en un principio.



En casa no somos muy de carnavales. En realidad, no somos nada carnavaleros. Cuando eran pequeños, les disfrazaba para el viernes anterior a Carnaval, para la fiesta del cole. Y luego también íbamos a una fiesta con los amigos. Pero al mayor le gustaba poco, y al pequeño creo que menos. Así que, en cuanto han decidido ellos, han dejado los disfraces a un lado.



Mi chico mayor ha terminado sus exámenes de la evaluación el viernes, y ya me avisó que este fin de semana no le íbamos a ver el pelo por casa. Que incluso iba a ir a los Carnavales de La Bañeza, una localidad cercana a León donde hay mucha tradición de estas fiestas y se celebran mucho. El pobre lleva más de un mes encerrado en casa, saliendo solo para ir a clase, sin ver casi la luz del sol. Y me parece bien que aproveche el puente.



Así que esta semana tenemos mucho concentrado en pocos días. Los seis exámenes del peque, un concurso de traductores de latín al que se presenta el mayor, la celebración en el instituto del día de la Mujer, que está medio organizada pero quedan algunas cosas, una huelga convocada para el viernes... y el viernes el mayor se marcha a París de viaje con sus compañeros.