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martes, 16 de junio de 2020

Niños, jóvenes y adolescentes

Siempre que se habla de los más jóvenes, o la mayoría de las veces, es para decir que los jóvenes de ahora no leen, que los chicos de ahora son maleducados, que no trabajan,  que no estudian, que antes todo era mucho mejor y cuando nosotros teníamos su edad éramos infinitamente mejores, sabíamos divertirnos mejor y lo pasábamos muchísimo mejor de lo que ellos lo pasarán nunca.

Mentira todo.

Durante estos meses, nuestros niños, adolescentes y jóvenes nos han dado una lección a todos de cumplir las normas, de trabajar y estudiar a pesar de las circunstancias,  de responsabilidad, de estar a la altura de las circunstancias mucho mejor que muchos adultos.

Mi hijo pequeño, con todos sus problemas de atención y concentración, ha estado atento a las cuatro plataformas y los tres correos distintos a los que le mandaban tareas, a las clases online y a los exámenes, a la entrega de trabajo... todo ello cosas nuevas y que podían haberle superado. Yo me he sentido superada como profesora en algunos momentos.

Mis alumnos ya sabéis que son casos especiales,  alumnos con poca motivación personal y a veces familiar. Mis alumnos más que ninguno han tenido dificultades para los plazos y las entregas, porque nunca han sido demasiado responsables, y esta vez me han demostrado que pueden serlo.

Mi hijo mayor, con escasas o nulas indicaciones por parte de sus profesores de la universidad, ha terminado el curso como ha podido, tras meses solo en casa, cuidando de su abuela (sí, así ha sido porque mi madre está con mucho miedo por el virus y ha tenido que hacerse responsable un poco de todo) y lo ha hecho con unas notas excelentes.

Creo que los niños y adolescentes nos están dando a todos una lección de que las nuevas generaciones son mejores que la actual. Yo lo tengo claro. Hay de todo, como ha habido siempre, pero soy optimista respecto a nuestro futuro si está en manos de estos chicos.

jueves, 7 de mayo de 2020

Padres, deportistas, jóvenes y demás

Vivimos estos días cosas nuevas: horarios diferentes para salir los niños, los mayores y los adultos; medidas para no contagiarnos; eso que llaman distanciamiento social y que en mi caso es una faena porque soy muy de tocar y de abrazar... Y en estos días todos hemos criticado la actitud de algunas personas que hacen lo que les da la gana y que no tienen en cuenta a los demás. Creo que es fácil criticar pero es complicado para todos hacer las cosas bien del todo, sobre todo en la parte que más nos duele. 

Por ejemplo, tengo alumnos en redes sociales con los que tengo contacto desde hace años. Muchos están trabajando por el mundo y otros estudiando en la universidad. Cuando todo esto empezó, la mayoría de ellos siguieron en sus pisos compartidos durante el tiempo de confinamiento. Pero he observado que en las últimas semanas la mayor parte de ellos (por no decir todos) se han ido a sus pueblos. Muchos de estos chicos y chicas son los que han criticado duramente a la gente que se marchaba al pueblo desde Madrid, Segovia o Salamanca. También muchos de ellos han sido los que han criticado a los padres que salían con sus hijos sin cumplir las normas de seguridad. Y en cuanto han podido, se han recorrido media España y ya se les ve tomando el sol en su pueblo o quedando con sus amigos para hacer deporte o ir a pasear. 

¿Qué nos ocurre? Que tendemos a ver mucho mejor los fallos de los demás y no vemos los nuestros. Nos pasa a todos. No estoy hablando de chicos jóvenes. En las zonas rurales de Castilla, algunas de ellas poco castigadas por el virus, ha sido constante el goteo de gente que se venía ya de vacaciones de verano. Y más aún en las últimas dos semanas, en las que creo que se ha relajado la vigilancia o la policía y la guardia civil ha tenido demasiados frentes abiertos para vigilar eso. Muchos de ellos son jubilados o gente de mediana edad que han pensado: Viene el buen tiempo y no nos vamos a pasar en la ciudad todo el verano. Al menos nos vamos al pueblo y que sea lo que dios quiera.

Mi hijo mayor lleva todos estos días con su abuela, sin ver a una persona de su edad ni a sus padres. No penséis que no me he planteado coger el coche e ir a buscarlo. Lo he pensado, por tanto soy parecida a los que lo han hecho. Aunque no quiero saltarme las normas y él mucho menos que yo. Pero si la alternativa es que se pase allí todo el verano, sin posibilidad de ver a su novia o a sus padres o amigos, pues cualquier día me echo la manta a la cabeza y me voy a por él. Está mal, sí, muy mal. Y no lo he hecho porque lo sé. 

Estos días que hemos salido a caminar por las tardes hemos visto escenas de novios que llevaban meses sin verse y que, para no saltarse las normas, y mascarilla en ristre, quedaban en medio del campo, lo más lejos posible de la gente que pudiera decirles algo. Hemos visto grupos de adolescentes y jóvenes que quedaban con las bicis pero que lo de menos era el deporte y lo de más salir y verse. Hemos visto familias de cinco o seis miembros salir solos. Y sobre todo hemos visto toda la casuística de mascarillas mal puestas que uno se pueda imaginar. Nunca le llamo la atención a nadie. Pero menos aún ahora que no sabemos las circunstancias de cada uno.

Todos somos mucho más indulgentes con nosotros mismos que con los demás. 

Hoy mismo iba de paseo con mi hijo pequeño, que necesita moverse y hacer deporte, y una señora nos interpeló porque, según ella, íbamos por el lado incorrecto de la calzada. Su educación dejaba mucho que desear y no la contesté pero los que iban detrás le dijeron que la que iba por la derecha en una calzada era ella y que el peatón tiene que ir siempre por la izquierda. 

Estamos nerviosos, demasiado. Y nos pensamos que lo hacemos todo bien y no es así. 

miércoles, 12 de febrero de 2020

Seamos realistas

Mi tutoría de este año va, en general, bastante bien. Tengo un alumno que repite y que no quiere hacer nada, que no se esfuerza porque se ha acostumbrado a no hacerlo y voy a ver si se plantea su vida y sus estudios, si piensa en su futuro, si piensa en algún tipo de salida, algo. Hay que intentarlo, porque algo siempre queda.

Los demás, incluso con sus pájaros en la cabeza, van siendo conscientes de que tienen que ir decidiéndose por qué van a hacer y la mayoría quieren terminar la ESO para hacer alguna Formación Profesional que les interese.

Peeeeroooo...




Tengo dos casos con los que hablé el otro día que no son conscientes de sus limitaciones, y se las dije claramente. Ya sabéis que no soy persona acostumbrada a cortar las alas a nadie, que no me gusta, pero quiero que mis chicos sean conscientes de lo que hay y lo que no. Estos dos son inmigrantes hispanoamericanos y llegaron, como pasa en muchos casos, con muy buenas notas. El curso pasado suspendían todo y para ellos fue muy traumático. Así que están repitiendo tercero de la ESO por PMAR. Pero alguien les dijo que simplemente era porque el cambio de su país al nuestro les había descolocado y eso les había hecho repetir.

Les pregunto qué van a hacer y uno de ellos me dice que va a ser médico, y el otro que va a hacer una ingeniería. Y les dije que pasaran al plan b. Lo siento pero es la realidad. Los dos tienen enormes dificultades para aprobar. Uno de ellos tiene unas capacidades muy limitadas. Ninguno de los dos estudia ni trabaja como para plantearse seguir con Bachillerato o acceder a la universidad.

Por supuesto, les digo que está en su mano, que todo con trabajo se logra, pero ¿vais a trabajar para ello? Y reconocen que no. Entonces, ya os digo, pensad en otras salidas.



No se le puede decir a alguien que puede ser lo que quiera y que puede hacer lo que quiera, porque no es así. Si pone mucho empeño, incluso con dificultades puede llegar muy lejos. Pero el trabajo y el esfuerzo van de la mano de todo eso, y muchos alumnos (muchas personas en realidad) no están dispuestos a ese esfuerzo.

Es el mismo caso de ese alumno (siempre hay alguno) que quiere dedicarse al fútbol profesional. Un día cuando era un niño alguien le dijo que era bueno y se cree el próximo Cristiano. Pero, eso sí, sin entrenar mil horas al día, y saliendo de fiesta y bebiendo el día antes de los partidos. Le preguntas qué quiere hacer y tiene claro que su futuro es el fútbol. Pues no, chaval, hazte a la idea de que por ahí no vas a ninguna parte y que son muy pocos los que llegan a algo, y tú, haciendo lo que haces, no serás uno de ellos.




Necesitamos en esta vida una dosis importante de realismo, porque está muy bien soñar, pero tenemos unas capacidades y unas limitaciones de las que tenemos que ser conscientes. Y luego está el tema de cuánto deseamos algo y cuánto estamos dispuestos a esforzarnos por ello.

Así que ya veis, estos días me estoy dedicando a poner a mis chicos los pies en la tierra, y a que piensen qué pueden hacer con su vida, pero de verdad.


martes, 28 de mayo de 2019

Trabajos para padres

No entiendo a los profesores que se empeñan en mandar trabajos para los padres.



Nos está pasando con el proyecto de centro: muchos profesores se han desesperado con sus alumnos porque es la primera vez que les ponen en grupos, o a investigar, o a hacer algo que no viene en el libro, y finalmente se lo han mandado para casa. De casa vienen unos carteles preciosos y muy bien hechos por alumnos que nunca harían algo así y otros que de verdad han hecho ellos y que son, en el mejor de los casos, mediocres.

Y es que a veces los profesores nos engañamos mandando trabajos para los padres.

Y digo para los padres porque no se entiende que tú le mandes a un alumno un trabajo sobre, por poner un ejemplo, América, la conquista y colonización, y pretendas que reflexione sobre los diferentes aspectos de la misma. Que reflexione. Que reflexione él solo. Trece años y que reflexione y te muestre sus conclusiones.



Y no lo sé de oídas. Lo sufro en mis carnes. Ya me pasó el curso pasado con el profesor de Historia de mi hijo pequeño. Y este año hemos repetido con el mismo. Unos trabajos dignos de muchas carreras, con cientos de apartados. La mayoría de los alumnos los presentan en formato digital, y obtienen buenísimas calificaciones. Los mismos alumnos que suspenden sistemáticamente todos y cada uno de los exámenes que el profesor les plantea (también de reflexionar y de desarrollar) obtienen sobresalientes y notables en los trabajos hechos en casa.

Me podría parecer bien que les mandara cada trimestre un trabajo (o dos) para casa, que con ello cubra la mitad del temario, y que gracias a eso consigamos aprobar cada trimestre. Pero creo que es algo tremendo si lo piensas bien.



Estaría genial que investigaran sobre un personaje histórico, que describieran la ciudad romana con un mural... no sé, cosas que uno se pueda creer que ha hecho de verdad el alumno.

Mi hijo, por ejemplo, no se entera de nada. Pero de nada. La Historia es para él como un jeroglífico. La estudia y luego suspende porque no sabe reflexionar sobre lo que ha estudiado. Y luego tiene que hacer un trabajo sobre el reinado de cualquier monarca español, saca un nueve y la nota media le da aprobado.

Por supuesto que el trabajo lo hace con ayuda, que le indico cómo lo tiene que hacer y se lo corrijo antes de enviarlo. En ello le va el aprobado o el suspenso. Mi hijo, aún así, protesta porque a sus compañeros se lo hacen sus padres.



Lo más importante: ¿Ha aprendido algo? ¿Hay en esto algo positivo o tal vez el único aprendizaje para todos ha sido el de engañar al profesor para conseguir aprobar a cualquier precio? ¿Ese profesor se cree que sus alumnos suspenden porque no estudian pero luego le echan veinte o treinta horas a un trabajo para su materia? ¿O tal vez sepa de sobra lo que pasa pero cree que es la única forma de que aprueben más de dos o tres? ¿Quién engaña a quién?

martes, 7 de mayo de 2019

Bachillerato

Hace unos días os hablaba de educación a raíz de un artículo. Hoy os quiero hablar de una etapa: Bachillerato.

El Bachillerato es una etapa postobligatoria, es decir, nadie está obligado a hacerlo por ley, y sirve hoy en día de preparación para la Universidad y también para acceder a una Formación profesional de grado superior.

Nuestros alumnos de la ESO acceden en su mayoría al bachillerato al terminar cuarto de la ESO. Primero porque los padres quieren siempre que sus hijos estudien, que vayan a la universidad, que sean ingenieros... También porque los alumnos están en un entorno que conocen, el de su centro educativo, y seguir ahí es menos estresante y menos complicado que pensar, a la tierna edad de 16 años, en otras alternativas.

Pero el Bachillerato a muchos de ellos les pega un palo que les deja temblando.




Este año mi hijo ha cursado segundo de bachillerato. Os diré que para él no ha sido fácil. Ha sido en muchos casos muy frustrante, muchísimo trabajo, una exigencia que en poco se corresponde con lo que han hecho en la ESO. Lo ha pasado mal, ha estado agobiado. Incluso un profesor suyo me llamó para comentarme que le veía triste, poco motivado, sin ganas de participar en clase o de aprender, algo que el curso pasado era lo mejor de él. Y eso ha cambiado algo. Le dije que dejara de exigirse un diez, que a veces no es la nota que debemos tener, que aprendiera lo que pudiera y que sacara la nota que le correspondiera sin agobiarse ni desesperarse. Estamos en ello. Termina en breve.

Pero hoy quería hablaros de lo que ha pasado por el camino. En mi instituto, un centro de apenas doscientos alumnos, con unos treinta en segundo de bachillerato, hay tres alumnas con problemas graves de salud relacionados con el segundo de bachillerato. Una de ellas está ingresada desde Navidad, otra está tratada y medicada pero sigue yendo a clase y otra no hay día que no llore en clase, en el recreo o donde sea. Tres de treinta, un diez por ciento, que no pueden con la presión.

En el instituto de mi hijo son muchos más. Hay tres clases de segundo de bachillerato, si no recuerdo mal. De todos los alumnos que empezaron, muchos han abandonado, no han podido con ello.  Eran treinta y tantos en cada clase y en la mayoría ahora mismo hay poco más de veinte. Y ha habido, solo en la clase de mi hijo, una alumna que abandonó al terminar la primera evaluación, de lo mal que lo estaba pasando, del estrés y la presión, sus padres le dijeron que lo dejara, que nada merecía tanto la pena. Y otro alumno que ha fallecido de repente en mitad del curso (nadie ha dicho abiertamente la palabra suicidio) y los profesores hablaban de lo presionado que se sentía con las notas.




Me parece que todo este tema tiene mucho que ver con lo que comentaba el otro día. Los buenos alumnos en la ESO a veces apenas tienen que hacer nada para ir pasando de curso, porque se focaliza la atención en los malos, y llegado el bachillerato muchas veces no pueden con todo.

No sé, quizá es mi impresión personal, porque como madre veo lo mal que lo está pasando mi hijo, y porque trabajando en el departamento de orientación veo los problemas que tienen otros alumnos de mi centro. Y me quedo con lo malo. Puede que sea eso, solo una impresión, y tal vez me digáis que en vuestro caso o en el de vuestros hijos no es así.

Y tal vez deberíamos ir a las causas de todo esto: ¿están los alumnos hoy por hoy tan sobreprotegidos que se sienten frustrados en el momento en que tienen que enfrentarse al mundo? ¿Nuestros chicos no toleran la frustración? ¿O tal vez estamos presionándolos de una forma en que nosotros nunca nos sentimos presionados? Deberíamos pensar en todo esto. Y hoy, más que otros días, me gustaría saber vuestra opinión.


martes, 30 de abril de 2019

La gran estafa educativa

Hace unos días, Marta me preguntaba mi opinión sobre un artículo publicado en el Periódico titulado "La gran estafa educativa".

No lo había leído ni lo conocía y lo leí gracias a ella. Quise contestarla a su comentario pero pensé que el tema daba para un post y aquí estoy.

Por si no tenéis ganas de acceder al enlace, os resumo el artículo (aunque es muy breve). Comenta la autora que los alumnos en los últimos tiempos han sido estafados porque durante años no se les ha exigido lo que se debe y esto hace que no estén preparados ni siquiera para leer y entender un texto. Sostiene que se ha igualado por abajo, haciendo que una mayoría apruebe pero que en eso consiste la estafa, en hacer creer a los alumnos que están preparados, aprobarlos y que sean incapaces de nada.




Lo que se plantea en este pequeño artículo no me parece del todo cierto y tiene cientos de matices.

Es verdad que el espíritu de la LOGSE (la verdadera ley educativa por la que nos regimos, porque las demás han sido pequeños parches, con mayor o menor acierto, del gran cambio que supuso la LOGSE) sí pretendía eso de igualar por abajo (quitadle aquí el tono peyorativo). Pretendía que nadie se quedara fuera de la etapa educativa, intentaba evitar el fracaso con planes que hicieran que los alumnos que no pudieran llegar a los mínimos lo hicieran por otras vías. Y aquello significó un cambio fundamental en la manera de entender la educación.

Hace años, cuando yo estudiaba, por ejemplo, a ningún profesor le pedían explicaciones por el número de aprobados o suspensos de su clase. Iba en su conciencia si sus alumnos aprendían mucho o poco, si les preparaba bien o mal o si aprobaban o suspendían. Ahora no es así.

En el artículo se hace una insinuación sobre el tema de evaluar a los profesores. Se nos puede evaluar de más formas, estoy segura de ello, pero muchas personas ajenas a la educación no saben que nuestra autoridad y nuestra forma de trabajar se pone en tela de juicio constantemente. No solo por parte de los padres o alumnos, sino también por la administración. En cuanto el número de suspensos de una clase pasa del 25 por ciento, se nos pide un informe, se nos pide un plan para mejorar eso, y se nos pide que la siguiente evaluación lo valoremos: en definitiva, qué hemos hecho para que no suspendan tantos y si hemos tenido éxito o no. Si siguen suspendiendo muchos, se nos vuelven a pedir nuevas medidas para que aprueben. O se nos llama a reunirnos con el inspector de turno, que nos habla del fracaso escolar. Cifras. Eso es lo que quieren desde arriba, que las cifras del fracaso no se disparen. No importa si este año en mi clase la mitad no vienen regularmente, o no hacen nada, eso no tiene importancia, no puedo suspender a tantos.




Creo también que los grandes perjudicados de la enseñanza hoy en día son los alumnos buenos. Ya no hablo de alumnos de altas capacidades, ni brillantes. Un alumno bueno hoy por hoy tiene que soportar, sobre todo en los primeros cursos, compañeros que sistemáticamente intentan boicotear las clases, que no dejan al profesor hacer su trabajo, luego tienen que aguantar que, cuando sacan un ocho, les pongan un ocho, mientras que a ese compañero que molesta, da guerra y no hace nada, cuando saca un cuatro, o incluso menos, le pongan un cinco, por su bien y para que se motive. El buen alumno tiene que aguantar muchas cosas hoy por hoy. Y eso hace que a veces esos buenos alumnos se relajen, hagan poco o nada, porque no les merece mucho la pena el esfuerzo.

Otra de las cosas en las que creo que falla el artículo es en pensar que los alumnos tienen que salir de la ESO preparados para determinadas cosas. No es así. Un alumno puede terminar la ESO y ser algo terminal para él, haber hecho un esfuerzo, haber titulado al límite y no querer seguir más; o ir a hacer una Formación profesional, y no necesitar en la vida, por ejemplo, analizar sintácticamente oraciones compuestas. ¿Debo, entonces, suspenderle por no saber hacerlas e impedirle obtener el título de graduado en ESO, el mínimo que se les pide para cualquier cosa?





No todo el mundo pretende ir a la universidad, ni todo el mundo va a salir con una preparación académica suficiente para analizar un texto y saber que lo que les prometen los políticos de turno es mentira. Pero me parece positivo que un chico de 16 años siga en un centro educativo y no esté en su casa o en la calle, me parece positivo porque he visto año tras año a esos alumnos que desechamos, los peores, los que no sirven para nada, los que no saben  hacer nada, de repente, o poco a poco, madurar y centrarse en algo que les apetece, para seguir estudiando, para trabajar, para lo que sea.

Como veis, las cosas no están tan claras. Nada es blanco o negro. Trabajo con chavales que, en un sistema educativo medianamente exigente, no sacarían ningún curso. Pero no podemos darlos por perdidos. Así que trabajo desde el mínimo intentando mejorar lo que hay, su lecto-escritura, su gramática, sus conocimientos generales... No están al nivel de otros alumnos y sin embargo creo que son válidos para muchas cosas. El problema me parece que es más de los que creen que han ido bien siempre, que sacan notas medianamente buenas, pero no están preparados para la universidad, porque lo que han hecho en el instituto es soltar lo que han estudiado en un examen y olvidarlo...  Por eso muchos alumnos de la ESO llegan a Bachillerato y fracasan estrepitosamente. Porque no creo que todo el mundo esté preparado para esa etapa. Y ahí se les exige de otra manera. Por lo que fracasan  se frustran y algunos lo pasan realmente mal.




La cuestión es compleja. Mucho, pero creo que he mostrado aquí hoy algunas de las cosas que pienso al respecto.

lunes, 14 de enero de 2019

El tiempo y la prisa

El otro día leía a Bettie en este post quejándose del poco tiempo que tiene para hacer cosas, o de las cosas que quiere hacer y no encuentra el momento. Y es algo muy común en redes sociales, y en la vida 1.0, quejarse de la falta de tiempo.



La falta de tiempo es real, quiero decir, que a todos nos gustaría que los días duraran más, y sobre todo, que nuestros buenos momentos se expandieran en el tiempo y los malos apenas duraran un instante. Creo que eso no lo podemos cambiar, pero sí podemos cambiar nuestra forma de afrontar el paso del tiempo.



En relación a esto, me gusta fijarme en cómo hablan las personas, porque lo que decimos y cómo lo decimos dice mucho de cómo somos, de cómo construimos nuestro pensamiento. Todos alguna vez, o muchas, hemos dicho aquello de que no me da la vida, o de que no tengo tiempo de esto, o no tengo tiempo de lo otro... o más aún: no pierdas el tiempo. Me encanta esta expresión. Quienes la usan mucho están siempre con prisa y piensan que el tiempo es algo que hay que aprovechar, no se sabe cómo, todos los minutos y segundos de cada día. Para algunas personas hasta dormir es perder el tiempo y si, el sábado por la mañana se levantan tarde, dicen que han perdido toda la mañana. No se dan cuenta de que todo cuenta: el descanso, su cuerpo que les pedía dormir, su mente más despejada... ¿Cómo puede ser que dormir tres horas más de lo habitual, o las que sea, se considere perder el tiempo?



Los profes usamos mucho esa expresión: aprovechad el tiempo. Nuestras clases están limitadas por los minutos que duran y queremos aprovecharlas. Y los alumnos siempre intentan que "perdamos el tiempo" entreteniéndonos.

El tiempo y la prisa marcan nuestras vidas más de lo que nos gustaría. Yo era así, y a veces también lo soy, me estreso, me entra la prisa, pienso que no me da la vida ni el tiempo para nada. Pero un día decidí que así no podía seguir.



Por un lado, esa obsesión por los fines de semana: ay, otra vez lunes; venga, ya es miércoles; por fin es viernes; qué rollo, domingo por la tarde... Dejé atrás eso, con un esfuerzo consciente por disfrutar del lunes por ser lunes, por las cosas buenas que tiene, por ser un inicio, una página en blanco...

Tiempo después me obsesionaba por aprovechar el tiempo. Entonces tenía un niño muy pequeño, viajaba todos los días una hora y cuarto de ida y lo mismo de vuelta a trabajar, llegaba cansadísima a casa, iba a yoga y me parecía que no me daba tiempo a hacer todo lo que quería.



Tuve que hacer un esfuerzo importante para dejar atrás ese pensamiento. Estar en casa o bajar al parque con mi hijo ya era disfrutar, ya era suficiente, y si mi jornada laboral era más larga de lo habitual por diversas circunstancias, tampoco podía quejarme, ni pretender que las tardes me dieran de sí más de lo que daban, teniendo en cuenta que mi hijo tampoco dormía bien y me despertaba varias veces todas las noches.

Empecé a dejar atrás la prisa, a pensar, en un ejercicio que me duró mucho tiempo, cada vez que quería hacer algo y no encontraba el momento, que no se puede llegar a todo, y que no pasa nada. A no sentir envidia cuando ves que otras personas "aprovechan el tiempo" haciendo muchas cosas. Seguramente yo también las hacía, pero no las valoraba.



Ahora no vivo en un mundo de fantasía, luz y color. A veces me agobio, a veces tengo prisa y voy acelerada, pero siempre intento pensar en el ahora, disfrutar este momento en el que, por ejemplo, escribo mientras desayuno, porque me levanto pronto para hacerlo con calma, para empezar la mañana con cero agobios y con la tranquilidad que luego me llevo, o intento llevarme al trabajo y continuar con ella durante el resto del día.  En breve se levantarán mis hijos, y me encanta tener ese momento de despertarles, de verles mientras regresan del mundo de los sueños al de la realidad, cada mañana. Y empezarán con sus duchas y con sus desayunos. Y yo me despediré de ellos, con alguna recomendación de última hora y viajaré a mi trabajo, poco más de media hora, eligiendo la música o el silencio que quiero que me acompañe, pensando en lo que va a ser mi día, tranquila, con tiempo, sin prisa.


viernes, 10 de agosto de 2018

En el principio

No recuerdo cuándo, porque soy muy mala para las fechas, pero en los inicios de internet (y me refiero a internet para todos, cuando ya podías conectarte desde casa o desde el trabajo) me entretenía con Fotolog. Ahora he oído que vuelve. No sé si tiene mucho sentido, porque la verdad es que era una red social muy parecida a Instagram, o al menos a Instagram al principio, cuando se compartían solo fotos y no textos enormes y vídeos y demás.



De aquella época seguía mucho a Miss Capricho, una chica que dibujaba casi a diario, que me encantaba y que trabajaba diseñando ropa y pijamas en alguna cadena de ropa interior tipo Women secret. Hace mucho tiempo que le he perdido la pista. También seguía a uno de los creadores de Fotolog, que ponía cada día una foto de todo lo que comía (qué moderno), aparte de fotos también de su familia. Es este.

También en los inicios me enganché a dos blogs muy diferentes. Y a otros muchos que han ido yendo y viniendo en mi vida.



Mis blogs de cabecera por entonces, y  durante mucho tiempo, fueron por un lado El blog de Anita y por otro Te quedas a cenar.

Gracias Te quedas a cenar, entré en el mundo de los blogs de cocina, y también me aficioné, años después, a hacer pan. He aprendido muchísimo de un montón de sitios, muchos de los cuales seguí durante años, algunos que desaparecieron, otros nuevos, y finalmente, alguna vez os lo he dicho, me quedo con varios, pero especialmente con mis dos blogs más recurrentes cuando quiero buscar una receta: Webos fritos y Velocidad cuchara.

Por otro lado, el blog de Anita era para mí un referente desde el principio, cuando escribía en inglés y enseñaba sus modelitos diarios. Y a través de él conocí a las Sisters, uno de mis blogs favoritos y que, desgraciadamente, también desapareció. También gracias a Anita conocí otros muchos blogs y otras muchas personas que la visitaban y comentaban.

Por eso ahora me ha dado mucha pena que Anita deje su blog. Pero esto es así, hay que cerrar etapas para continuar, y creo que el mundo de los blogs se ha quedado un poco atrás. No es que yo misma me proponga dejarlo, ni nada de eso, pero entiendo perfectamente su decisión.



Creo que me daría mucha más pena aún si no fuera a saber de Anita, si esto fuera de verdad un final, pero no lo es, porque Anita hace tiempo que se convirtió en mi amiga y sé que está ahí para lo que quiera, y ella me tiene aquí para lo que necesite. Por eso la nostalgia y las ganas de blog me las tendré que aguantar, y serán menores (aunque no inexistentes).

Creo que es un cambio de época. No solo por el blog de Anita, sino porque muchas personas están abandonando los blogs a favor de otras plataformas, especialmente instagram, por su inmediatez, y twitter, en el que ahora se pueden hacer hilos tan largos que dan ganas de decirle a la gente que mejor escriba en un blog o algo...



Todas las redes sociales tienen su época, y quizá esta ya no sea la de los blogs, aunque algunos nos empeñemos en continuar...

lunes, 28 de mayo de 2018

Inteligencias múltiples

No vengo hoy a explicar por aquí la teoría de las inteligencias múltiples, algo conocido de sobra en el campo de la educación y en muchos otros ámbitos. Solo venía a contaros lo que opino yo, así con mis teorías de andar por casa, sobre este tema.



Para los que no estéis enterados de qué es esto de las inteligencias múltiples, os contaré a grandes rasgos que es una teoría que consiste en que la inteligencia no es un todo, sino que incluye el conjunto de distintas inteligencias interrelacionadas. Estas inteligencias son: lógica-matemática, lingüístico-verbal, espacial, musical, intrapersonal, interpersonal, corporal o kinésica y naturalista.

Según esto, la mayoría de las personas tendríamos desarrolladas en mayor medida unas inteligencias que otras, y podríamos ser brillantes en alguna de ellas y absolutamente desastrosos en otras. Por ejemplo, alguien que tuviera muy desarrollada la inteligencia matemática podría no tener en absoluto capacidades de desarrollo personal, de relaciones con los demás e incluso consigo mismo.



También hay personas que desarrollan todas las inteligencias, o muchas de ellas, en gran medida, pero esas personas no son la mayoría. Es, por ejemplo, ese alumno que saca buenísimas notas en todo sin esfuerzo y que no sabe si decantarse por ciencias o letras porque se le dan bien ambas cosas. Y además es buena persona, se relaciona estupendamente con los demás y es muy equilibrado. Aunque tal vez ese alumno no tenga oído musical o le sea complicado orientarse en un lugar desconocido.

Bien, yo no sé si esta teoría, tan debatida y a la vez tan seguida en educación, está en lo cierto o no, pero todos sabemos, simplemente por lógica, que algunas personas tienen habilidades mucho más desarrolladas que otras, mientras que algunas personas no destacan en una en especial y podrían dedicarse prácticamente a lo que quisieran porque desarrollan casi en igual medida todas.

Sin embargo, aún seguimos pensando que hay inteligencias de primera, importantes, y otras que no lo son tanto. Y también eso de que "lo primero es lo primero".  Ejemplos.



Tengo un alumno muy creativo. Siempre está inventando cosas; cosas tan extrañas a veces que nos vuelve locos. Es un chico que además necesita el campo. Sale a pescar en cuanto tiene ocasión, conoce plantas y animales de todo tipo y le encanta vivir o estar rodeado de naturaleza. Este alumno el curso pasado tenía grandes dificultades para leer y mayores para entender lo que leía; ahora hemos mejorado eso bastante. Tiene una imaginación fantástica pero en estos momentos no es capaz de despejar una ecuación. Y tampoco entiende conceptos abstractos cuando les hablo en sociales, por ejemplo, de desigualdades sociales. Este chico tiene desarrolladas unas capacidades (menos de lo que deberían, porque nadie le ha animado a ello) y otras muy atrofiadas. Pero su vida será complicada porque lo académico se le atraviesa. No hemos sido, tampoco, capaces de darle una salida a sus inteligencias.



Tengo un alumno que es brillante en el tema de las ciencias sociales. Le encanta la historia, lee sobre el tema, ve documentales constantemente, le llama mucho la atención la política, está atento a las noticias, se interesa por lo que pasa en el mundo y lo analiza todo con mirada crítica. Podríamos pensar en un alumno buenísimo, pero ni siquiera aprueba la materia de historia, porque nunca ha estudiado y le cuesta mucho concentrarse en nada que no le interese. Sus relaciones sociales son estupendas, es educado, se lleva bien con todo el mundo, y sabe muchísimo de música, además de tocar el piano decentemente. Su vida también será complicada. El otro día me preguntó si sabía de alguna Formación profesional que fuera de Ciencias políticas o de Historia. Es decir, tiene muy claros sus intereses pero no va a hacer bachillerato porque el sistema educativo no es el adecuado para él. Y tendrá dificultades para titular el curso próximo, ya con 18 años.



Tengo un alumno que es un gran trabajador. Lleva años ayudando en su casa. Es capaz de saber qué le pasa al motor de un tractor, de una cosechadora, programar un dron, un gps... Y no lo es de aprobar una prueba sencilla de lengua. En matemáticas tiene menos dificultades, pero está en un nivel de primero o segundo de la ESO. No va a titular el curso próximo. Lo sabe y va a buscar una salida en una FPBásica de mecánica o similar, pero lo ha buscado él y nadie le ha dirigido hacia ahí cuando tenía, por ejemplo, quince años, y no los dieciocho que cumple en breve. Años perdidos sintiéndose el peor en todo.



Lo que os venía a decir: que está muy bien esto de las inteligencias múltiples, pero no si consideramos que algunas son mucho más importantes que otras y no dejamos que desarrollen las que tienen, las que les interesan, las que se le dan bien. No si seguimos machacándoles año tras año, a la cola de sus compañeros, sintiéndose los más tontos del mundo porque no entienden cosas que sí saben hacer los demás.

jueves, 24 de mayo de 2018

Conflictos y fin de curso

A estas alturas, con menos de un mes para el final del curso, todos estamos cansados, con pocas ganas de trabajar, y la paciencia está ya en el límite de la reserva.



El curso pasado terminé muy mal estos últimos días. Teníamos un problema con una alumna, un problema que se fue enquistando y que no supe resolver. Y eso, además de las características muy especiales de mis alumnos, hicieron que el curso me resultara más largo que nunca, más pesado e insoportable, y que pensara constantemente en los días que me quedaban para terminar.

Este año no es lo mismo, ni mucho menos. Aunque los grupos de alumnos que tengo hacen que esté cansada, muy cansada, y también tenga ganas de terminar. No es que me estén dando problemas, salvo una alumna que los dio en el viaje y cuyas secuelas aún se dejan ver en clase, ya que tengo a la agresora y agredida, una sentada delante de la otra, en una clase de reducidas dimensiones.



Estoy cansada, y no físicamente, porque me encuentro bastante bien, sino mentalmente. Estoy programando las últimas semanas, y no quiero empezar ya a contar los días, porque luego se me hace mucho más largo, pero no será por ganas.

Las clases esta semana han estado bien, los chicos han vuelto a la dinámica del aula sin problemas, no tengo queja, están trabajando, pero soy yo la que ya no tengo ganas, y además, los chavales saben quién aprueba y quién suspende, quién repetirá y quién pasará de curso; lo tenemos todos claro y este mes va a ser eterno.



Por otra parte, a estas alturas de curso siempre me planteo qué he hecho mal, qué tenía que haber trabajado más. Son esos momentos de "el curso que viene lo hago de otra manera". Porque siempre piensas que no has hecho lo suficiente, que tendrías que haber dedicado más tiempo a una cosa y menos a otra, y, sobre todo, en los ratos "perdidos", esos momentos en que nos hemos relajado, hemos aprovechado poco el tiempo y los recursos... En estos momentos considero siempre que he trabajado poquísimo y que mis alumnos estarían mucho mejor con otro profesor.



No pasa nada, no es pesimismo ni pensamientos reales; es simplemente final de curso, y siempre es así para mí. Reflexiones de lo que no ha funcionado y lo que sí, para mejorar, para cambiar. Pero a finales de mayo y principios de junio siempre me siento pequeñita, abrumada por la responsabilidad que tengo con mis alumnos y por el peso del curso, que ya termina y no se puede cambiar lo que se ha hecho y, sobre todo, lo que no se ha hecho.

martes, 13 de marzo de 2018

Circos

Lo siento, por si hay por aquí algún amante del circo, pero para mí tiene una connotación negativa de la que no logro escapar. Y más si decimos "circo mediático", que es lo que estamos viviendo estos días.



El domingo todo el país conoció el peor de los desenlaces para el niño desaparecido en Almería. Todos podíamos sospechar que algo malo le había pasado, pero conocer, saber, lo que le ha pasado ha sido para muchos un duro golpe.

Os digo que todos en casa hemos estado preocupados estos días y después hemos llorado por ese niño, un niño que nada malo había hecho y que ha visto terminar su vida de esta forma. Y hemos acompañado el drama de sus padres, imaginándonos, o no queriendo imaginar cómo se siente uno en su lugar.

Hasta ahí. Después de ello, la que se ha montado en las redes sociales, pero también en las televisiones, me parece de una bajeza moral absoluta. Panegíricos y elegías al niño, describiendo cómo era y qué le gustaba; un vídeo que ha recorrido las redes con un montaje de la infancia del niño que yo no he visto ni veré, pero que me ha llegado, como lo habrá hecho a muchos de vosotros; entrevistas a los padres con el niño de cuerpo presente; retransmisión en directo de un funeral... Y no voy a hablar de comentarios racistas, xenófobos, machistas, feministas, y no sé de cuántos tipos más pero todos poco respetuosos que te puedes encontrar nada más abrir twitter.

No entiendo que nos guste tanto el morbo, que no nos conformemos con saber el final, el triste final, y queramos más datos, linchamientos públicos, meter la herida en la llaga, preguntar, saber, investigar... Y muchas veces bajo el supuesto manto del periodismo serio. En plan: "nosotros no vamos a contar rumores pero... (y allá va)".



Vi ayer por la noche las noticias mientras cenaba y se me atragantó la cena. Tuve que apagar la televisión mientras mi hijo lloraba con la imagen de un osito de peluche fija en la pantalla y los padres hablando de su hijo (atendiendo amablemente a una prensa no tan comprensiva con ellos ni tan amable en esos duros momentos).

Más que indignación, lo que siento es tristeza, porque me parece que muy triste todo lo que está pasando, aparte del hecho en sí de la pérdida de un niño. En fin. Es solo mi opinión y quería contarla por aquí. Me encantaría conocer la vuestra.

jueves, 15 de febrero de 2018

Ofensas

No soy una persona polémica, y no suelo tener comentarios negativos en el blog, ni mucho menos hirientes o insultantes. Alguno ha habido, pero ya son unos cuantos años por aquí y lo extraño sería lo contrario. No me refiero precisamente a este espacio, que es un poco mi casa y en la que entráis y comentáis personas a las que voy conociendo, a algunas personalmente y a otras de manera virtual, pero que sois siempre educadas y correctas, y que, por supuesto, podéis siempre mostrar vuestra opinión y vuestro desacuerdo a lo que digo, y lo hacéis sin indignación ni escándalo.


Me refiero a que en general, en las redes sociales especialmente, y en twitter en particular, últimamente muchas personas se sienten ofendidas a la primera de cambio. Hay gente a la que le ofende todo, hasta les ofende que no te ofendas. Y cada palabra tuya podrá ser utilizada en tu contra por alguien en algún momento.

A mí me resulta agotador. Quiero decir, que por supuesto que me molestan cosas que leo, sería insensible si no lo hicieran, pero no me ofendo, me enfado, muestro mi furia y bloqueo a todo aquel que dice algo que no apruebo.


Hace muchos años, creo, comentaba por aquí que la sinceridad está sobrevalorada. Y no quiero decir con esto que haya que estar de acuerdo con alguien simplemente para no discutir, pero creo que no hay que decir siempre todo lo que se piensa y que la convivencia se basa en respetar lo que otro piensa, a pesar de no estar de acuerdo. Y sí, creo que no todas las opiniones son respetables, creo que hay opiniones que hacen daño, incomodan y molestan, pero ante ellas mi posición suele ser el silencio, porque cuanto más te ofendes, cuantos más ofendidos hay por un tema, más aparece en las redes esa opinión que deberíamos aislar y obviar. La indiferencia también es una opción. Repito: no creo que sea necesario decir siempre lo que pensamos.


A este respecto, tengo una situación en clase que va aumentando desde principio de curso y que es difícil de parar. Y se ha basado en decir siempre lo que a uno se le pasa por la cabeza:

Hay un niño en mi clase bastante complicado. No sé cómo explicarlo. Está muy mimado y es extremadamente infantil. Sería gracioso e incluso simpático si tuviera unos seis años, ocho como mucho, pero tiene dieciséis, y no puede comportarse como lo hace, en plan: No te dejo un boli porque ayer me dijiste no sé qué. No quiero ir en tu equipo porque me caes mal.

Ante eso, un par de compañeros han optado por hacer algo parecido. Decirle que les cae mal, que no le aguantan y que no quieren nada con él. Lo cierto es que es difícil de aguantar, pero el resto, como haríamos la mayoría, ignoran sus pataletas que como mucho suscitan en ellos una mirada divertida a otro compañero, ojos entornados al cielo y ningún comentario delante de él.


Yo, por supuesto, hago caso omiso a las tonterías del chaval (aunque hablo con él a solas de vez en cuando) y también a las tonterías de los que son tan sinceros que no quieren callarse todo lo que piensan cada vez que sucede algo. Y sucede todos los días. Las situaciones se tensan y un día vamos a tener un estallido.

El otro día faltaba a clase y estuvieron hablando del tema mientras trabajaban.

- Yo no soy como vosotros, que sois unos falsos, a todos nos cae mal pero no se lo decís. Yo soy la única sincera, le digo lo que pienso, a ver si espabila.


Los demás podrían haber discutido eso, pero no saben y además saben evitar confrontaciones, algo que hacen mejor que muchos adultos. Así que tuve que intervenir:

- ¿Has conseguido algo siendo sincera?

- ¿Qué?

- Me refiero a si ha mejorado su actitud, a si ha mejorado el ambiente de la clase , a si las cosas han cambiado, no sé... algo...

- No, pero me he quedado muy a gusto.

(la conversación siguió, por supuesto, aunque es muy complicado convencer a alguien de algo en estos tiempos)


Y ahí lo dejo, creo que el tema es ese, digo lo que pienso, aunque ofenda a otro, porque yo me he sentido ofendido con lo que he visto, leído u oído, y me quedo más a gusto que un arbusto. Y así nos va.


domingo, 31 de diciembre de 2017

Último día

Cuando llega el último día del año, se supone que toca hacer balance de lo pasado. A mí no me suele dar tiempo precisamente hoy, que tengo algunas compras que hacer. Además, suelo tener ya la vista y el pensamiento en el año que viene.




Estos días pasados he hecho repaso de muchas cosas: películas, series, libros, momentos... y me he dado cuenta de que el 2017 no ha sido tan mal año como pensaba. Y con eso me quedo; con la sensación de que las cosas son más como tú te las tomas que como son en la realidad.



Por eso quiero desearos un feliz año nuevo, venga como venga, y que sepamos afrontar todo lo que la vida nos depare.

jueves, 14 de diciembre de 2017

¿Qué pasa cuando falta un profesor?

Todos más o menos lo sabemos. Cuando falta un profesor, siempre hay alguien que lo sustituye. En los institutos y colegios públicos, siempre hay al menos un profesor de guardia para cuidar a los alumnos que no tienen profesor porque el suyo no ha venido.

Antes de la crisis, si faltaba un profesor, y se preveía que iba a tardar unos días en volver, mandaban a uno para sustituirle. Para eso está la lista de interinos, organizada de tal forma que se llama por teléfono al siguiente y en unas horas, o al día siguiente, ya está trabajando en el centro asignado. Esto sigue ocurriendo, por ejemplo, con los permisos por matrimonio, o con los permisos no remunerados. Si tú pides unos días sin sueldo, como además tienes que hacerlo con tiempo, es muy probable que manden a alguien a sustituirte.




Pero después de la crisis, muchos funcionarios perdimos un montón de derechos, derechos adquiridos con los años, a base de reivindicaciones, de negociaciones de nuestros sindicatos e incluso de huelgas. De un plumazo nos aumentaron en número de horas lectivas, el número de alumnos, y con ello la carga de trabajo. Todos por entonces lo admitimos (no nos quedó más remedio) con mayor o menor grado de insatisfacción.

Entre esas medidas de crisis se puso en práctica una: no llamar a sustituir a nadie antes de quince días. Es decir, que si vas a tardar en volver, porque te han operado de algo, o estás enfermo y se prevé que estarás de baja más de quince días, tus alumnos no tienen profesor durante las dos primeras semanas de tu baja. Con suerte. Con esto la administración se ahorra muchísimo dinero porque hay muchas bajas de este tipo.




No sé cuál es la práctica en los colegios de primaria, pero en secundaria, si te pones malo de hoy para mañana no hay nada que preparar. No lo has previsto y, por tanto, está claro que no puedes hacer nada al respecto. Pero si sabes que vas a faltar, por el motivo que sea, tienes la obligación (no sé si real o simplemente moral) de dejar trabajo para tus alumnos.

Lo de dejar trabajo viene muy bien para que el profesor de guardia no tenga solamente que aguantar a las fieras, sino que no pierdan la hora de clase y hagan algo provechoso.




Pero no nos engañemos. Muchas veces los profesores dejamos simplemente una fotocopia de ejercicios relacionados con lo que estamos trabajando que luego pasa por nuestras manos sin pena ni gloria y ya está.

Otra práctica bastante habitual en mi centro es, si prevés que vas a faltar un día, poner un examen ese día. Me parece bastante adecuada así, en general, porque los alumnos no pierden clase y el examen ibas a hacerlo de todas formas. Pero ya me ha tocado cuidar un examen de física y química en el que mis alumnos tenían dudas y yo ni idea de resolverlas.

No es complicado mandar trabajo para tus alumnos si vas a faltar uno o dos días, pero si son más, y tienes muchas horas con cada grupo, como es mi caso, las cosa se pone difícil. Especialmente si lo que quieres es que no pierdan el tiempo.




Resulta que yo ya estoy de vacaciones. Y cuando escribo o pienso en vacaciones me da la risa, porque una serie de circunstancias familiares hace que se me encadenen dos intervenciones quirúrgicas (leves) de familiares y que falte a clase desde ayer hasta el día que damos las vacaciones, el 22, incluidos.

Pues bien, lo que más difícil me ha resultado es preparar trabajo para mis chicos. Trabajo real, no una simple fotocopia. He preparado actividades individuales y en grupo, algunas con ordenadores, y también el repaso que siempre hacemos a la evaluación, al trimestre. Y ha resultado complicado porque con mis alumnos tengo ocho horas a la semana, lo cual implica dos horas casi todos los días. Y hay que ir cambiando de actividad para que no se me tiren de los pelos y se produzca un suicidio colectivo.




En fin, que me he pasado todo el puente, y el lunes toda la tarde y parte de la noche terminando actividades que luego mis compañeros de guardia (algunos) olvidarán entregarles, o no tendrán ganas de hacer con ellos, o que ellos pensarán que son un rollo y no pondrán en ellas el trabajo y el entusiasmo que deberían, o al menos lo que harían si yo estuviera para empujarles. Lo único bueno es que pienso que ya les tengo acostumbrados a trabajar a su ritmo y solos, especialmente con trabajo proyectado y ordenador, o en grupo, y ayer, por ejemplo, ya me enviaron los archivos compartidos del primer proyecto que están haciendo y no pinta mal.

Conclusión: que no me gusta nada esto de no poder vigilar lo que hacen mis alumnos.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

El puentazo

Tener un puente así a estas alturas es, no me canso de decirlo, contraproducente para cualquier alumno.



Entiendo que pueda estar bien para hacer una escapada, para ir de compras... no sé. Pero alucino con los que hacen planes que incluyen a sus hijos ya adolescentes (no es una crítica, no creáis, es que alucino de envidia), porque nosotros nos fuimos algún año cuando eran pequeños, pero hace mucho que no podemos planear nada para estas fechas.



No me quejo, porque de nada va a servir, pero están los chavales a tope de exámenes y a veces este puente lo único que hace es fastidiarles la evaluación. Si para muchos ya cuesta estudiar un fin de semana normal, ahora dales cinco días, la proximidad de la Navidad y un montón de exámenes para la semana que viene.



No, no me convence, y con mis hijos me esperan unos días de mucho estudio, sobre todo con el pequeño, que tiene además las pruebas del conservatorio también esa semana, ya sabéis, para no amontonarnos con todo. Bufff.



El caso es que estamos de puente, y vamos a aprovechar a corregir trabajos y cositas que tengo por ahí a medias, a preparar el final del trimestre, a estudiar con mi peque, ah, y a ver una especie de encuentro de manga que hay estos días en mi ciudad, al que vienen algunos alumnos y ex-alumnos. No tengo planes más allá de esas cosas. Ah, y descansar, porque necesitaré fuerzas desde aquí hasta el día 22.