viernes, 25 de mayo de 2018

De comunión

El domingo celebra mi sobrino la Primera Comunión. Y la verdad es que siempre me encanta estar con mis sobrinos, pero lo de la comunión, la familia, la cantidad de personas invitadas y todo el rollo me apetece más bien poco. Ni arreglarme especialmente, elegir complementos, zapatos, bolso, y no sé cuántas cosas.



No voy a hablar del tema de las comuniones ni de que se nos está yendo de las manos, porque creo que cada uno lo celebra como quiere, o como puede, y si es con mucha gente, perfecto, y si es en la intimidad, perfecto también.

Pero estoy cansada de comprarme ropa o zapatos para un día. No me apetece nada. Porque soy una persona que viste de sport todo el año, que se arregla más bien poco, y determinadas cosas no me sirven luego para nada, nunca veo ocasión de ponérmelas.



Además, tenemos que viajar los cuatro con mi madre hasta Segovia, y como somos muchos vamos a ir y volver mismo día porque al día siguiente trabajamos. Así que es un día bastante poco apetecible para mí.

Por si fuera poco, mi hijo mayor no hace más que decir que vaya fechas de comuniones, que él tenía que quedarse. Tiene, aparte de los exámenes del instituto, los dos de la Escuela de Idiomas la semana que viene. Y el pequeño las pruebas del instrumento y un trabajo para entregar el lunes.



Lo único bueno, aparte de ver a mis niños, es que viene mi hermano desde Canarias, y creo que hace más de un año que no le veo. Pasará por aquí una semana, con lo que tendremos tiempo de achucharle un poco.


jueves, 24 de mayo de 2018

Conflictos y fin de curso

A estas alturas, con menos de un mes para el final del curso, todos estamos cansados, con pocas ganas de trabajar, y la paciencia está ya en el límite de la reserva.



El curso pasado terminé muy mal estos últimos días. Teníamos un problema con una alumna, un problema que se fue enquistando y que no supe resolver. Y eso, además de las características muy especiales de mis alumnos, hicieron que el curso me resultara más largo que nunca, más pesado e insoportable, y que pensara constantemente en los días que me quedaban para terminar.

Este año no es lo mismo, ni mucho menos. Aunque los grupos de alumnos que tengo hacen que esté cansada, muy cansada, y también tenga ganas de terminar. No es que me estén dando problemas, salvo una alumna que los dio en el viaje y cuyas secuelas aún se dejan ver en clase, ya que tengo a la agresora y agredida, una sentada delante de la otra, en una clase de reducidas dimensiones.



Estoy cansada, y no físicamente, porque me encuentro bastante bien, sino mentalmente. Estoy programando las últimas semanas, y no quiero empezar ya a contar los días, porque luego se me hace mucho más largo, pero no será por ganas.

Las clases esta semana han estado bien, los chicos han vuelto a la dinámica del aula sin problemas, no tengo queja, están trabajando, pero soy yo la que ya no tengo ganas, y además, los chavales saben quién aprueba y quién suspende, quién repetirá y quién pasará de curso; lo tenemos todos claro y este mes va a ser eterno.



Por otra parte, a estas alturas de curso siempre me planteo qué he hecho mal, qué tenía que haber trabajado más. Son esos momentos de "el curso que viene lo hago de otra manera". Porque siempre piensas que no has hecho lo suficiente, que tendrías que haber dedicado más tiempo a una cosa y menos a otra, y, sobre todo, en los ratos "perdidos", esos momentos en que nos hemos relajado, hemos aprovechado poco el tiempo y los recursos... En estos momentos considero siempre que he trabajado poquísimo y que mis alumnos estarían mucho mejor con otro profesor.



No pasa nada, no es pesimismo ni pensamientos reales; es simplemente final de curso, y siempre es así para mí. Reflexiones de lo que no ha funcionado y lo que sí, para mejorar, para cambiar. Pero a finales de mayo y principios de junio siempre me siento pequeñita, abrumada por la responsabilidad que tengo con mis alumnos y por el peso del curso, que ya termina y no se puede cambiar lo que se ha hecho y, sobre todo, lo que no se ha hecho.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Mis lecturas en clase este curso 17-18

Os quería contar por aquí los libros que hemos leído en clase a lo largo del curso. Han sido pocos, la verdad, pero es que me cuesta mucho leer con mis alumnos, y este año no he tenido un grupo, ni siquiera uno, para leer a gusto. Todos, ya lo sabéis, son chicos que no quieren estar ahí, que no se interesan por los estudios, y es complicado que alguno de ellos quiera leer por placer. Los hay, pero muy pocos. Y eso me limita bastante.

Bis, de Jorge Gómez Soto y David Fernández Sifres



Este libro lo he leído tanto con tercero como con cuarto, y a los dos grupos les ha gustado mucho. Les enganchó la historia por ser tan trepidante y han leído con ganas durante el tiempo que nos ha durado la lectura. Repetiría. Probablemente repetiré.

Yo, Simon, homo sapiens



Negativa feroz al principio a dedicar tiempo a la lectura, porque el protagonista es homosexual y, como ellos decían, no encontraban nada interesante en ello; no podían identificarse con él. Después han visto que la historia es ágil, que se lee fácil y que no está mal, pero no les ha entusiasmado.

Creo que podría funcionar muy bien con otros grupos, aunque estrenan la película en junio y eso me frena para volver a leerlo, una vez que ya conocen la historia.

El camino, de Miguel Delibes

Me apetecía leer algún libro un poco más "serio" y esta última evaluación, por temario, me venía muy bien para que descubrieran a mi querido Miguel Delibes. Sorprendentemente, y a pesar de que no entienden una buena parte del vocabulario, les está gustando y están disfrutando de Daniel el Mochuelo.

Marina, de Carlos Ruiz Zafón

Solía ser éxito seguro. Mis alumnos de este año lo han sufrido, porque las descripciones de Zafón no son para ellos, ya que no entienden mucho del vocabulario que utiliza. La historia les habría gustado si no hubieran desconectado enseguida, porque escuchaban atentos mis resúmenes semanales de lo que habíamos leído y reconocían que muchos no se estaban enterando de nada.

Wonder, la lección de August



Lo leímos en el primer trimestre, con la inminencia del estreno de la película en mente. A mis chicos de segundo les gustó mucho. Ha sido un éxito todas las veces que lo he leído en clase y esta vez no ha sido una excepción.

Eleanor y Park



No les ha gustado demasiado, aunque al final las chicas, sobre todo las chicas, se han enganchado y me pidieron llevarse los libros a casa y seguir con la lectura. Creo que es la última vez que lo propongo como lectura. Les resulta muy pesado, y muy cursi. Es una lectura que nos gusta más a los mayores que a los chicos.

La nieta del señor Linh



Tampoco les está entusiasmando. El curso pasado no les hizo gracia hasta que llegamos al final y todo les cuadró. Este curso creo que les va a gustar menos aún. Otra lectura que no debo programar nunca más. Al menos con el tipo de alumnos que tengo.


Ahora, para finalizar el curso, voy a llevarles a los de segundo algunos cómics y novelas gráficas para que trabajen la lectura de otra forma un poco más lúdica y hagan una pequeña presentación del libro leído ante sus compañeros.

Eso es todo. Y me parece tan poco...

martes, 22 de mayo de 2018

Aprender de los alumnos

Mis prejuicios y yo hemos viajado la semana pasada con nuestros alumnos. Y esta vez, como tantas otras, me han dado una lección que debería aprender de una vez por todas: no debes adelantarte a los acontecimientos y, quizá más importante: no te pongas siempre en lo peor.

Sabéis, ya os lo conté, que compartíamos la experiencia con un grupo de alumnos de Educación Especial, de la misma edad que los nuestros, pero con características muy diferentes. No les habíamos dicho nada para que no lo dieran vueltas, no solo ellos, sino también los padres, que algunos padres tenemos mucho peligro.



Así que en el viaje de ida, cuando paramos a comer, les reunimos y se lo contamos. Esperaba risillas, comentarios despectivos, una especie de motín a bordo. Lo único que dijeron fue:

- Ah, vale.

Y

- Nos lo contáis para que les tratemos bien, pues claro que les vamos a tratar bien...

Y

- ¿Ya nos podemos subir al autobús?

Nos quedamos alucinadas. Esperábamos que soltaran todo lo que pensaban, que dijeran cualquier barbaridad y que luego ya recapacitaran. Incluso que alguno dijera que les teníamos que haber avisado para no venir. No le dieron importancia. Ninguna.



Llegamos y conocimos a nuestros compañeros. Las profesoras del otro centro resultaron ser, además de muy agradables, muy de nuestra forma de trabajar y de tratar a los chicos. Nos resultó fácil desde el principio llevarnos bien entre nosotras, bromear, divertirnos, pasarlo bien juntas, reírnos mucho. Creo que eso ayudó también a crear el clima adecuado entre los alumnos, que desde el principio se empezaron a llevar bien, sin miedos, sin filtros, sin problemas...

Los chicos del otro centro a veces necesitaban ayuda para realizar tareas, o entraban en dinámicas propias de sus enfermedades, como repeticiones constantes, o negativas sin motivo, o dejaban de pronto de hacer lo que estaban haciendo. He visto a mis chicos con una paciencia infinita, llevar de la mano a otros, hablarles muy suave, repetirles cosas que ya les han dicho una y otra vez a lo largo de los últimos minutos, las últimas horas, los últimos días.

Se han llevado muy bien. Han bromeado y reído juntos, han participado en todos los juegos juntos, se han abrazado, cogido de las manos, se han emocionado y han llorado juntos, se han escaqueado de las tareas y de las normas juntos; han hecho piña y han sido un grupo de alumnos de excursión lejos de casa en un lugar idílico sin mirar las diferencias, que en muchas ocasiones no notaban o no veían.



A partir del tercer día, tuvimos llantos porque no se querían ir, en los dos bandos. Y regalos preparados por ellos para nosotros, y por nosotros para ellos, y abrazos y besos, y muestras de cariño por todas partes. Se pasaron los móviles, se contaron sus vidas,...

Mi compañera y yo estábamos absolutamente alucinadas con nuestros alumnos, con su comportamiento ejemplar y con su manera de ver las cosas. Pero no solo eso. Las profesoras del otro instituto también estaban asombradas, porque, según nos contaron, no siempre funciona esto de juntar un centro especial con otro ordinario, y pocas veces, casi ninguna, funciona de la forma en la que lo hizo esta vez.

Como veis, mis chicos me han dado una lección que no creo que pueda olvidar jamás. Y no sé cómo decirles lo orgullosa que estoy de ellos. Ya se lo he dicho, y he pensado escribir un artículo en la revista del centro contando más o menos esto que os estoy contando a vosotros: lo mucho que me han enseñado y lo orgullosa que estoy de ellos. Y tal vez idee un regalillo para final de curso.



Por otro lado, igual que os cuento todo lo bueno que ha habido en estos días, os diré que tuvimos un percance con una alumna que nos ha dado muchos quebraderos de cabeza, una alumna que se ha comportado horriblemente mal durante todo el viaje y que llegó el último día a agredir a sus compañeros. Ahora estamos tomando las medidas disciplinarias que corresponden, pero eso empañó un poco la maravillosa experiencia que ha resultado ser este viaje.