jueves, 14 de noviembre de 2019

La falta de interés

El principal problema con el que los profesores tenemos que lidiar cada día es la falta de interés. Quizá otros profesores no piensen lo mismo, y su mayor problema sea la disciplina, o la falta de trabajo o estudio... no lo sé. Yo hace años que vengo observando una cada vez más marcada falta de interés de los alumnos en todo lo que rodea las clases y la vida académica.

Un ejemplo: se pasan el día dando la lata con las excursiones, que si nunca nos llevas a ninguna parte, que si cuándo vamos de excursión... y un día les dices que mañana te traigan la autorización para ir a una salida, a cualquier parte, y te pasas una semana, o dos, insistiéndoles en que la traigan y pidiéndoles el dinero. Y algunos incluso pasan, les da igual si llega la fecha tope y no la han traído. No les interesa nada.

En muy raras ocasiones consigo el interés de mi clase para alguna cosa. Casi nunca lo logramos. Casi nunca. A veces alguno está interesado en lo que le cuentas, un rato, pero la mayor parte del tiempo están pensando en sus cosas, despistados, haciendo otra cosa, sin importarles lo que el profesor cuenta, y pendientes de sus compañeros, del que hace la tontería o del que dice la bobada de turno.

Sabéis que con mis alumnos mi principal problema es la falta de motivación, las pocas ganas de hacer nada porque sus resultados siempre han sido malos. Unid eso a la falta de interés y veréis qué clase más bonita nos queda.

Sé que no voy a encontrar fácilmente soluciones, ya que parte del problema es social: las redes sociales e internet han hecho que todo lo que les interese lo tengan ahí mismo, y precisamente por eso no les interesa casi nada. Ya os he hablado otras veces de las dificultades que veo en ellos a la hora de buscar cualquier tipo de información. Parece que dominan internet pero solamente saben mirar Instagram y poco más. A veces les cuesta trabajo saber qué tienen que hacer para abrir su correo desde un ordenador, han olvidado la contraseña y no saben recuperarla.

Estos días empezamos un proyecto que he hecho otra vez con alumnos del mismo tipo. Tienen que encontrar canciones que reproduzcan esquemas y estrofas de la literatura: pareados, tercetos, sonetos... Creo que,  aparte de que podría ser un trabajo bonito pero para ellos será un rollo, no van a ser capaces de encontrar nada sin ayuda.

No sé, a veces llego a entender a los compañeros profesores que se quieren jubilar...


miércoles, 13 de noviembre de 2019

Divorcio

Esta entrada lleva unas cuantas semanas entre mis borradores. Me sucedió igual con aquella en la que os hablaba de mi separación. Tenía ganas y miedo a partes iguales y por eso fui escribiéndola a ratos. En esta ocasión no hay miedo: solo ganas. Y la verdad es que ha sido un camino que a ratos me ha resultado difícil pero en el que he tenido mucho apoyo.



Mis kiwis sobre todo han estado ahí en todo momento, aguantándome los bajones y las chapas que les doy. Y también mis amigas de aquí, las que viven en mi ciudad y que me aguantan casi a diario, que me han sacado de casa a caminar, a tomar cañas y a hablar o no hablar. Mi Marta, dispuesta en todo momento a escucharme y a ser el hombro en el que llorar... Personas nuevas que han entrado en mi vida y que me han ayudado mucho, y por supuesto, mi familia, ese apoyo que nunca me ha faltado, ni un instante.

Y hoy puedo decir que ya he firmado la separación en el Juzgado y que ya soy una mujer ¿soltera? ¿divorciada? No sé, y me da igual, pero lo necesitaba. Lo necesitaba porque cuando todo ha terminado entre dos personas, lo mejor es que las cosas se aclaren, que se deje todo atado, que no haya equívocos...



No ha cambiado nada, es cierto. Hace tiempo una buena amiga me decía que estar casada es una actitud en la vida. Y es cierto. Yo no lo sabía hasta que, hace ya más de un año, sentí que dejaba de estarlo, que no había nada que me hiciera estar casada con la persona con la que había compartido muchos años de mi vida: veintiocho, nada menos. Que sí, que nos unían y nos unen muchas cosas, que no deseo que le pase nada malo, que he intentando desde entonces que ninguno de los dos saliera perjudicado. Pero algo se rompió, se desgastó con el tiempo, y ya no encontramos la forma de arreglarlo. Así que lo mejor era terminar con ello.



Ha sido duro, ya os lo he dicho. Pero estoy bien, y tranquila, y con ganas de una vida nueva, que ya ha empezado. No hay quien me pare.


martes, 12 de noviembre de 2019

Dos películas interesantes

En los últimos tiempos estoy volviendo al cine y a las series. Eso repercute en mis lecturas, pero no se puede llegar a todo, está claro.

Mientras dure la guerra




La película de Amenábar, que venía con polémica incluida, consiguió emocionarme por todo el conflicto que plantea. Quizá su visión del bando nacional sea algo caricaturesca, lo cual te aleja un poco de la visión de que se estaba produciendo una guerra, pero me ha gustado cómo se plantea y cómo se resuelve, esté pegado a lo que sucedió en realidad o no.

Muy interesante. Y la actuación de Karra Elejalde me parece digna de todos los premios que le quieran dar. Al principio ves al actor, y en dos minutos te olvidas de él y solo ves a Unamuno.

Parásitos




Había visto recomendada esta película por todas partes, y sabía que tenía que verla en cuanto tuviera oportunidad.



Se trata de una película coreana que consiguió la Palma de oro en el pasado Festival de Cannes, y que te engancha desde el primer minuto.

Una cínica y corrosiva crítica social. Y divertidísima. La recomiendo mucho.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Rialto, 11, de Belén Rubiano

Había visto esta portada en numerosas ocasiones,  especialmente en redes sociales, y me había llamado la atención desde el primer momento. También había escuchado y leído críticas y reseñas, y sabía que tarde o temprano tenía que leerlo.




Título:  Rialto, 11
Autora: Belén Rubiano
Editorial: Libros del Asteroide

Una de mis últimas lecturas ha sido este libro. Una historia sobre una librería,  sobre libros, libreros, editoriales, lectores, escritores, ... que me ha entretenido mucho y me ha sabido a poco.

Belén Rubiano, la autora, tuvo una librería en la dirección que indica en el título, en Sevilla. Y nos cuenta qué le llevó a tener una librería, por qué la abrió y por qué tuvo que cerrarla y qué sucedió mientras tanto. Tiene anécdotas muy divertidas, historias sobre qué libros se vendían más y cuáles menos, sobre escritores y sus problemas, sobre las editoriales y su relación con los libreros, sobre los lectores y sus preferencias...

Se trata de una de esas lecturas amables que los amantes de los libros disfrutamos mucho.