lunes, 22 de octubre de 2018

Élite, la serie de Netflix

He visto la serie tan anunciada por Netflix: Élite.

Prometía porque algunos de los actores venían de La casa de papel, una serie que disfrutamos mucho en casa. Pero ha resultado ser un completo fiasco. Al menos para mí.



Parte de una base que ya no se sostiene: los personajes se supone que tienen dieciséis años pero ninguno de ellos, en ningún momento, actúa como tal. Todos parecen infinitamente mayores, ya no físicamente, sino también en muchos sentidos. Unos son demasiado maduros, otros han vivido demasiado, otros parecen estar de vuelta de todo. Creo que ahí quienes han escrito los guiones y creado los personajes se han equivocado del todo. No son creíbles en ningún momento; al menos a mí no me lo han parecido. Ninguno se parece a un alumno que yo haya tenido en ningún momento a lo largo de veinte años en la enseñanza.

Si partimos de ahí, todo lo demás se desmorona. Incluso las historias de amor no parecen de adolescentes y sí de jóvenes de cerca de los treinta. Una de ellas es propia de un matrimonio mayor.



Han querido hacer una serie trepidante y que sucedan muchas cosas en muy pocos capítulos. No sé, demasiado pasado para la mayoría de ellos. No hay ninguno que esté cayéndose ahora mismo del guindo y venga a clase y después vaya a casa a jugar a la play con sus amigos. Todos parten de mundos muy complicados e idean un montón de conspiraciones inverosímiles.

No insistiré en el sonido. De verdad que me cuesta un montón a veces entender a los actores españoles, y no creo que todos necesiten logopeda. Pero algunos diálogos me los pierdo, al menos en parte, porque no les entiendo todo lo que dicen. Tendría que haberlos subtitulado.



La música es la adecuada para este tipo de serie, eso sí es verdad, una banda sonora para chicos muy jóvenes que seguro que les gustará. Aunque para introducirla en la serie repite una y otra vez el mismo recurso: alumno escuchando música con sus cascos que es interrumpido por otro y ahí se acaba la música.

Y tengo que decir que me encanta el uniforme: totalmente customizable, en dos colores, con distintas opciones, que ya les gustaría a la mayoría de los estudiantes que usan uniforme a diario.

No diré nada de ese profesor que les da clase de todo. De absolutamente todo, sin despeinarse.

En fin, no creo que merezca la pena, ni siquiera si eres adolescente. Porque sí, la serie está hecha para chavales jóvenes: mucho sexo, todo el tiempo, drogas, alcohol, violencia, historias de amor imposible...

viernes, 19 de octubre de 2018

Diario de un viaje a Dublín (7)

La última jornada de nuestra estancia la pasamos algo alejados de la ciudad, en Powercourt Gardens, unos preciosos jardines inmensos y muy extensos que nos gustaron mucho, aunque fue, por desgracia, el único día en que la temperatura bajó un poco y no era tan agradable pasear sin abrigarse.



Tuvimos más de una hora de viaje hasta allí, porque había que coger primero un tren y luego un autobús, que con las esperas fue todo un viaje.


Luego volvimos a Dublín, donde teníamos reservada la visita a Dublinia. Dublinia es una exposición sobre los orígenes de Dublín y las distintas etapas que pasó la ciudad y el país a lo largo de la historia. Es bastante interactiva y a los chicos les gustó.



Era el momento de despedirnos de la ciudad, porque pasaríamos nuestra última noche con las familias y a la mañana siguiente un autobús nos recogería rumbo al aeropuerto.



Los chicos venían satisfechos. No sé si de su nivel de inglés (algunos sí) pero seguro de haber sabido desenvolverse en un lugar extraño, poco acostumbrados como están a las ciudades, al transporte público, durmiendo en casa de desconocidos y pasando todo el día fuera de sus casas. Todos probaron la comida que les dieron, y muy pocos protestaron. Creo que el aprendizaje de esta experiencia ha sido muy importante para ellos.

Del viaje de vuelta poco tengo que destacar. Olvidos, pérdidas, una maleta rota, horas de aeropuerto y autobús, y finalmente llegada a casa a medianoche, dispuestos todos a ir a clase al día siguiente.

jueves, 18 de octubre de 2018

Diario de un viaje a Dublín (6)

Este día nos íbamos a despertar con un pequeño susto. Teníamos a un alumno enfermo. No sé si alguien recuerda cuando conté mi viaje de las Rutas por Cataluña y Valencia. Uno de mis alumnos se puso enfermo, el chófer del autobús era novato, nos metió a buscar un centro de salud por calles estrechas y finalmente tardaron más de una hora la policía municipal y el autobús en conseguir salir de aquel embrollo, cerrando calles y haciendo maniobras, mientras me atendían al niño y nos íbamos andando tranquilamente al hotel.



Esta vez iba a ser todo más fácil. Le dijimos que se acercara a la academia (por cierto, era el mismo alumno que en Valencia) y allí ya habíamos preguntado y nos enviaron a una consulta médica justo a la vuelta de la esquina. Nos dieron cita en media hora, le atendieron y en la farmacia tampoco tuvimos ningún problema con las medicinas. Mucho más sencillo de lo que nos resultó dentro de nuestro país. Pero eso es otra historia.

Lo malo fue con la familia. En teoría la familia de acogida tiene que estar disponible para atender al teléfono si hay una emergencia o alguien enferma. Y esta familia no cogía el teléfono. Nuestro alumno no podía estar incorporado porque se mareaba y vomitaba y hubo que buscar una solución de urgencia. El dueño de la Academia se lo llevó a su casa durante todo el día hasta que a las cinco logró localizar a la familia y llevarle con ellos.



Mientras, el resto de los alumnos y nosotros seguimos con lo planeado. No podíamos hacer otra cosa.

Teníamos para esa tarde el museo arqueológico. Nos resultó interesante, más de lo que esperábamos, y sobre todo porque es breve. En él a los chicos les llamó la atención un barco vikingo y algunos cuerpos momificados que se exponían.



Como teníamos un castigado (uno que había contestado de malos modos al profesor de la academia), me perdí el museo. Lo vi un ratito corto cuando todos ya habían salido.

Nos quedaba tan solo un día de nuestro viaje y, como era sábado y no teníamos clase, teníamos programado pasarlo fuera de la ciudad.


martes, 16 de octubre de 2018

Diario de un viaje a Dublín (5)

Iban pasando los días. Es extraño lo pronto que nos acostumbramos todos a las rutinas, sean estas cuales sean. Estábamos caminando una media de veinte kilómetros diarios, no parábamos en todo el día, nuestros chicos ya no se cortaban en hablar en inglés con otros estudiantes que encontraban por la calle, o en pedir en las tiendas o en preguntar en cualquier sitio. Unos pocos días y muchos de ellos iban cogiendo confianza con el idioma.



Este día nos correspondía visitar el castillo, pero lo habíamos pensado demasiado tarde, y había lista de espera con las reservas, así que decidimos dedicar la tarde a pasear y que los chicos hicieran esas compras que siempre quieren para llevar un recuerdo a casa o para ellos mismos.

Por fin pudimos entrar en algunas librerías...



Recorrimos la famosa zona del Temple bar, que no les llamó demasiado la atención, y estuvimos con la archiconocida Molly Malone. Nos tomamos la tarde con más calma y estuvimos de compras.



La mayoría de los chavales se divirtieron por estar algo más ociosos y no ir corriendo a todas partes como los días anteriores.