viernes, 24 de mayo de 2019

De graduación

Durante un tiempo, asistí a graduaciones de bachillerato de mis alumnos, en varios centros distintos. Incluso llegué a organizar alguna y ayudé otras veces a hacerlo.



Antes me parecían un rollo, y después creo que es algo que hace mucha ilusión a las familias y a los chicos, así que me parece bien todo lo que sea celebrar, aunque mi hijo mayor se ha graduado con esta ya innumerables veces: guardería, infantil, primaria, ESO y bachillerato. Y me parece un poco excesivo todo.

Peeeeeero....este año tengo una graduación muy especial: la de mi hijo mayor. Hoy celebran una ceremonia en su instituto, y vamos a ir, pero os cuento cómo, porque se nos han juntado varias cosas.



Mi chico se matriculó para hacer los exámenes de acceso a la EOI, en francés e inglés. El año pasado hizo inglés, pero consideraba que el nivel en el que había accedido era muy bajo y no aprendió gran cosa. Este año, al cursar segundo de bachillerato y sabiendo que iba a estar ocupado, solo se matriculó de alemán, segundo año. Pero quiere obtener el título de inglés cuanto antes, y entrar en un curso todo lo avanzado que pueda de francés. Así que hicimos la matrícula. Y los exámenes son hoy, a las cuatro y a las seis.

La graduación empieza a las seis.

Así que la logística será la siguiente: Acudiré yo al acto, y mientras el padre esperará a la puerta de la Escuela de Idiomas con el traje en una percha que el chaval tendrá que ponerse en el coche camino del instituto. Esperemos que llegue al momento de entrega de diplomas, pero si no es así, tampoco importa demasiado. Al fin y al cabo, creo que lo mejor de ese día es la cena con sus compañeros, y el local que han alquilado para la fiesta de después. Así que no vamos a llevarnos mal rato. Él no se lo está llevando.



Pero me da un poco de pena, porque son momentos de los que luego te acuerdas: los preparativos, la espera, las sonrisas cómplices con tus compañeros, los profesores vestidos de fiesta, los discursos, las actuaciones... todo eso queda en la memoria y él se lo va a perder en su mayoría. Pero ha dicho que lo primero es lo primero, y eso le honra.



Deseadnos suerte para el día intenso que nos espera.


jueves, 23 de mayo de 2019

Cara de pan, de Sara Mesa

No había leído aún nada de esta autora, que tenía en mi lista de pendientes desde hace ya mucho tiempo.



Título: Cara de pan
Autora: Sara Mesa
Editorial: Anagrama

Una niña en proceso de cambio hacia la adolescencia comienza a faltar a clase porque no le encuentra sentido a todo lo que le rodea. Y pasa las horas escondida tras los setos de un parque. Un día establece una conversación con un hombre y, poco a poco, se va forjando entre ellos una extraña amistad.

Sus conversaciones y su mundo no sobrepasan el seto tras el que se esconden. Y saben que algo en esa relación está mal, pero son dos outsiders que encuentran consuelo el uno en el otro.

Una de esas historias que se te queda dentro, que te hace pensar sobre lo que es y lo que está socialmente aceptado, sobre los prejuicios, sobre lo que la sociedad nos dice que está bien o mal, y sobre cómo eso construye nuestras mentes.

Un novela breve, escrita de una forma sencilla pero brillante, y con mucho en lo que pensar.



miércoles, 22 de mayo de 2019

The society

Es uno de los últimos estrenos de Netflix.



Mezcla varios géneros: pelis destinadas a jóvenes, medio de instituto (por el tema amoríos y rencillas juveniles), género apocalíptico, misterio, algo parecido a una distopía...

Se trata de un grupo de jóvenes de un pueblo estadounidense que, tras un día de excursión lejos de sus familias, regresan al pueblo para descubrir que allí no hay nadie. No solo eso, tampoco pueden comunicarse con el exterior, no hay trenes y todas las carreteras están cortadas y no parece seguro salir por los bosques.



Estos adolescentes se verán solos, sin adultos, y tendrán que organizar las cosas para poder vivir en sociedad, unos con otros, pero no tardarán nada en surgir problemas.



Lo han llamado algo así como un "Señor de las moscas" moderno. Y no me ha producido la desazón que me provocó la lectura del libro de Golding, pero sí me ha gustado, a mí y a mis hijos, y nos ha dejado con ganas de más.

lunes, 20 de mayo de 2019

Abuelos

Este fin de semana ha muerto la abuela paterna de mis hijos; sí, mi suegra.



Perder un abuelo es perder parte de la memoria familiar, y perder un cariño que no es como el de los padres, que es completamente distinto, más inocente, más desinteresado, y que los niños deberían tener.



Yo perdí a mi abuelo paterno con 16 años. Me pareció demasiado pronto porque lo adoraba. Siempre es demasiado pronto para perder personas que están presentes en tu vida y que, como adolescente, o niño, piensas que siempre estarán ahí.

Después tuve suerte: mis otros tres abuelos me vieron crecer como persona; viví con mis abuelos maternos durante los dos primeros años de carrera y aquella experiencia me influyó mucho en quién soy y cómo soy; mis tres abuelos conocieron a mis hijos, y eso es algo que no todo el mundo puede decir; duraron muchos años, y murieron con más de noventa años, cuando yo ya había formado mi propia familia.



Esperaba lo mismo para mis hijos. No esperaba despedidas tan pronto. Ni verlos sufrir. Siempre intentas protegerlos de todo, y en algo así no puedes hacerlo. Es una de esas cosas que te hacen madurar: primera pérdida cercana, primera vez en un tanatorio, o en un entierro. Y me siento un poco impotente con su sufrimiento, con sus sentimientos.

Como dicen por ahí, los abuelos deberían durar siempre.