viernes, 19 de julio de 2019

Este verano

Os he hablado ya de mis rutinas de verano, de la piscina por las tardes. Pero este verano también quería, os lo dije hace tiempo, hacer cosas nuevas.

Una de esas cosas, que siempre vuelve, que dejo y cojo, que está ahí, en mente, es la de cuidarme más. Y lo estoy haciendo. Hago más ejercicio, me muevo más y como mejor... Eso no es normal para mí en verano. Sé que hay gente que en estas fechas hace mucho más deporte, por el buen tiempo y por tener más momentos de ocio. Yo no, siempre en verano he dejado apartadas mis rutinas más sanas. Pero este año está siendo bastante bueno en cuanto a comidas y bastante movido en cuanto a ejercicio. Salgo a caminar casi todas las mañanas, y me muevo un poco más ágil. Intento mantenerme más activa en general. Y eso me está viniendo bien. Para el cuerpo y la mente.

Otra de las cosas que está pasando este verano, sin proponérmelo, es que he estado y estoy muy ocupada. No me he aburrido todavía, no he tenido tiempo casi para nada. Primero el trabajo, que me ha durado hasta este mismo lunes (todavía tengo que pasar por el centro a hacer una última cosa) y después miles de historias: matrículas de los niños de conservatorio, escuela de idiomas y universidad; las clases del pequeño en verano, que le están encantando pero que son acompañadas de su madre y eso no me hace tanta gracia; la preparación para el próximo campamento del peque; las clases y los tests del carnet del mayor... Y siempre recados por hacer. No sé si es que no me organizo o es que lo he ido dejando todo para el verano, para las vacaciones, y se me han juntado muchas cosas. El caso es que queda poco más de una semana de julio y aún no siento que lleve tiempo de vacaciones.

Por otra parte, creo que también estoy este año mucho más optimista con todo: no sé qué influye en ello, pero veo lo que queda de verano como unos días fantásticos que tengo que disfrutar, y pienso en el nuevo curso como una oportunidad de llevar mejor las cosas, de tener más paciencia y de empezar de nuevo.

Así que mi verano está empezando, y va bien.

¿Y el vuestro?

martes, 16 de julio de 2019

Temporada de piscina

Ya he ido un par de días a la piscina este año (aunque no a la mía), e incluso he estado en la playa, algo que no me llama la atención pero que no está mal de vez en cuando.

Pero hoy, precisamente hoy, empiezo mis vacaciones y mi temporada de piscina.

La piscina en verano para mí es un ritual. Ya os he hablado de mi piscina y de mis costumbres veraniegas. Vamos al mismo sitio, una especie de club privado, desde hace muchos años, y somos, más o menos, la misma pandilla desde entonces, con algunas incorporaciones.

Y este año, con mi reciente separación, no sabía qué tal llevaría lo de la piscina, porque allí están todos NUESTROS amigos, los amigos comunes, a los que vemos a diario durante el verano. Pero todos llevan días animándome a ir. Y hoy ha llegado el día.

Paso el verano metida en ese lugar. A veces voy por la mañana un rato, pero lo habitual es que vayamos muy pronto por la tarde: a las cuatro o cuatro y media, y yo me ponga a leer a la sombra de un árbol mientras el peque juega y se baña y el mayor se mete en el gimnasio. Más tarde van llegando los amigos y a veces sigo leyendo, otras veces conversamos... hasta las ocho y media o nueve que cierran el baño y. nos vestimos para tomar algo en la terraza. Allí a veces, si el tiempo lo permite, estamos hasta altas horas de la noche, y cenamos allí a menudo, a veces en el bar y otras organizamos barbacoas que nos gustan mucho.

No sé si va a ser fácil, como os he dicho, este verano, porque el año pasado por estas fechas se separaron una pareja de amigos y ahora nosotros, y el ambiente será diferente. Ya os contaré, pero tengo ganas de mis rutinas de verano. Y la piscina es una de las más importantes.


lunes, 15 de julio de 2019

Perdón, de Ida Hegazi Hoyer

Una persona bastante lectora me recomendó este libro, y no solo eso, sino que me lo prestó, así que enseguida me puse con él, dejando todo lo que tenía a medias. Y ha sido todo un acierto.




Título: Perdón
Autora: Ida Hegazi Hoyer
Editorial: Nórdica libros

La narradora es una joven de apenas veinte años que se enamora perdidamente de un chico un poco mayor y desde ese momento se comprometen y se van a vivir juntos. El ímpetu y la fogosidad de la juventud, el creer que nada malo puede sucederte y que todo lo que harás en tu vida la diferenciará del resto. El chico, Sebastian, le regala un anillo en su primera cita, un anillo que ya le resulta molesto desde el principio, que será el símbolo de su amor y una auténtica pesadilla para ella, porque se le irá clavando en la carne, doliéndola, infectándosele...

Perdón es la palabra que deberíamos todos pronunciar más a menudo y que no aparece en ningún momento en la historia. Todos los personajes son víctimas y también hacen daño a los demás, pero ninguno es capaz de pedir perdón.

Enganchadísima he estado a esta historia, que comienza de una forma original y sorprendente y que continúa así durante toda la novela. No creo que deje indiferente a nadie.

viernes, 12 de julio de 2019

Volver a casa

Llevo ya unos cuantos días en casa de mi padre. Y se me está haciendo largo. Creo que hoy volveré a mi casa, al menos un par de días. Porque esto se me está alargando demasiado.

Sé que debería estar agradecida, y lo estoy: mi padre me está ayudando con mis niños y con los de mi hermano en estos primeros quince días del mes, y está encantado de hacerlo, entreteniendo a los chicos un montón, llevándoles y trayéndoles de aquí para allá y organizando cada día actividades para ellos.

Pero en estos momentos lo que más me apetece es terminar con este trabajo veraniego que me está quitando la vida, y estar tranquila en mi casa, hacer lo que quiera sin depender de nadie y sin que nadie dependa de mí.

En fin, que puestos a soñar podía querer muchas otras cosas. Pero en este momento estamos así: todos metidos en el pueblo, un pueblo del que salí hace muchos años voluntariamente porque me agotaba vivir allí y al que nunca me ha gustado mucho regresar. Allí estamos, llevando una vida de pueblo, con horarios muy cerrados, y con tres niños a mi cargo por las tardes, porque mi padre ya los entretiene toda la mañana. Sin tiempo para estar sola, sin tiempo siquiera de llorar a gusto.

Por las noches, tarde porque ellos están de vacaciones, tengo que dormir con ellos, no por falta de espacio, sino porque no quieren dormir solos. Y siento que en estos días no me he permitido estar conmigo misma, escucharme, mirarme al espejo, sentir cómo van las cosas. Vamos, que no he podido ni llorar a solas.

A ver, que tampoco es que esté llorando por las esquinas, pero tengo mis momentos y no he podido ni permitírmelos. Y eso no me viene  nada bien.

Este fin de semana, el domingo, nos iremos ya a casa, y empezaremos el verano definitivamente. Me hace mucha falta.