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sábado, 25 de septiembre de 2021

Sucedió en julio y en agosto

 Sí, a estas alturas de septiembre aún no he hecho mi resumen de los meses de verano. Los dos meses han pasado volando, y no porque todos los días hayan sido iguales, ni mucho menos.

Estuve trabajando hasta mediados de julio, pero aprovechando para ir algún día a la piscina o salir por ahí. No ha sido un buen verano por aquí en cuanto al tiempo, y ha sido el año que menos he ido a la piscina desde hace muchísimos. Porque no ha hecho calor, o no demasiado. O ha hecho calor unos días y luego frío, y cuesta retomar tardes de piscina cuando estás dos, tres o cinco días sin ir. 

El caso es que la mitad de julio la pasé trabajando y la otra mitad en la playa. Este año por primera vez nos fuimos con mi hijo pequeño (casi 16 años ya) y los hijos de mi pareja, todos juntos. Un experimento que salió bien, cuando podía haber sido un desastre. Estuvimos unos días en Almería, aprovechándonos de la playa y del calor, y tomando fuerzas para el invierno. 

Al regresar, y también a ratos a principios de julio, hemos pasado días en el pueblo. Este año los cuatro primos han pasado mucho tiempo juntos. Recuerdo que mis veranos de niñez eran veranos de primos, y me encanta que ellos jueguen juntos, que se rían, que pasen tiempo divertido juntos sin mirar el reloj y sin prisa por ir a dormir. 

En agosto pasamos unos pocos días en la Alpujarra con amigos. Fue el fin de semana de la ola de calor y la verdad es que atacó duro, pero tuvimos piscina donde remojarnos, y casi no salimos de ella. Disfrutamos de estar juntos, de vernos, y comimos y bebimos como posesos. 

A la vuelta hemos estado otra vez los primos juntos, hasta que se acabó agosto. Se han aficionado a jugar al tenis y al pádel y se han pasado el verano así, con la raqueta en la mano. 

Ha resultado un verano un poco ajetreado, de idas y venidas, de no tener tiempo de estar parada, aunque he aprovechado el mes de agosto para descansar del instituto y del trabajo. La última semana ya empezamos a trabajar, preparando el nuevo curso que para mí es un nuevo reto. Ya os conté el otro día. 

sábado, 7 de agosto de 2021

Sucedió en mayo y en junio

Estamos en agosto ya y no os he hablado de mayo ni de junio. Y es que los dos meses han sido lo mismo. Mucho trabajo, muchísimo trabajo, poco tiempo para nada, y bastante estrés.

Os contaré algunas cosillas de mis dos meses. 

En mayo los fines de semana ha salido con mi chico ya a pasear, a tomar algo: regresamos poco a poco a una normalidad, no del todo pero algo. Y más o menos lo mismo en junio. 

Mi hijo pequeño ha tenido que estudiar mucho, porque ha ido bastante justo este trimestre, así que hemos estado casi sin movernos, tanto mayo como junio. Al final aprobó todo, terminó la ESO, y el año que viene comienza una nueva etapa. Ya os contaré. 

Punto positivo para mi quedada con mis kiwis en junio. Hacía mucho que no estábamos todas juntas y esta vez no ha podido ser tampoco. Aunque en nuestro corazón hemos estado muy muy juntas. Ha sido un mes de mucha incertidumbre, y hemos pasado bastantes malos ratos, pero finalmente las cosas se han resuelto bien, muy bien. 

He celebrado mi cumple con mi chico y con mi hijo pequeño. Ha sido un cumpleaños genial, como lo son todos, y más cuando se van cumpliendo años y años...

Por fin mi hijo mayor regresó a casa. A mediados de junio, por fin mi hijo volvió a casa para pasar el verano. Nos hemos visto muy poco estos dos años que lleva fuera. Y no porque esté lejos, sino porque la pandemia ha hecho también estas cosas. Y no he podido ir a verle lo que quisiera, ni él viajar aquí. Y en todo el curso nos hemos visto dos o tres veces. Lo cual es muy muy poco. Así que estoy feliz de tenerle. aquí esta temporada de verano.

Por otra parte, dejé por primera vez a mi perrita en una residencia para irme de finde a Madrid y volvió desencajada. Lo pasó muy mal, vino muy delgada, muy triste, como si pensara que la habíamos abandonado. Me dio muchísima tristeza. Así que tendré que encontrar otra fórmula para cuando nos queramos marchar a algún sitio. Este verano durante las vacaciones se ha quedado con mi hijo mayor y mi padre, pero veremos en otras ocasiones cómo lo hacemos. Quizá un sitio más pequeño, con alguien que la cuide en casa... no lo sé. 

Seguiré por aquí hablando de julio y agosto, en breve.


miércoles, 3 de febrero de 2021

Sucedió en enero

 Enero ha sido un mes complicado. No diré que malo, pero tampoco bueno: hemos tenido de todo, o casi de todo. Pero, sobre todo, mucho trabajo. Muchísimo trabajo.



Como ha pasado en tantos sitios, y como se veía venir, las Navidades han hecho estragos. El primer día estábamos todos, al menos de profes, pero enseguida empezaron las bajas, hasta el punto de que, de cinco en el equipo directivo, hemos estado dos algunos días. Con eso se nos ha multiplicado el trabajo, y el mes de enero ya venía cargado.



Me he pasado el mes peleándome con las cuentas del instituto. Un error (mío) en un apunte en el libro de contabilidad me ha llevado por la calle de la amargura, a la desesperación, a pensar que no valgo para esto y mil cosas más. Y a dormir durante semanas entre poco y nada. Es la realidad. Ahora, visto en perspectiva, y localizado el error, me parece poco menos que una tontería, pero se me da bien hacer drama de las cosas. 



Por lo demás, no puedo contar cosas especiales de este mes. He visto algunas películas, alguna serie mientras tejía, he leído un poco, sobre todo novelas gráficas por mi incapacidad de concentrarme demasiado... Y poco más. No he ido, como es lógico, a ninguna parte, ni he hecho nada digno de mención. Salir a caminar con una amiga, pasear a la perrita, entrenar (poco), y estar en casa. 

miércoles, 13 de enero de 2021

Mis momentos favoritos de 2020

Este año, a pesar de los pesares, ha sido un buen año para mí en muchísimos sentidos. Y hemos llegado hasta aquí todos sanos en la familia y bien. Creo que ya eso es digno de celebrar. Pero ha habido durante el año muchos buenos momentos, y algunos de ellos me gusta dejarlos plasmados por aquí para no olvidarlos.   





Nadie lo diría en otro tiempo pero ha habido tres momentos este año que han sido de mis favoritos y vienen asociados a la playa, al mar.


En enero fuimos mi pareja, mi hijo pequeño y yo a Avilés porque allí trabaja el Luthier al que le compramos su viola y tenía que hacerle algunas mejoras. Hacía un maravilloso día soleado y nos fuimos al Cabo de Peñas y a la playa. Mojamos incluso los pies en el agua y comimos en un restaurante al lado de un puerto, al sol, un pescado muy rico disfrutando del día. Fue un gran momento.


En verano fuimos de los afortunados que nos pudimos ir de vacaciones unos días a la playa en julio. Estuvimos en Huelva y disfrutamos muchísimo de los atardeceres, del mar omnipresente, del pescado, y también el uno del otro. Resultaron unas vacaciones inolvidables. 



Me encantó también el día que pasamos en la playa mi hijo y yo con mi pareja y sus hijos. Fue un buen día, todo salió bien y se convirtió en uno de esos recuerdos que merece la pena conservar en la memoria.


Aparte de esos días de mar, ha habido otras ocasiones que permanecerán en mi memoria. Por ejemplo, este año ya tocó ese tatuaje. del que tantas ganas tenía.



El verano. Todo el verano, que este año ha sido inolvidable, pero sobre todo las vacaciones, en la playa, en Sevilla y en Granada. Todo bien.  Muy bien.





El inicio de curso, que ha sido una locura pero como siempre que me embarco en nuevas aventuras, me demuestra hasta donde puedo llegar, y que tengo más aptitudes de las que pienso. Me estoy conociendo más, hasta donde llego y qué soy capaz de hacer. Y me gusta mi trabajo,  no el de dar clase, eso lo tengo claro desde siempre. Me gusta intentar solucionar cosas, anticiparme a los problemas en la medida de lo posible, intentar hacer que todo en el instituto funcione. Me gusta. 




Uno de los momentos que más he echado de menos ha sido la quedada (las quedadas) anual con mis kiwis. Nos vimos casi todas este verano. Pero no todas y el 2020 nos debe dos quedadas. Algo que tendremos que solucionar cuando se pueda...


Creo que otra de las cosas que ha supuesto un cambio importante en nuestras vidas y que es muy reciente es la llegada de esta peluda a nuestra familia. 




Por lo demás, a pesar de las muchas restricciones, he intentado disfrutar de mis hijos, de mi pareja, de un café, de una comida, una película, un buen libro, un paseo... de todo lo que he podido y de todo a tope. 

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Sucedió en noviembre

 Este mes empezó sin pena ni gloria, con mucho trabajo y un puente por Los Santos, pero con una muerte muy cercana a la familia. En realidad ella era familia y no nos lo esperábamos, así que nos ha afectado bastante. 


Como novedad, en este mes me he tomado en serio el ejercicio, tanto como para realizarlo de manera rutinaria casi a diario,  de una u otra forma, y me está viniendo muy bien. 

También, y no sé si como causa o consecuencia o a la vez que lo anterior, me he tomado más en serio lo de comer bien.



Noviembre es un mes que nunca me gusta y que este año no ha sido nada memorable, ni para lo bueno ni para lo malo. Hemos tenido, como la mayoría de la gente, medidas más o menos estrictas de confinamiento. En esta comunidad, toque de queda a las diez, cierre perimetral y cerrados centros comerciales, bares, restaurantes y gimnasios. 



Una siempre piensa: bueno, no me afecta demasiado... pero no es verdad. Mis amigas y yo nos vemos todos los viernes en una cafetería, o salimos a tomar unos vinos. Eso hace más de un mes que no lo hacemos, y salimos algún día a caminar juntas, más que nada por vernos y por charlar un rato, pero no es lo mismo. Algunos sábados o domingos, nos damos un toque y bajamos a tomar un vermut juntas, antes de comer. Otra cosa que nos han quitado. No son cosas importantes, no nos va la vida en ello, y cumplimos, pero son pequeñas cosas que se acumulan para que tus días no sean precisamente mejores.



Terminaremos el trimestre sin una cena o una comida de Navidad con compañeros, sin poder juntarnos para las evaluaciones, sin poder compartir muchas cosas. 

No quiero que me invada el desánimo, aunque a veces lo hace... me gustaría ser positiva y pensar que, si todos lo hacemos más o menos bien, y si los políticos son responsables, en enero las cosas estarán mejor y no peor.


Lo mejor del mes es que a finales, hace apenas diez días, adoptamos una perrita. Llevábamos tiempo pensándolo, y mi hijo lleva toda su vida pidiéndolo, pero es una decisión que hay que meditar mucho, y ya teníamos dos bichitos en casa. 

Nos estamos adaptando bastante bien. Ahora es un bebé y no puede salir de casa aún, y nuestras costumbres están cambiando para amoldarnos a ella, pero todo va estupendamente, e incluso los gatos han tardado poco en acostumbrarse a un animalillo nuevo por casa. La gata en apenas un día ya no le daba importancia. El gato a veces aún se asusta si se le acerca y bufa nervioso pero las cosas van bien y no ha habido incidentes con ellos. 

Por lo demás, lo que es un cachorro, necesita dormir mucho, muchos mimos,  estar con ella, y lo muerde todo, tiene ganas de jugar a todas horas, y nos roba los calcetines a la mínima que nos descuidamos.

jueves, 12 de noviembre de 2020

Amigas

 Eran amigas de verdad. Y lo fueron durante los últimos cincuenta años, o más. Se conocieron muy jóvenes, recién casadas. Y eran muy diferentes. Una había vivido siempre en una ciudad, con sus hermanas y amigos. La otra había vivido siempre en un pueblo, ayudando en casa y en el campo, y se había casado para ir a vivir a otro pueblo. Ambas coincidieron en eso. En casarse e irse a vivir a un pueblo muy pequeño.

Una de ellas tuvo un hijo, y la otra tres. Se veían cada día sin necesidad de buscarse, se hacían pequeños recados, contaban la una con la otra. Las conocí toda mi vida. Y nunca oí a ninguna de las dos decir nada malo de la otra. Se entendían, tenían confianza, se contaban sus cosas. Y nada de lo que ellas hablaran salió nunca de su círculo de confianza.

Todas las semanas,  todos los sábados, una iba a que la otra le pusiera los rulos, y la dejara preparada para, al día siguiente, peinarla definitivamente para ir a misa. Eran esos momentos de intimidad en los que los demás nos quitábamos del medio y ellas tenían sus conversaciones privadas. Se comentaban todas sus cosas, se aconsejaban en todo tipo de cuestiones, lloraban la una en el hombro de la otra.

No eran de las que se pasan la vida la una en casa de la otra. Ni de las que pasean agarradas del brazo. Pero sí estuvieron en todas las celebraciones, en todos los cumpleaños, en todas las buenas ocasiones... y lo más importante. En las malas. Un fallecimiento, un accidente, y nunca hizo falta preguntar ni pedir para que una ayudara a la otra en lo que fuera. 

Cuando una de ellas puso fin a su matrimonio, la otra siguió, no solo llamándola todas las semanas, sino yendo, de vez en cuando, en el autobús, hasta la ciudad a que la otra la peinara y a pasar el día con ella. Cualquier cosa, cualquier momento de alegría o de pena era compartido.

Y la semana pasada, de repente, porque su cuerpo estaba ya débil y puede que por esta maldita pandemia, una de ellas nos dejó. En la otra ha quedado un vacío que ya no será capaz de llenar. Porque amigas puede haber muchas, pero ninguna como esta. Todos alrededor estamos afectados. Porque era, sin duda, la persona más buena y generosa que yo haya conocido. Pero, sobre todo, era la amiga de mi madre. Su gran amiga; la que ha estado ahí en todo momento. Siempre lo fue y siempre lo será, y no hay consuelo para ella, ni lo habrá nunca.

domingo, 1 de noviembre de 2020

Sucedió en octubre

Empezamos el mes de octubre estrenando horarios en el instituto: unos que por fin funcionaban y que estaban bastante bien. Nos ha costado muchísimo arrancar el curso. Todo el equipo directivo somos nuevos, y unido al descontrol de la administración, a las órdenes contradictorias,  a la situación, a las medidas excepcionales... ha sido bastante duro. Lo bueno es que somos todos muy calmados y hemos trabajado mucho pero con tranquilidad. 



A mediados del mes fue el cumple de mi chico. Así que los días previos estuve buscando qué regalarle. No lo tenía muy claro, porque hoy por hoy tenemos de todo, y quería algo que le hiciera ilusión, así que siempre acierto con los libros, y alguna cosa más. 



No pude ir a celebrarlo con él porque vive fuera de León y aquí estábamos confinados. Lo hemos estado durante todo el mes. Ahora, ya sabéis, además con toque de queda. Y en breve nos veo confinados de nuevo.  No sé si conseguiremos que las cosas mejoren. El caso es que él sí puede venir porque trabaja aquí, así que nos invitó una tarde a cenar al peque y a mí y lo pasamos bien.  No se puede pedir más en esta situación.



Mis días durante este mes no han diferido mucho de los de septiembre, excepto que no he trabajado todos los días por la tarde ni todos los fines de semana. Por lo demás, trabajo, casa, un poco de ejercicio algunos días, estudios del pequeño, leer un rato y dormir. He estado bastante cansada. Al menos la primera mitad del mes. Luego he ido remontando. Y al final creo que no ha sido mal mes después de todo.



He leído bastante más, porque he tenido más tiempo y he estado menos cansada al llegar la noche. Y también porque he escogido en general libros breves, como novelas gráficas, que me han tenido enganchada a una historia durante menos tiempo. Y era lo que necesitaba.



Por lo demás,  no hay muchas novedades. Estamos ya a pleno rendimiento en el trabajo y también en casa con los estudios del pequeño. Instituto y conservatorio. Casi sin tiempo de nada. Pero bendita rutina.

 

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Sucedió en agosto

Agosto comienza con el cumple de dos de mis kiwis, así que no puede ser un mal mes.

Para nosotros empezó con la visita de unos amigos de paso hacia Asturias. Y continuó con nuestra visita a una de las kiwis cumpleañera a un pueblo cercano donde pasa sus vacaciones. Luego nos devolvió la visita, y también tuvimos un encuentro con unos sevillanos ilustres de camino de regreso a casa. Muchas citas y todas estupendas.



Agosto también fue un mes en el que me quedé unos cuantos días en el pueblo. Huyo bastante de mi pueblo, pero mis sobrinos y mis hermanos me tiran mucho, así que me fui para un par de días y me quedé ocho. Muchos para mí, os lo aseguro. Allí tuvimos muchos amigos en casa, familiares,... y el cumple de mi hijo mayor.

El mes siguió con barbacoas, piscina, pueblo, ciudad, deporte, salidas en pareja, salidas con hijos... un montón de cosas en pocos días.



A una semana del fin de las vacaciones, pensaba que me lo iba a tomar todo con más calma, pero no fue así. Aún nos faltaba un día de playa, más barbacoas y más piscina, y algunas cosas más.



Septiembre suele ser un mes bastante estresante para mí, así que me gusta estar en casa. Debo decir que me gustaba eso de estar en casa, porque creo que últimamente salgo mucho y me gusta bastante también. Así que no prometo nada.

A finales de mes os contaré cómo ha ido todo, porque es un mes movidito. Y más aún este año. Os iré contando novedades, que son unas cuantas.



El verano se acaba, el curso comienza y creo que puedo hacer balance de los últimos dos meses. Ha sido el mejor verano en mucho tiempo, y espero que el próximo lo sea aún mejor.

miércoles, 5 de agosto de 2020

Sucedió en julio

El uno de julio mi hijo, que llevaba escasamente un par de semanas de vacaciones, se puso a trabajar para sacarse un dinero para futuros viajes de estudios. No puedo estar más orgullosa de él. Merecía un descanso, porque el curso ha sido duro y ha sacado buenísimas notas. Pero él quería trabajar y lo que encontramos para él fue trabajo en un supermercado. Le está resultando a la vez duro y motivador. Nunca había realizado trabajo físico y a la vez le ha servido para soltarse a tratar con gente, a ser más abierto, a conocer personas de todo tipo. Creo que está siendo una buena experiencia. Cansada pero muy buena.




Pasamos la primera quincena del mes a medias entre el pueblo y mi casa de León porque yo,  de pronto, me he quedado sin coche (lo usa mi hijo para ir a trabajar) y uno no se da cuenta de la independencia que le da un coche hasta que lo pierde. Además, vinieron mi hermano y mis sobrinos a pasar esos días y los hemos disfrutado mucho.


Después de eso me marché de vacaciones con mi chico a Huelva. Fuimos a Islantilla unos días, a desconectar y descansar. Aunque no hemos parado demasiado. Visitamos algunos lugares de alrededor como Punta Umbría o Huelva capital, y salimos a hacer ejercicio casi todas las mañanas, a pesar del calor. Lo demás ha sido playa, piscina, tomar el sol, buen pescado y disfrutar mucho.


La segunda etapa de las vacaciones nos llevó a Sevilla. Allí visitamos a una amiga y salimos un poco a conocer la ciudad. El calor era importante pero lo hemos pasado muy bien y hemos paseado y visitado la ciudad, e incluso hemos hecho deporte.





La tercera etapa del viaje nos iba a llevar a la Alpujarra granadina, donde nos esperaban dos amigas, pero sorpresa de por medio, apareció el grupo de las kiwis casi al completo,  con sus maravillosos consortes. Así que lo hemos pasado como niños. Hemos reído, nos hemos remojado, hemos cantado y bailado, y sobre todo hemos estado juntas, que después de tener que suspender la quedada anual de primavera y no saber qué pasará con la de invierno, ha sido algo maravilloso y necesario.







Como veis, ha sido un mes muy completo. Ahora ya llevo unos pocos días de vuelta a casa,  con mis hijos, y estoy también en la gloria. Aunque en realidad no he parado ni creo que lo haga en este verano, porque un día hemos estado en la montaña, ayer vinieron unos amigos de camino a su lugar de vacaciones, iremos a hacer algunas visitas y recibiremos otras...



Creo que no se le puede pedir más a la vida.

miércoles, 29 de julio de 2020

De vacaciones

En  los últimos días he desaparecido por aquí porque he estado muy ocupada pasándolo bien.

Hemos estado unos días fuera, de vacaciones, primero en la playa, en pareja, y después con amigos.

Han sido unas vacaciones estupendas, de  las que regresamos anoche, cansados, muy cansados, pero felices y relajados.

Quiero aprovechar también el resto del verano, disfrutar cada día y cada momento. Como esta noche mi casa para mí sola, sin ruidos y sin nadie; o esta mañana de levartarme tarde y de mi café con el blog, algo que echaba de menos.

Hoy será un día relajado de lavadoras, recoger cosas y hacer un poco de compra, y quizá esta tarde vayamos a la piscina para paliar estas temperaturas. Y todo eso también pienso disfrutarlo. Porque estoy en plan "disfrutona" y quiero comerme el mundo.

En los próximos días estaré por aquí con libros, series, películas, anécdotas, cosas variadas. Ya de vuelta.

domingo, 17 de mayo de 2020

Primeras veces

Este extraño estado de las cosas hace que sean tiempos para primeras veces. Creo que lo es para todos. Desde luego lo es para mí.

Nunca antes había trabajado desde casa,  por ejemplo. Y no me gusta. Ya os lo he dicho por aquí. No puedo estar sin ver a mis alumnos, sin la presencia física y sin controlar lo que hacen, porque así las cosas no funcionan. Al menos no con mis alumnos.

Nunca antes había estado tanto tiempo, veinticuatro horas al día, siete días a la semana, conviviendo con una persona. Ni siquiera con mi exmarido, con el que estuve casada 22 años, había pasado tanto tiempo seguido. Encerrados mi pareja, mi hijo pequeño y yo durante estos meses, y la experiencia ha sido buena, así que no puedo pedir más.

Nunca había estado tanto tiempo sin ir al instituto. Diréis, bueno, si tenéis en verano tres meses de vacaciones. Lo de los tres meses no sé exactamente de dónde ha salido. En el mejor de los casos, estamos de vacaciones del 1 de julio al 31 de agosto, dos meses. Si eres equipo directivo o tienes alguna tarea administrativa (el año pasado llevé el préstamos de libros y la última vez que estuve en el centro antes de cogerme vacaciones de verdad fue el 17 de julio) vas también en julio. El caso es que son ya más de dos meses sin ver ni a alumnos ni a compañeros, y se echa de menos. Mucho.

Nunca antes había estado tanto tiempo sin ver a mi hijo. Y esto es, sin duda, lo que más duele.  No es que esté preocupada por él ni nerviosa por él porque está con mi madre, están los dos bien, está estudiando mucho y trabajando a tope, pero lo cierto es que,, incluso cuando ha estado los veranos fuera, ha sido menos tiempo que ahora.

Si lo pienso, hay cientos de primeras veces más, como videollamadas con amigas, como los dos meses y pico que llevo sin ponerme un vaquero, sin maquillarme, sin secarme el pelo con el secador, sin prisas...

Sorprendedme... ¿Cuáles han sido vuestras primeras veces en estos tiempos coronavíricos?


jueves, 7 de mayo de 2020

Padres, deportistas, jóvenes y demás

Vivimos estos días cosas nuevas: horarios diferentes para salir los niños, los mayores y los adultos; medidas para no contagiarnos; eso que llaman distanciamiento social y que en mi caso es una faena porque soy muy de tocar y de abrazar... Y en estos días todos hemos criticado la actitud de algunas personas que hacen lo que les da la gana y que no tienen en cuenta a los demás. Creo que es fácil criticar pero es complicado para todos hacer las cosas bien del todo, sobre todo en la parte que más nos duele. 

Por ejemplo, tengo alumnos en redes sociales con los que tengo contacto desde hace años. Muchos están trabajando por el mundo y otros estudiando en la universidad. Cuando todo esto empezó, la mayoría de ellos siguieron en sus pisos compartidos durante el tiempo de confinamiento. Pero he observado que en las últimas semanas la mayor parte de ellos (por no decir todos) se han ido a sus pueblos. Muchos de estos chicos y chicas son los que han criticado duramente a la gente que se marchaba al pueblo desde Madrid, Segovia o Salamanca. También muchos de ellos han sido los que han criticado a los padres que salían con sus hijos sin cumplir las normas de seguridad. Y en cuanto han podido, se han recorrido media España y ya se les ve tomando el sol en su pueblo o quedando con sus amigos para hacer deporte o ir a pasear. 

¿Qué nos ocurre? Que tendemos a ver mucho mejor los fallos de los demás y no vemos los nuestros. Nos pasa a todos. No estoy hablando de chicos jóvenes. En las zonas rurales de Castilla, algunas de ellas poco castigadas por el virus, ha sido constante el goteo de gente que se venía ya de vacaciones de verano. Y más aún en las últimas dos semanas, en las que creo que se ha relajado la vigilancia o la policía y la guardia civil ha tenido demasiados frentes abiertos para vigilar eso. Muchos de ellos son jubilados o gente de mediana edad que han pensado: Viene el buen tiempo y no nos vamos a pasar en la ciudad todo el verano. Al menos nos vamos al pueblo y que sea lo que dios quiera.

Mi hijo mayor lleva todos estos días con su abuela, sin ver a una persona de su edad ni a sus padres. No penséis que no me he planteado coger el coche e ir a buscarlo. Lo he pensado, por tanto soy parecida a los que lo han hecho. Aunque no quiero saltarme las normas y él mucho menos que yo. Pero si la alternativa es que se pase allí todo el verano, sin posibilidad de ver a su novia o a sus padres o amigos, pues cualquier día me echo la manta a la cabeza y me voy a por él. Está mal, sí, muy mal. Y no lo he hecho porque lo sé. 

Estos días que hemos salido a caminar por las tardes hemos visto escenas de novios que llevaban meses sin verse y que, para no saltarse las normas, y mascarilla en ristre, quedaban en medio del campo, lo más lejos posible de la gente que pudiera decirles algo. Hemos visto grupos de adolescentes y jóvenes que quedaban con las bicis pero que lo de menos era el deporte y lo de más salir y verse. Hemos visto familias de cinco o seis miembros salir solos. Y sobre todo hemos visto toda la casuística de mascarillas mal puestas que uno se pueda imaginar. Nunca le llamo la atención a nadie. Pero menos aún ahora que no sabemos las circunstancias de cada uno.

Todos somos mucho más indulgentes con nosotros mismos que con los demás. 

Hoy mismo iba de paseo con mi hijo pequeño, que necesita moverse y hacer deporte, y una señora nos interpeló porque, según ella, íbamos por el lado incorrecto de la calzada. Su educación dejaba mucho que desear y no la contesté pero los que iban detrás le dijeron que la que iba por la derecha en una calzada era ella y que el peatón tiene que ir siempre por la izquierda. 

Estamos nerviosos, demasiado. Y nos pensamos que lo hacemos todo bien y no es así. 

viernes, 17 de abril de 2020

Aprobado general

No seré yo quien defienda la gestión que se está haciendo de esta crisis. Nada se ha hecho con tiempo, nada se ha meditado, quizá porque no había tiempo de ello, nada estaba programado y no había planes para nada similar a lo que está sucediendo. Tampoco en lo que respecta a la educación se ha actuado más que con improvisaciones y sin instrucciones claras.

El día que dejamos las clases presenciales, en mi comunidad el 13 de marzo, pensábamos que volveríamos; algunos creían que en quince días, los más pensábamos que después de Semana Santa, que volveríamos a clase y que se "perderían" un par de semanas con algún trabajo que les enviáramos a los chicos. Enseguida vimos que la cosa iba a alargarse. 

La primera instrucción que nos dieron fue la de comenzar directamente la tercera evaluación, y dejar la segunda en suspenso hasta ver qué sucedía. Entonces en mi centro decidimos hacer dos evaluaciones. La primera ya estaba hecha antes de Navidad, la segunda estaba casi concluida el 13 de marzo, así que profundizaríamos y avanzaríamos materia si era posible y con eso y lo que se hiciera en adelante haríamos una segunda y última evaluación. El día que tomamos esta decisión nos llegó una instrucción diciendo que teníamos dos días para hacer la segunda evaluación, y que entregaríamos las notas vía telemática antes de las vacaciones de Semana Santa. Así lo hicimos. Cerramos la segunda y ya habíamos empezado la tercera. 

Hace tan solo dos días hubo una reunión de nuestra ministra con distintos agentes del campo de la educación. Lo que salió de allí no fue nada; al menos eso se desprende de lo que se ha hablado después. Se intentará dar clase en la medida de lo posible; ya lo estamos haciendo. Se intentará que nadie se quede atrás; eso es imposible en estas condiciones. La repetición de curso será algo excepcional; eso siempre lo es. Los profesores en sus comisiones evaluadoras decidirán sobre la repetición de los alumnos teniendo en cuenta todas las circunstancias; como siempre. 

Pero la conclusión de la prensa a todo esto es: todos los alumnos pasarán de curso, por tanto, aprobado general. Y creo que no se ha dicho, no es lo que se ha hablado y no tiene nada que ver con la realidad. Además, las competencias educativas están en las Comunidades Autónomas (a mi entender, un error tremendo) y son ellas las que deciden.

A la espera de instrucciones al respecto, los profesores seguimos trabajando, como podemos. Y en esto tengo que decir que cada uno según su forma de entender las cosas, y la enseñanza. Unos mandando ejercicios y deberes y trabajos día sí y día también, otros con clases por videoconferencia a sus horas cumpliendo su horario habitual, otros medio desaparecidos, otros comprendiendo que esto no es una situación normal y que tenemos que adaptarnos a unas circunstancias muy concretas, que son las de cada alumno en su casa, que no sabemos siquiera cuáles son.

En fin, aquí seguimos. Yo, ya lo he dicho por aquí,  tengo muchas horas a la semana con mis alumnos. Podría ser de las que estuviera enganchada a la videoconferencia de ocho y media a dos y media, pero mis alumnos no madrugan, y tampoco quiero que lo hagan para hacer lo que hacen la mayor parte del día:  jugar a la consola. Prefiero simplemente que hagan una actividad de lengua y una de historia a la semana, cortas y bien hechas. Y así se lo he planteado. Seguiremos adelante despacio y adaptándonos a las circunstancias y, como siempre, el ritmo lo marca su trabajo, que siempre es escaso y ahora es muy muy muy poco... Y no creo que pueda hacer mucho más. Estar ahí, acompañarles en sus dudas, tener el grupo de wasap dispuesto siempre para cualquier cosa, aunque no sea académica, y esperar a que pase la tormenta. 

miércoles, 18 de marzo de 2020

Las tareas de los alumnos

A ver... no nos volvamos locos. Porque creo que se nos está yendo un poco la pinza.



Nuestro sentido de la responsabilidad nos hace pretender que nuestros alumnos no pierdan en curso, que sigan trabajando, que aprendan. Pero resulta que nos pagan por una labor que no puede hacer una máquina, que es muy difícil hacer online y creo que va a ser imposible, por mucho que nos empeñemos, que nuestros alumnos aprendan y trabajen lo mismo que si asistieran a clase.

Cuando esto iba a ser cosa de unos días,  yo no tenía ninguna intención de mandarles trabajo a mis alumnos. Tengo suficientes notas de ellos a diario para que no importen demasiado dos semanas. Pero esto no va a ser cosa de unos días. Ojalá me equivoque, pero hay posibilidades de que el curso termine sin que volvamos a clase. Y si lo hacemos, será demasiado tarde. Así que he empezado con mis alumnos la tercera evaluación.



Hoy les he mandado un par de tareas. Una para todo ese tiempo: que escriban un diario del confinamiento poniendo una noticia que les llame la atención y no solo lo que han hecho sino que reflexionen sobre estos hechos y lo que está pasando. Me parece la tarea más importante para estos días.

En segundo lugar, les he compartido un par de vídeos que he encontrado en YouTube para que les expliquen cositas de sintaxis (puñetera sintaxis) y les he mandado oraciones para que las vayan haciendo. En cuanto a la asignatura de Geografía, nos tocaba estudiar los sectores: primario, secundario y terciario. Vamos a irlos viendo con los acontemientos. La importancia de cada sector. Aún lo estoy preparando pero lo que más me gustaría es que mis chicos estén atentos a la actualidad, que sean solidarios, y que aprendan algo de todo esto.

Creo que es muy importante que los profesores nos demos cuenta de lo importante y lo urgente. Y son cosas diferentes. Creo que es importante que no se descuelguen de la actividad académica, que sepan que esto no son unas vacaciones, pero también es importante, más que nunca, ser flexibles. Y os pongo un ejemplo. Tengo un alumno cuyos dos padres han sido positivos la semana pasada. Así que viven aislados los padres de los hijos, y en momentos de estrés, porque han hecho la prueba a los hijos, y han estado muy preocupados, ya metidos en casa desde una semana antes que los demás. No creo que lo urgente sea que haga deberes. Lo urgente es que se encuentre bien. Luego, lo demás.




¿Qué pensáis? Sois de los que pensáis que los deberes son una buenísima idea? ¿Sois de los que creéis que deben hacer cosas pero de otra forma? Me gustaría conocer opiniones.

Y ahora me voy a poner a preparar cosas. Porque esto a los profes nos supone un reto importante. Y, aunque no vayamos a trabajar y esté madrugando menos, estoy trabajando.



lunes, 16 de marzo de 2020

El virus

Supongo que hoy toca hablar del virus, de que muchos estamos confinados en casa desde el viernes, o antes, y que otros tienen que salir porque no hay más remedio. Podría hablar de personas irresponsables y de cómo en estas situaciones se nos ve lo más hondo de nuestro corazón, se nos ve lo malo y también lo bueno a todos. Pero creo que se está hablando mucho y no tengo nada que aportar.

Esta situación va a ser larga. En mi caso tengo suerte. Estamos sanos, al menos de momento, mi hijo pequeño y yo recluidos en casa, con todas las comodidades del primer mundo. La tele, internet, canales de series y películas... No nos falta ninguna comodidad:  la electricidad, el agua caliente,  la calefacción,... Estamos en casa porque nos han mandado pero podríamos estar perfectamente de forma voluntaria. 

Mi hijo mayor, que está estudiando en Valladolid y vive con su abuela en Palencia, se quedó con ella. Nos pareció la mejor decisión que no se moviera, por un lado, y que la abuela tuviera compañía y ayuda para los tiempos que vienen. 

Mi padre en el pueblo está bien. Él se agobia si no sale, pero tiene un patio grande y un corral más grande que el patio de mi instituto. Y una despensa que puede aguantar años... No tiene de qué quejarse.

Mi hermano, que trabaja en relación con supermercados, está a tope de trabajo pero desde casa, y los niños están a días con él y a días con su ex mujer; viven a unos cientos de metros. Mi otro hermano acababa de abrir un negocio y le ha tocado cerrar, pero también está en el pueblo con mi padre y su enorme despensa.

Mi exmarido y padre de mis hijos tiene que trabajar estos días, y es de los más expuestos. Y lo mismo pasa con mi pareja actual, que trabaja en una residencia de ancianos y tiene en estos días más trabajo que nunca, aparte de intentar subir la moral de los residentes, que está por los suelos. 

Como os digo, todos bien, así que ¿qué más podemos pedir?

sábado, 1 de febrero de 2020

Sucedió en enero

Durante años, hice resúmenes mensuales de las cosas más destacadas para no olvidarme de nada. Este año pasado no lo hice, o comencé el año con ello pero luego lo dejé, y creo que voy a retomarlo porque me gusta poder echar la vista atrás y ver mis cosas resumidas.

Este mes ha tenido sus cosas: una gripe que me dejó cansadísima, el final de las vacaciones y el inicio del segundo trimestre...

Un viaje: Avilés con mis chicos queridos. Lo pasamos muy bien e hizo buenísimo, un día soleado, buena temperatura... Nos acercamos al mar, en Cabo de Peñas, y mis chicos se remojaron en el agua incluso. Comimos en una terraza y disfrutamos mucho de Asturias. Para ser 7 de enero, no estuvo nada mal.



Un libro: Claus y Lucas, sin duda



Un momento: Voy a elegir dos, porque ha sido un mes bastante intenso: Primero, la carrera a la que asistió mi chico este mes y que fue muy divertida,  al menos como espectadora. Pasamos todos un frío del demonio, pero fue memorable. Y en segundo lugar, el concierto en el que participó mi peque; un concierto de rock en el que acompañaba la orquesta del conservatorio y en el que lo pasamos todos muy bien, pero los que más, los músicos.



Un lugar: Puede parecer una broma pero mi lugar este mes ha sido el gimnasio. Me he apuntado a uno nuevo, al ladito de casa, y estoy tan contenta que voy un montón. Estoy motivada, me gusta, voy con ganas... Mi tiempo libre en un gimnasio. Quién me lo iba a decir...



Una película: Este mes siempre es para mí un mes de ver películas, porque se estrenan muchas interesantes, porque hace frío y apetece quedarse en casa... Creo que me quedo con 1917. Me pareció una maravilla.

Una cosa: he tenido muchos regalos de Reyes. Muchos no pero importantes todos. Y el que más me ha gustado es una pulserita fina, de plata, por lo que significa y porque me encanta su forma y cómo me queda.



Una persona: mi hijo mayor y sus primeros resultados en la universidad. Y también sus primeras prácticas del carnet de conducir. Todo ello me hace sentirme muy orgullosa de él. Muchísimo.


Creo que ha sido un resumen muy completo. Y ahora, contadme... ¿qué tal vuestro primer mes del año?

miércoles, 29 de enero de 2020

Excluidos

Estos días, por varios motivos, he estado pensando en nuestros niños más vulnerables, en los excluidos, en esos que nunca están, con los que nunca se cuenta, que van siendo poco a poco, o a veces radicalmente, excluidos de todo, tanto que consideran que eso es lo normal en su vida.



Nuestros alumnos de primero y segundo de la ESO se van a la nieve la semana próxima. Y miro la lista de los alumnos que no van. La mayor parte de los que ahí aparecen son alumnos de necesidades especiales, alumnos con problemas familiares, alumnos que en algún momento hemos nombrado en el departamento (mi departamento es el de Orientación), algunos de ellos muchas veces, por diversos motivos.

Son los mismos chicos que nunca están invitados a los cumpleaños, los que no van a las fiestas, los que en muchos casos se autoexcluyen para no ser excluidos, los que hay que vigilar en el recreo para que no estén siempre solos, los que tienen más problemas de comportamiento, los especiales, los diferentes, los raros, los excluidos.



¿Qué podemos hacer al respecto? Se pueden hacer cosas, pero pocas. Creo que una gran parte de los profesores tenemos sensibilidad hacia estos alumnos, pensamos en ello, pensamos en posibles soluciones.

He visto centros donde intentan no programar este tipo de viajes que cuestan bastante en material y demás,  aunque en este caso no es que sea precisamente cara porque la patrocina la diputación y van casi todos los colegios e institutos de la provincia. Si el problema es económico, se puede solucionar. Para eso los centros disponen de dinero. En el mío muchas veces se le pagan los viajes a los niños que no pueden costearlos.

Pero el problema no es solo ese o, mejor dicho, el problemas má importante no es ese. Se trata de niños que, por unos motivos u otros, siempre se quedan al margen. O se juntan entre ellos, o están solos. Y estar solo en el colegio o en el instituto no es nada fácil. Os lo aseguro. Lo he visto como profesora y como madre. Lo he visto como estudiante con algunos compañeros. Y es muy duro.

Si existiera una solución sencilla, estos problemas habrían desaparecido. Porque todo pasa por la colaboración entre familias y profesores, y alumnos.  Por dejarse aconsejar, por buscar, en muchos casos, ayuda experta, por saber que se tiene un problema. En muchos casos las familias no se preocupan o no consideran que sus hijos tengan problemas, en otros casos los alumnos son los que no se dejan ayudar, y muchas veces el entorno, los compañeros, tampoco ayudan.




Y sí, a pesar de lo que hagamos, a pesar de tenerlos en cuenta, siempre va a haber excluidos. Pero si conseguimos que este curso un solo alumno se sienta mejor al venir al instituto, para ese alumno eso es todo un mundo, y yo creo que hay que intentarlo.

jueves, 23 de enero de 2020

Sin propósitos

Los que pasáis por aquí desde hace tiempo, sabréis que suelo hacer por estas fechas (quizá un poco antes) mis propósitos para el año nuevo. El año pasado creo que no los hice y este año tampoco voy a hacerlo. Y en ambos casos ha sido por razones distintas.



El año pasado no veía la luz, ni el túnel en el que estaba metida ni nada de nada. Solo quería que pasaran los días, que terminaran las Navidades y que llegara ya la primavera. Tenía fecha puesta para mi separación y lo único que quería era ir arreglando cosas para que el día llegara cuanto antes. Solo quería pasarlo, sobrevivir a ello, ser fuerte, llevarlo lo mejor posible.



Este año no tengo propósitos justo por lo contrario. Quiero seguir como estoy, disfrutar de la vida como estoy haciéndolo, que nada cambie. Ya sé que las cosas cambian, que todo evoluciona, pero estoy tan bien como estoy que no hay nada que desee, ni cambios previstos en el horizonte.



Estoy a gusto, mis hijos van bastante bien, con sus cosas como todo el mundo, pero bien; también he empezado gimnasio nuevo y tengo mucha motivación y ganas. Además, estoy bien en el trabajo, mis alumnos de este año me gustan, tenemos buen ambiente, tengo ganas de hacer cosas. Y mis amigas siguen siendo mis amigas después de la tormenta del último año. Las personas que más quiero me han demostrado que se merecen ser llamadas amigas una y mil veces.



¿Qué más puedo pedir? Creo que nada. Quedarme como estoy ahora mismo, pero, si puede ser, con menos frío, que ya estoy mayor para estos fríos. Porque las temperaturas llevan una temporada muy bajas por aquí por el norte, y no apetece ni moverse de casa. Y no parece que vayan a mejorar en los próximos días.