miércoles, 9 de octubre de 2019

Mi clase de apoyo

Os contaba el curso pasado que tenía un par de alumnos que faltaban sistemáticamente a clase, y eso dificultaba muchísimo que pudieran hacer algo, aprender algo, aprobar algo.



Pues bien, con muchas dificultades, al final los dos alumnos pasaron de curso, con alguna pendiente pero no tan mal como se pudiera pensar. Lo cierto es que ambos iban a pasar a cuarto de todas formas, por edad y circunstancias.

Este curso, en cuarto, yo solamente los veo un día a la semana para darles un apoyo al área de lengua, es decir, para intentar paliar los posibles problemas que puedan tener para aprobar la Lengua por venir de un programa de PMAR (lo del programa ya os lo expliqué aquí).



Os contaré que todos los profesores que les imparten clase este año me buscan, como si yo siguiera siendo su tutora, para decirme que faltan mucho a clase. Ya... ¿es que alguien pensaba que eso iba a cambiar?

Siempre les pasa algo, siempre están enfermos, siempre tienen alguna excusa, y en su casa se lo consienten. El caso es que faltan a clase de media entre dos y tres días cada semana, más de la mitad de las clases de todo el curso. Y eso, unido a sus dificultades con algunas de las materias, va a hacer muy difícil que este año titulen.



Lo hemos hablado muchas veces, tanto con ellos como con su madre, pero nada de lo que se les dice hace ningún efecto. Y llegamos a un punto ahora que ya tienen diecisiete años en que creo que toda su actitud les va a dificultar llevar una vida laboral o personal normal.

Ayer uno de ellos me decía que le pasara el teléfono del instituto (lo de la incapacidad de los chavales de buscar algo por sí mismos es digno de otro post, o un libro entero) porque querían hablar con el director, ya que tienen a su abuelo enfermo y no pueden venir al menos en toda la semana.



No lo entiendo. Quizá mi incomprensión tiene que ver con que, a su edad, yo nunca faltaba a clase salvo enfermedad mía, que mis padres nunca me llevaron de compras en horario de clase, ni a un concierto, ni a visitar a nadie, ni a recoger a nadie, ni a cuidar a nadie, ni a ningún sitio. Y que a mis hijos tampoco les he llevado a ninguna parte en horario de clase, y han ido al colegio aún encontrándose mal porque no tenía con quién dejarles. Quizá se trate de una cuestión de prioridades e importancia. En su casa, para ellos y para su familia, es más importante cualquier cosa que surja que las clases y los estudios. Y así les va.

(y sí, es cierto: las fotos no tienen nada que ver con el texto)

7 comentarios:

  1. Las prioridades del hogar son muy importantes. Hay niños que ni lo intentan porque no parece importante, porque en casa no les transmiten la importancia del instituto.

    No sé, quizá en algún momento les cambia el chip, y esta actitud es solo con el colegio, no con todas las obligaciones. Ni idea.

    En fin, espero que tengan suerte...

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  2. Pues mal vamos con esa actitud ante la vida. Leía hace poco que uno de los principales problemas que hay hoy en día con los niños y jóvenes es que no entienden el concepto de autoridad: no obedecen ni a sus padres, ni a sus profesores y que por tanto, en el futuro, tendrán problemas laborales, porque no responderán a sus superiores, no aceptarán sus obligaciones y deberes tanto en el ámbito del trabajo como en el social (respeto a las normas básicas de convivencia, empatía, etc...). Vamos, que todo está relacionado: respeto a uno mismo y al entorno. Si sus padres no dan ejemplo y son los primeros en saltarse las normas básicas, no hay mucho que hacer.

    Y sí, las fotos no tienen nada que ver con el tema, aunque eso sí, son muy inspiradoras; si mi niña se está quieta un rato voy a practicar alguno de esos peinados con pañuelos :-)

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  3. Qué triste. Porque el problema ya no es solo el instituto, sino que con esa actitud/educación no les veo trabajando; ojalá haga algo en sus vidas que les haga "saltar" y cambiar.
    Los peinados con pañuelos este verano me han encantado. Yo me los he puesto alguna vez, y mi hija bastantes!!!

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  4. Me ha matado eso de que los demás profes van a ti cuando faltan mucho, como si tuvieras el superpoder de hacerles volver o algo xD

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  5. Te entiendo, nunca me gustó faltar a clase, y eso sólo ocurría esporádicamente por enfermedad. Y ahora tengo que estar muy pero que muy mal para no ir a trabajar, y mis hijos nunca faltan a clase, ni a fútbol, tenis, partidos... Cada uno a su nivel, pero todos tenemos obligaciones y compromisos ineludibles!!
    Un beso,
    Pilar

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  6. Me da lástima la situación y no la entiendo, la verdad. Hay gente para todo, está claro, pero con los hijos hay que pensar en el futuro, en el de ellos.
    Aunque las imágenes no tienen nada que ver, me han gustado.

    Besos.

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  7. Pues ya tienen edad de priorizar, les hayan educado sus padres como lo hayan hecho. Yo a los 17, a pesar de haber sido educada en el catolicismo, empecé a cuestionarme muchísimas cosas, por ejemplo. Así que la culpa es sólo suya, que tambien ven a sus compañeros ir a clase, que ven a la gente trabajando... No me valen las excusas, ya deberían ser maduros y lo que son es una carga. Si no se dan cuenta es su problema, no el tuyo.
    Hombre ya!

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