sábado, 6 de julio de 2013

Berlín VI. Segunda noche

No sé qué pasa con los chavales, que están cansados, se tiran por cualquier sitio, pero llega la noche, y parece que se pusieran las pilas.

La mayoría decidieron quedarse en la habitación esa noche, y acostarse pronto, sabiendo el ritmo que habíamos llevado en el día y que sería parecido al día siguiente.

Lo de la habitación, claro, y dormir y eso, se dice muy bien, pero luego parece que nunca llega el momento.

A las doce, cuando salía de la ducha, me llaman a la puerta.

- Is this boy yours?

No sabía por dónde me venía el aire...

- ¿Qué?

- This boy. This boy. Are you the teacher?

- Uhmmm... yes.



En definitiva, me llevé una bronca peliaguda de una profesora de un colegio alemán en España. Ella era alemana, pero vivía en España, y no se dignó en dirigirme ni una palabra en español. En resumidas cuentas, el chaval hablaba demasiado alto. No es que estuviera bebiendo, haciendo en pino con las orejas, gritando por los pasillos, escupiendo por las ventanas, llamando a las puertas y miles de cosas más que se me ocurrían que podía estar haciendo.  El chico hablaba demasiado alto, y como no entendía nada de lo que la señora le decía, llamó a mi puerta.

Le dije que no se preocupara.

- Don't worry. Don't worry. He's going to bed right now.

Las doce de la noche en un albergue de mil camas, llenas todas de estudiantes... En fin... Ella y su compañero tenían a su cargo a diez alumnos, cinco chicos y cinco chicas, y los tenían enfrente de sus habitaciones. Los vigilaban cada movimiento y no les dejaban respirar alto después de las diez.

Quizá su postura fuera la correcta, pero en el viaje de estudios de mis chicos no soy capaz de mandarles a la cama a las diez. Ni ellos lo harían por mucho que se lo pidiera.



En ese momento, J. aprovechó para pasarse a decirme a cuántos se llevaba de fiesta esa noche, y asegurarme de que regresarían.

A todo esto, yo con la toalla de ducha  (que era más bien escasa) como única prenda de vestir.

No conseguía dormir, así que me hice una ronda por las habitaciones que terminó aproximadamente a las dos de la mañana. A las seis, J. traía de vuelta a los chicos, así que llamó a mi puerta y me estuvieron contando las jugadas de la noche: que si unas alemanas, que si nos echaron de una discoteca por cantar, ... Total, que a las siete ya estaba duchada y conectada al wifi del hotel esperando a que fuera la hora para despertar a todos mis chicos y a mis compañeros.

Fue la última vez que pegué el ojo en todo el viaje. Y aún nos quedaban tres días ( y tres noches).

Continuará...

14 comentarios:

  1. La última vez??!! No sé cómo aguantaste!
    Por cierto que si la alemana vive en España ya sabe que aquí hablamos más alto que en el resto de Europa ¿qué se cree? hay gente para todo, jeje

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    1. Yo tampoco sé cómo aguanté tanto. He tardado una semana en recuperarme.

      Besos.

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  2. Gente rancia everywhere... ¡Que son chavales, leche! Pero bueno, en fin.

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    1. Ya sabes... En todas partes hay de todo.

      Besos.

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  3. Es una locura que hayan mil camas llenas de estudiantes, y es imposible intentar que ni se muevan, por dios!!!

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    1. No sé si el hotel estaba lleno pero había un movimiento constante. Aveces salía al pasillo porque había jaleo y no eran míos los que allí estaban.

      Besos.

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  4. Pero te has recuperado ya de todas esas noches?...

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    1. Creo que ahora sí, pero me ha costado...

      Besos.

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  5. Jo con la profe alemana, menuda borde. Y tú como aguantas tanto sin dormir????
    Un beso!

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    1. Soy una marmota. Pero he estado muy nerviosa en estos días...

      Besos.

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  6. Pero si en los albergues de Madrid también se hace! Cuando se va a un albergue o sitios así...TAPONES PARA DORMIR!!

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    1. Entiendo que quien se queja tiene su parte de razón, pero una profe que a las doce de la noche se queje de que hablan alto...

      Besos.

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  7. Madre mía!!! Cuánto tiempo habrás necesitado para dormir esos atrasos?
    bsss
    cosicasdenuestravida

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  8. A los alemanes les parece que TODO el mundo habla alto menos ellos, claro.

    A mí me echaron la bronca una vez en una terraza por hablar muy alto, ¡en una terraza! Así son.

    A una amiga otra vez le regañaron por ducharse a las 22:00 pm porque hacía mucho ruido en el hotel y no se podía dormir.

    Y así hasta el infitino. En fin.

    Un saludo!

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