domingo, 14 de julio de 2013

Berlín XII. La última noche

La última noche prometía. Os diré por qué.

Nos recogía un autobús a las cinco de la mañana para llevarnos al aeropuerto a coger el avión de vuelta. Eso significaba que había que dejar la maleta hecha un rato antes, y que a las cuatro y media había que hacer recuento (especialmente después de lo que había pasado el día anterior, con los chicos que se hicieron los locos y se quedaron en la cama pensando que no se iba a notar).

Todo esto quería decir que nuestros chicos hicieron la maleta por la noche, después de ducharse y vestirse, y que no pensaban acostarse.

Vía.


No les culpo, yo en su lugar habría hecho lo mismo. de hecho hice casi lo mismo.

Ya sabía que no iba a dormir, no por nada, sino porque los nervios no me iban a dejar. El viaje, las caminatas, la responsabilidad, los lesionados estaban pasándome factura.

Mi compañera de cuarto se acostó a las once, y yo procuré dejarlo todo preparado y no hacer ruido. Me dio tiempo a tumbarme sobre la cama antes de que llamaran a la puerta.

- Hola profe.

Ya os imagináis quien era.

- ¿También vas a salir hoy?

- Hombre, claro.

- Algún día me contarás cuál es ese lugar secreto donde te llevas a todos estos...

- Pero si no hay ningún lugar secreto, es que son unos mataos con el metro, y van conmigo para no perderse.

Con él iba uno de mis chicos de tercero, G., uno de mis enchufados del curso, un chaval difícil pero encantador. Le estuve diciendo lo bien que se había portado en el viaje. Él se hinchó como un pavo.

- ¿Lo dudabas, profe?

Se fueron, y me volví a tumbar.

Vía.


Un rato después, vuelven a llamar a la puerta.

Una chica en busca de una compresa. Yo no tenía y me tuve que recorrer medio hotel buscando una, porque a ella le daba vergüenza. Cosas de la edad, no preguntéis.

Al rato, otra vez la puerta.

Esta vez es R., otra chica de las pequeñas. Está un poquito desesperada.

Vía.


- Hola, profe. Perdona que te moleste. Es que no sé qué hacer. Resulta que Fulanita y Menganito están en mi habitación, y yo ya me he cansado de estar por ahí y quería acostarme. Pero no sé si llamar a la puerta o no, porque creo que LO están haciendo. ¿Qué hago? ¿llamo a la puerta? o ¿me voy otra vez abajo con éstas? Es que no sé qué hacer, porque estoy un poco cansada, y aburrida, y me quería acostar, pero, claro, si voy y les corto el rollo, a lo mejor se enfadan. ¿Qué hago?

- Haz lo que quieras.

- Bajaré entonces otro rato a la cafetería a ver si me entretengo, pero es que estoy muy cansada.

- Como tú veas.

- Muchas gracias, profe, y perdona por despertarte.

¿Despertarme? Creo que si hubiera estado dormida nada habría conseguido despertarme.

Vuelta a la cama, a mirar el móvil y el techo.

Son las cuatro menos cuarto y suena la puerta por última vez.

Es J.

- Ven.

- ¿Qué ha pasado?

- Tú ven.

Salí de la habitación en calcetines, la adrenalina corriendo por mi cuerpo. Pensaba en cualquier desgracia, pero no estaba preparada para aquella habitación.

Era el cuarto de J., y otros nueve más. Antes de entrar, el intenso olor me hizo retroceder.

Tenían todas las ventanas abiertas, las maletas cerradas preparadas en un rincón, la habitación medianamente recogida. En un rincón había un chico envuelto en edredones, con la cabeza metida en la papelera y una botella de agua en la mano, mientras el frío de la madrugaba se colaba por la ventana.

Me iba a acercar a él y vi que los calcetines se me habían quedado pegados al suelo.

Vía.


- ¿Pero...?

- Tranqui, profe, ya lo hemos limpiado con las toallas, y hemos dado la vuelta a dos colchones para que no se note.

Mientras J. hablaba, otro chico no dejaba de fumigar su desodorante por toda la habitación.

- ¿Se nota el olor?

- Huele a rayos.

J. me puso al corriente.

- Te hemos llamado porque llega la hora de marcharnos y parece que no se le pasa, y además, tiene la maleta hecha, pero le hemos tenido que quitar la ropa y no sabemos qué hacer con ella.

Me acerco al chico, que, por supuesto, es G. Por hablar antes de tiempo. Desde cerca, la cosa es aún peor.

- ¿Qué le habéis hecho?

Todos se ríen.

- Le hemos pintado un poco.

- ¿Con rotulador permanente?

Se vuelven a reír.

J. actúa como un entrenador personal. Le va diciendo a G. que beba agua. Me doy cuenta entonces del sistema, supongo que perfeccionado en muchas noches de juerga. G. tiene una botella de dos litros en la mano, a medias, y otra terminada junto a sus pies. J. le va diciendo a intervalos de pocos segundos.

- BEBE.

Y él, obediente, bebe, y después vomita.

Tapo bien a G, vuelvo a mi habitación a cambiarme de calcetines y a cerrar la maleta, intento quitarle a G. lo de la cara con mis toallitas desmaquillantes, pero no hay manera. Tiene la mitad de la cara pintada a cuadros.



Entonces habla por primera vez.

- Tranquila, mujer, si lo de la cara es lo de menos.

No sabía a qué se refería hasta que se puso de pie, entre las risas de sus compañeros y me enseñó el culo. Tenía una enorme p... como una olla pintada al final de la espalda.

Me tuve que reír también. Y amenazarle con limpiarle el culo con mis toallitas.

- ¿Qué hacemos con tu ropa?

Como nadie daba ninguna solución, metimos la ropa en una bolsa de papel, sacamos ropa limpia de la maleta, la cerramos, le ayudamos a vestirse y nos dispusimos a bajar. Era la hora.

Continuará...

10 comentarios:

  1. "Tranquila, mujer, si lo de la cara es lo de menos." O.o WTF¿?!!!

    Tus niños son unos crack!!! Y tú una profe muy molona. Espero que, al menos, te hayan regalado algún detalle en fin de curso por lo que te han hecho pasar en el viaje. No sé cómo no has terminado en plan autista en un rincón con las peripecias de los nenes, los nervios y la falta de sueño y descanso.
    Me encanta cómo afrontas las situaciones de los chavales sin montar un pollo como harían otros pofes en tu lugar. Por detalles como estos, seguramente, te has ganado a más de un calavera, empezando por J que se ha comportado de forma ejemplar. Espero no tener que tragarme mis palabras con la siguiente entrega...

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    1. No, J. ha sido todo un descubrimiento. No lo conocía más que de vista y se ha convertido en un verdadero crack. La próxima entrega es la última.

      Besos.

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  2. Madre mía qué intriga, qué pasada de viaje y qué paciencia que tieneeeesss!!
    Cómo terminará?... ains.

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    1. Nos queda la última entrega. La última. El final del viaje...

      Besos.

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    1. Pues sí, a la madre que les trajo la vas a conocer enseguida, el último día...

      Besos.

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  4. Una odisea total...
    ...menos mal que estáis tú y J.porque si no...
    Besos,Ro!

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    1. No sé si realmente mi intervención sirvió de mucho, simplemente tranquilizarlos en el momento de hacer la maleta y recoger los restos de G. para subirlo al avión.

      Besos.

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  5. Ya está, te has convertido en santa de mi particular santuario. Qué valor, qué coraje y qué ganas le pones... Y todavía estarás pensando en el destino del viaje del año que viene...

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    1. Nooooooo. Sé que no puedo hablar, y que de ahora al año que viene se me va a pasar, pero he pasado muy malos ratos, muy malos, y he tardado diez días al menos en recuperarme de todo el viaje... No sé si me volverán a pillar en una de éstas...

      BEsos.

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