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De nombres.

En casa me llaman Ro. Desde que yo recuerdo, mi padre siempre me ha llamado así. Mi madre, en cambio, me llama por mi nombre completo, haciendo hincapié en todas y cada una de las sí-la-bas. Mi madre es así, no es capaz de contarte la versión abreviada de nada, ¿cómo iba a hacerlo con mi nombre o el de mis hermanos? Para ellos, mis hermanos, digo, en cambio, siempre he sido la tata, o la tatina y lo sigo siendo, y también la niña. La niña esto y la niña lo otro (hay que decirlo obligatoriamente con un matiz despectivo). Algunos de mis amigos también me llaman Ro, o por mi nombre completo, que tampoco es tan largo.

Pero desde hace unos cuantos años respondo habitualmente más al grito de ¡Prooofeee! que a cualquier otra cosa. No creáis que se trata simplemente de economía del lenguaje, de una abreviatura al uso, ¡qué va!. Yo al principio, cuando empecé a dar clase, pensaba que sí, que los chavales nos llamaban a todos, o a la mayoría de sus profesores de la manera más breve posible, simplemente porque es lo más fácil. Pero la triste conclusión a la que he llegado con el tiempo es que muchos de mis alumnos no saben cómo me llamo. Ni cómo me llamo yo ni ninguno, o casi ninguno, de mis compañeros. No porque no se lo diga cada año al principio de curso (y, últimamente, en plan americanada, también se lo escribo, nombre y apellido, a ver si alguno se queda con ello) o porque se lo repita habitualmente: "Como que me llamo Ro... que tú me traes mañana los deberes hechos o..."(léase con un dedo levantado y tono amenazador)

Mis alumnos no saben mi nombre básicamente porque no les interesa. No les importa y por eso no prestan atención ni a cómo me llamo ni a la mayoría de las cosas que les cuento. Cuando alguna vez me buscan por el instituto, porque se acaba hoy mismo el plazo para presentar un trabajo y les corre una prisa enorme localizarme, viene lo peor...

Sala de profesores. Alumno que entra sin más y pregunta:

- ¿La de lengua?
-Se llama a la puerta y se dice buenos días. (Los profesores no decimos esto por molestar, es que nos sale solo, será deformación profesional)

El alumno sale, llama, vuelve a entrar, dice buenos días y repite:
- ¿La de lengua? (sí, sí, soy ladelengua, es mi nombre, qué le vamos a hacer)
- En este instituto hay siete profesoras de lengua.

(alumno azorado, que pensaba que iba a ser mucho más fácil)

- Una...así...medio rubia...con el pelo...así...y...(haciendo aspavientos)
- ¿No sabes cómo se llama?
- Bueno...es que... ahora no me acuerdo.
- Pero...¿es TU profesora de lengua?
- Sí...


(a estas alturas el alumno sabe que no se libra de un buen sermón de alguno de los profesores que allí corrigen, preparan sus clases y leen el periódico, porque todos ellos le están mirando)

- Entonces...¿CÓMO PUEDE SER QUE NO SEPAS SU NOMBRE?


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80 grs de copos de avena.
Un huevo y 6 claras.
6 Cucharadas de queso fresco batido 0%
Una pizca de levadura.

Primero tenemos que triturar los copos de avena. Yo lo hago en la Thermomix, pero cualquier batidora de vaso os sirve perfectamente. Si tenéis harina de avena, no será necesario, claro.


Después añadimos el resto de los ingredientes.



Nota: no le pongo edulcorante porque no soy nada "dulce", pero podéis añadir el edulcorante que queráis.

Batimos un poco.



Preparamos una sartén que no se pegue. Yo utilizo siempre la misma. No me hace falta ni aceite ni nada.



Ponemos en la sartén unas cucharadas de la mezcla, a fuego suave y, cuando le salen burbujitas, le damos la vuelta.




Con esta mezcla me salen tortitas para dos días. Suelo hacer unas tres o cuatro para cada día.



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Me refiero a que en general, en las redes sociales especialmente, y en twitter en particular, últimamente muchas personas se sienten ofendidas a la primera de cambio. Hay gente a la que le ofende todo, hasta les ofende que no te ofendas. Y cada palabra tuya podrá ser utilizada en tu contra por alguien en algún momento.

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