jueves, 15 de febrero de 2018

Ofensas

No soy una persona polémica, y no suelo tener comentarios negativos en el blog, ni mucho menos hirientes o insultantes. Alguno ha habido, pero ya son unos cuantos años por aquí y lo extraño sería lo contrario. No me refiero precisamente a este espacio, que es un poco mi casa y en la que entráis y comentáis personas a las que voy conociendo, a algunas personalmente y a otras de manera virtual, pero que sois siempre educadas y correctas, y que, por supuesto, podéis siempre mostrar vuestra opinión y vuestro desacuerdo a lo que digo, y lo hacéis sin indignación ni escándalo.


Me refiero a que en general, en las redes sociales especialmente, y en twitter en particular, últimamente muchas personas se sienten ofendidas a la primera de cambio. Hay gente a la que le ofende todo, hasta les ofende que no te ofendas. Y cada palabra tuya podrá ser utilizada en tu contra por alguien en algún momento.

A mí me resulta agotador. Quiero decir, que por supuesto que me molestan cosas que leo, sería insensible si no lo hicieran, pero no me ofendo, me enfado, muestro mi furia y bloqueo a todo aquel que dice algo que no apruebo.


Hace muchos años, creo, comentaba por aquí que la sinceridad está sobrevalorada. Y no quiero decir con esto que haya que estar de acuerdo con alguien simplemente para no discutir, pero creo que no hay que decir siempre todo lo que se piensa y que la convivencia se basa en respetar lo que otro piensa, a pesar de no estar de acuerdo. Y sí, creo que no todas las opiniones son respetables, creo que hay opiniones que hacen daño, incomodan y molestan, pero ante ellas mi posición suele ser el silencio, porque cuanto más te ofendes, cuantos más ofendidos hay por un tema, más aparece en las redes esa opinión que deberíamos aislar y obviar. La indiferencia también es una opción. Repito: no creo que sea necesario decir siempre lo que pensamos.


A este respecto, tengo una situación en clase que va aumentando desde principio de curso y que es difícil de parar. Y se ha basado en decir siempre lo que a uno se le pasa por la cabeza:

Hay un niño en mi clase bastante complicado. No sé cómo explicarlo. Está muy mimado y es extremadamente infantil. Sería gracioso e incluso simpático si tuviera unos seis años, ocho como mucho, pero tiene dieciséis, y no puede comportarse como lo hace, en plan: No te dejo un boli porque ayer me dijiste no sé qué. No quiero ir en tu equipo porque me caes mal.

Ante eso, un par de compañeros han optado por hacer algo parecido. Decirle que les cae mal, que no le aguantan y que no quieren nada con él. Lo cierto es que es difícil de aguantar, pero el resto, como haríamos la mayoría, ignoran sus pataletas que como mucho suscitan en ellos una mirada divertida a otro compañero, ojos entornados al cielo y ningún comentario delante de él.


Yo, por supuesto, hago caso omiso a las tonterías del chaval (aunque hablo con él a solas de vez en cuando) y también a las tonterías de los que son tan sinceros que no quieren callarse todo lo que piensan cada vez que sucede algo. Y sucede todos los días. Las situaciones se tensan y un día vamos a tener un estallido.

El otro día faltaba a clase y estuvieron hablando del tema mientras trabajaban.

- Yo no soy como vosotros, que sois unos falsos, a todos nos cae mal pero no se lo decís. Yo soy la única sincera, le digo lo que pienso, a ver si espabila.


Los demás podrían haber discutido eso, pero no saben y además saben evitar confrontaciones, algo que hacen mejor que muchos adultos. Así que tuve que intervenir:

- ¿Has conseguido algo siendo sincera?

- ¿Qué?

- Me refiero a si ha mejorado su actitud, a si ha mejorado el ambiente de la clase , a si las cosas han cambiado, no sé... algo...

- No, pero me he quedado muy a gusto.

(la conversación siguió, por supuesto, aunque es muy complicado convencer a alguien de algo en estos tiempos)


Y ahí lo dejo, creo que el tema es ese, digo lo que pienso, aunque ofenda a otro, porque yo me he sentido ofendido con lo que he visto, leído u oído, y me quedo más a gusto que un arbusto. Y así nos va.


15 comentarios:

  1. Estoy tan, pero tan de acuerdo contigo en este tema que no te haces una idea!

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    1. Si dijéramos todo lo que pensamos, nos resultaría muy difícil vivir en sociedad.

      Besos.

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  2. Pues es cierto, no se puede ir por la vida diciendo en voz alta todo lo que se piensa, pero eso lo he averiguado con la edad, con los años. Yo de adolescente también soltaba todo lo que se me venía a la cabeza
    Un beso

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    1. Es cierto, hay personas más impulsivas, y que les sale solo, pero es un aprendizaje que creo que es muy importante y que parece que hoy no está valorado. Saber callarse es fundamental en la vida.

      Besos.

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  3. Jajaja, todo depende de la ocasión y de la confanza, supongo. Pero a veces hay gente que se queda con las cosas dentro y terminan explotando cuando menos lo esperas, te aseguro que eso es mucho peor.

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    1. Yo también creo que es peor, pero buscar siempre el fallo del otro, andar dando vueltas a todo lo que otra persona hace tiene que resultar agotador. Y no es bueno.

      BEsos.

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  4. Saber cuándo callar es todo un arte y siempre cuesta más que hablar, o por lo menos eso pienso yo.
    Besos.

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    1. Cuesta mucho callarse, según la forma de ser que tengas. Pero creo que es necesario, porque no todo lo que pensamos es susceptible de ser oído por los demás.

      Besos.

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  5. Madre mía, qué razón. El problema está en diferenciar cuándo hay que callarse y cuándo alguien tiene que hablar. Pero está claro que, insultar por "quedarse a gusto" no es lo mejor.

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    1. La sinceridad está sobrevalorada. Te lo digo yo. Es la madre de todas las peleas.

      Besos.

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  6. Yo he aprendido a callar en algunas ocasiones, sobre todo si lo que digo cae en saco roto y no consigo nada positivo para nadie, ni siquiera para mí, porque el mero hecho del desahogo me parece egoísta. Hay mil maneras de gestionar las emociones. Un abrazo.

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    1. La crítica constructiva es muy interesante, aunque no todos estamos preparados para ella. Imagínate un adolescente. YO intento hacérsela y además en privado siempre que puedo. Pero no suele hacer mucho efecto, al menos a corto plazo. Es muy difícil gestionar emociones, imagínate de adolescente.

      Besos.

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  7. Te leo siempre, aunque te comento poco... pero hoy estoy tan de acuerdo contigo que no puedo dejar de mostrártelo por aquí.
    La sinceridad está sobrevalorada... y creo, además, que ponemos por encima ese "me quedo muy agusto" diciendo lo que pienso sin pararme a pensar el daño que puedo hacer al otro o si es peor el remedio que la enfermedad.
    Y, si esto pasa con los adultos, imagínate los adolescentes... ains!
    Un abrazo!

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  8. No puuedo estar más de acuerdo contigo. Lo primero es que el club de los ofendiditos en Internet son un horror, de verdad, cansinos. Lo bueno es que ya me hacen gracia de lo ridículo que me parece el tema. Y segundo, la sinceridad está sobrevalorada. Si no te están pidiendo opinión abiertamente o no te han preguntado, a lo mejor tampoco importanta tanto el ser sincero todo el rato,opinando sobre todo.
    Si es que una cosa es la crítica constructiva con educación y respeto y otra cosa es vomitar opiniones salpicando a todo el mundo.

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  9. no sé qué decirte, estoy muy de acuerdo en que una cosa es la sinceridad y otra es no tener filtros al opinar, eso por descontado.

    pero en este caso... si este chico se porta así y nadie le hace frente tampoco tiene muchas oportunidades de mejorar o siquiera de darse cuenta de que lo que está haciendo es molesto! tal vez esta chica al ponerlo en evidencia es la única de entre los compañeros que se ha preocupado lo suficiente porque algo cambie, no lo sé o.o

    yo suelo ser bastante pasota, pero también he decidido que hay cosas que no pienso pasar. claro que intento hacerlo amablemente, no ridiculizando ni agrediendo, eso es peor.

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